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La verdadera adoración a Dios no se reduce a actos externos, ceremonias o rituales religiosos, sino que brota de un corazón renovado por su gracia y se evidencia en una vida transformada. La adoración auténtica une lo interno y lo externo: un corazón humillado y regenerado que honra a Dios, y una conducta que refleja su carácter santo en justicia, misericordia e integridad. Así, más que cumplir tradiciones, adorar verdaderamente es vivir sometidos al señorío de Dios, permitiendo que su obra en nosotros produzca frutos visibles de rectitud.
By IglesiaelgranyosoyquitoLa verdadera adoración a Dios no se reduce a actos externos, ceremonias o rituales religiosos, sino que brota de un corazón renovado por su gracia y se evidencia en una vida transformada. La adoración auténtica une lo interno y lo externo: un corazón humillado y regenerado que honra a Dios, y una conducta que refleja su carácter santo en justicia, misericordia e integridad. Así, más que cumplir tradiciones, adorar verdaderamente es vivir sometidos al señorío de Dios, permitiendo que su obra en nosotros produzca frutos visibles de rectitud.