1. El mundo se aquieta ante la santidad de tu hermano, y la paz desciende sobre él dulcemente y con una bendición tan completa que todo vestigio de conflicto que pudiera acecharte en la obscuridad de la noche desaparece. Él es quien te salva de tus sueños de terror. Él sana tu sensación de sacrificio y tu temor de que el viento disperse lo que tienes y lo convierta en polvo.
En él descansa tu certeza de que Dios está aquí y de que está contigo ahora. Mientras él sea lo que es, puedes estar seguro de que es posible conocer a Dios y de que lo conocerás. Pues Él nunca podría abandonar Su Creación.
Y la señal de que esto es así reside en tu hermano, que se te da para que todas tus dudas acerca de ti mismo puedan desaparecer ante su santidad. Ve en él la Creación de Dios, 9 pues en él su Padre aguarda tu reconocimiento de que Él te creó como parte de Sí Mismo.
2. Sin ti, a Dios le faltaría algo, el Cielo estaría incompleto y habría un Hijo sin Padre. No habría universo ni realidad. Pues lo que Dios dispone es íntegro y forma parte de Él porque Su Voluntad es una. No hay ningún ser vivo que no forme parte de Él ni nada que no viva en Él. La santidad de tu hermano te muestra que Dios es uno con él y contigo, y que lo que tu hermano tiene es tuyo porque tú no estás separado de él ni de su Padre.
3. No hay nada en todo el universo que no te pertenezca. No hay nada que Dios haya creado que no haya puesto amorosamente ante ti para que sea tuyo para siempre. Y ningún Pensamiento que se encuentre en Su Mente puede estar ausente de la tuya.
Su Voluntad es que compartas con Él Su Amor por ti y que te contemples a ti mismo tan amorosamente como Él te concibió antes de que este mundo diera comienzo y como todavía te conoce. Dios no cambia de parecer con respecto a Su Hijo por razón de circunstancias pasajeras que no tienen ningún significado en la eternidad en la que Él mora y en la que tú moras con Él.
Tu hermano es exactamente tal como Él lo creó. Y esto es lo que te salva de un mundo que Él no creó