1. Tal como el ego quiere que la percepción que tienes de tus hermanos se limite a sus cuerpos, de igual modo el Espíritu Santo quiere liberar tu visión para que puedas ver los Grandes Rayos que refulgen desde ellos, los cuales son tan ilimitados que llegan hasta Dios. Este cambio de la percepción a la visión es lo que se logra en el instante santo.
Mas es necesario que aprendas exactamente lo que dicho cambio entraña, para que por fin llegues a estar dispuesto a hacer que sea permanente. Una vez que estés dispuesto, esta visión no te abandonará nunca, pues es permanente. Cuando la hayas aceptado como la única percepción que deseas, se convertirá en Conocimiento debido al papel que Dios Mismo desempeña en la Expiación, pues es el único paso en ella que Él entiende. Esto, por lo tanto, no se hará esperar una vez que estés listo. Dios ya está listo; tú no.
2. Nuestra tarea consiste en continuar, lo más rápidamente posible, el ineludible proceso de hacer frente a cualquier interferencia y de verlas a todas exactamente como lo que son. Pues es imposible que reconozcas que lo que crees que quieres no te ofrece absolutamente ninguna gratificación. El cuerpo es el símbolo del ego, tal como el ego es el símbolo de la separación.
Y ambos no son más que intentos de entorpecer la comunicación y, por lo tanto, de imposibilitarla. Pues la comunicación tiene que ser ilimitada para que tenga significado, ya que si no tuviera significado te dejaría insatisfecho. La comunicación sigue siendo, sin embargo, el único medio por el que puedes entablar auténticas relaciones, que al haber sido establecidas por Dios, son ilimitadas.