El burnout no es un interruptor que se apaga de golpe.
Es un lento atardecer que se traga la luz sin que lo notes.
Llegas a casa. Tu cabeza quiere seguir.
Pero tu cuerpo ya no responde.
Y aún así, lo ignoras. Lo empujas.
Hasta que un día miras al espejo y ves a un extraño.
La pregunta raíz no es "cómo me recupero".
La pregunta raíz es:
¿Qué me llevó a drenarme?
Porque debajo de la tierra seca siempre hay semillas.
Ningún burnout puede matar tu esencia.
Solo la cubre de ceniza.
Y la ceniza, aunque no lo creas, es un fertilizante poderoso.