A Cristina Ricra, ni el idioma ni la discriminación de la que fue víctima en Lima lograron desanimarla de impulsar su propio emprendimiento.
Desde Apurímac , cargada solo de ilusiones y muchas ganas de sacar adelante a sus hermanos, logró asentarse en Villa María del Triunfo desde que tenía 16 años. Formó su propia familia y luego de trabajar como empleada del hogar, vendiendo manzanas dulces en la calle y cocinando en un comedor popular, empezó el negocio propio de producción de galletas.
Todo parecía ir bien, sin embargo, llegó la cuarentena por el coronavirus y su emprendimiento cerró las puertas. Conoce su historia en Reinvéntate Perú.