Aunque tengamos convicciones fuertes por muchos años, Dios siempre puede marcar un antes y un después. En Cristo, podemos conocerle personalmente para experimentar ese cambio de 180 grados.
Aunque tengamos convicciones fuertes por muchos años, Dios siempre puede marcar un antes y un después. En Cristo, podemos conocerle personalmente para experimentar ese cambio de 180 grados.