Los relatos anteriores de la caída del Imperio Inca han jugado la importancia de los acontecimientos de un día violento en noviembre de 1532 en el pueblo andino de Cajamarca, en las tierras altas del actual Perú. Para algunos, el "milagro de Cajamarca", en el que Francisco Pizarro y un pequeño contingente de españoles capturaron al líder inca que lideraba un ejército de decenas de miles, demostró la intervención de la divina providencia. Para otros, el resultado fue simplemente consecuencia de la superioridad tecnológica e inmunológica europea.