Confiar en Dios no significa ignorar los problemas ni vivir desconectados de la realidad. Significa creer que Su sabiduría es mayor que nuestro entendimiento y que Su propósito sigue avanzando aún cuando nosotros no podamos verlo. La paz llega cuando entendemos que nunca fue nuestra responsabilidad sostener aquello que Dios ya tiene en sus manos.