A todos nos gusta que Dios bendiga nuestros proyectos, pero no siempre reaccionamos bien cuando decide cambiarlos. Nos sentimos seguros cuando las puertas se abren, pero comenzamos a cuestionar al Señor cuando una oportunidad se cierra, un plan se retrasa o el camino toma una dirección completamente distinta a la que habíamos imaginado.
Un corazón verdaderamente manso deja de pelear con los planes de Dios y aprende a caminar con la seguridad de que Su voluntad siempre será mejor que la nuestra.