La palabra de Dios es esa semilla que dará fruto en nuestra vida, debemos escucharla, comprenderla y ponerla en práctica y junto con la oración, cuidar que vaya creciendo en nuestra vida. Esto no solo sirve de beneficio para cada uno de nosotros y nuestras familias, si no para todo el pueblo de Dios. Meditemos diariamente en la palabra de Dios y permitamos que vaya creciendo ese fruto bueno en nuestra vida.