Kristoff Salmaz

Aquí en confianza.


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Aquí, en confianza...
-Me pregunta usted por qué escribo? Vaya, le confieso que la pregunta me toma casi por sorpresa. No me crea, pero no lo sé. Empecé a escribir porque me daba pena enfrentar la realidad; le explico. Cuando era yo un niño, tendría unos diez, once años, en alguna ocasión hice enojar a mi mamá -ya no recuerdo por qué-, pero tal fue su enojo que no me dirigía la palabra siquiera. Aún no descubría la fuerza de decir las cosas con un abrazo, con una mirada, así que opté por escribirle, con mi mejor letra, con la verdad a flor de piel y con los ojos anegados en llanto aquello que no podía enfrentar. Y mi disculpa, escrita en tinta azul y en un papel de cuadrícula grande, con dos o tres frases, fue a dar a la almohada de mi madre, bien estirado el papel, con el miedo de que no la fuera a leer, de que no se enterara que yo estaba arrepentido por aquello que hice. Felizmente no fue así; encontró la carta -por llamarla de algún modo- y tras leerla, me llamó a donde estaba. Le confieso que yo era un manojo de nervios, un concurso de emociones al saber que efectivamente había leído mi disculpa, y que me requería para tratar los términos de la misma... Pero no fue así; en cuanto llegué frente a ella, lo único que hizo fue abrir sus brazos y enredarme en la más confusa y deliciosa marejada de cariño que no esperaba. Es más, hasta mi discurso olvidé, pero no olvidé que el llanto me desbordaba, así que me vacié como si fuera un cantarito que se derrama en la fuente. Mi madre, dentro de su abrazo, sólo me besó y me dijo "ya ves que no pasa nada si buscamos un remedio?" Ahí, creo que así nació mi gusto por la escritura. La verdad es que siempre escribí, para ofrecer una disculpa, para decirle a una chica que me gustaba, para expresar mi enojo o mi malestar; hasta para pedir un favor, aunque le parezca extraño. Los escritos suelen ser comprometedores, claro, pero ¿qué mejor manera de guardar eso que se siente, eso que se busca, eso que se desea y no se puede decir porque no tenemos el valor? Además, escribir fortalece al espíritu porque lo educa, es un ejercicio catártico porque nos permite sacar todo lo que traemos dentro nuestro y que, por una u otra cosa, no nos atrevemos a decir.
-Maestros como tal, no he tenido. Me gusta leer; quizá de ahí he conseguido eso que le llaman "estilo". Lo mismo leo a Heródoto que a Anne Rice, pero me gustan más los escritores mexicanos; usted sabe, temas costumbristas o cotidianos. Por eso es que mis escritos van de la mano con mi gente, con la que sube al camión para ir a su trabajo, con la que sufre para dar de comer, con la que duerme en el camión para tener un rato con la familia. Porque así me pasa. El que yo escriba, el que me publiquen, el que la gente me conozca, me alimenta el corazón y me infla el ego hasta que parezca sapo, pero lo hago por pasión porque me gusta escribir. Ganancias? No le digo que publico en las redes sociales? Lo más que gano es el aprecio de mis lectores, que me piden que escriba, que refleje lo que pasa, aunque de repente no soy del gusto de todos. Sé que no les puedo dar gusto, pero lo intento. A final de cuentas, no son letras sino reflejos.
-Bueno, sí. La verdad es que siempre he querido escribir un libro, pero no soy de escritos largos. Me gustaría más hacer una colección de todo eso que anda volando por el cielo digital y hacerlo un hijo tangible, físico, en papel. No, yo creo que a nadie le interesa saber lo que le pasa a su servidor como para que lo patrocine y lo edite; mejor, voy a pasar todo al papel, lo fotocopio o lo imprimo y hago mis libritos para regalarlos; no quiero una ganancia en papel moneda; quiero que la gente haga suyo lo que escribo, porque no lo escribo para mi. No creo que sea muy difícil. O sí?...
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