En el siglo XV los productores franceses y los manufactureros venecianos empezaron a utilizar una técnica que consistía en anotar todo aquello que gastaban para producir, productos de cristal y vino (principalmente), y consideraron los materiales y la mano de obra. A eso le llamaron: Costos de Producción.
Para el siglo XIX con la industrialización de Estados Unidos y el surgimiento de empresarios del acero y el petróleo, se dieron cuenta que debido a los grandes volúmenes de producción, el tener y contar con los costos más aproximados a la realidad les permitía ganar y amasar fortunas considerables.