En ocasiones, el más grande obstáculo para que Dios obre es nuestra propia frialdad espiritual, nuestro negativismo y el haber optado por una mente de fracaso y derrota.
Muchas personas llegan a pensar que el Dios que un día los llamó, hace 10 o 20 años, hoy se ha fastidiado de ellos, de sus fracasos y se ha retractado de haberles escogido.
Sin embargo, ¿Dios es así realmente? ¿Dios cambia de parecer?
Los verdaderos hijos de Dios, quienes realmente han nacido de nuevo y tienen el corazón nuevo que Dios otorga, saben que no hay nada más importante, nada más serio ni nada más terrible que vivir sin la presencia de Dios.