Dicho de otra forma, Dios está buscando hombres y mujeres que anhelen escuchar su voz y que le obedezcan con pasión.
Como resultado, Él mismo les dará la paz y el gozo tan anhelados.
El problema principal de nuestros días, no consiste en que Dios haya dejado de hablar, sino en que nosotros, muchas veces, no estamos escuchando.