Las llagas de Jesús resucitado no desaparecen: se transforman en signo de amor y misericordia. En este episodio reflexionamos sobre el encuentro con Tomás y la forma en que Dios se acerca a nuestras dudas, heridas y puertas cerradas.
La Pascua nos recuerda que el amor de Cristo entra justo ahí donde más duele, para darnos paz y enseñarnos a mirar nuestras heridas —y las de los demás— desde la misericordia