Asteya implica no apropiarse de nada que no nos pertenezca, ya sea un objeto, una idea, el tiempo de alguien o incluso el valor de un servicio.
Desde esta óptica, si un maestro dedica décadas a cultivar un conocimiento y nosotros pretendemos recibirlo sin ofrecer un intercambio justo, técnicamente estaríamos practicando lo contrario a Asteya: estaríamos tomando algo sin dar su equivalente en energía (que hoy en día, nos guste o no, se manifiesta como dinero)...