En Euskal Herria han existido creencias supersticiosas que atribuyen a la mirada de algunas personas la capacidad para causar el mal; en euskera se le dice begizkoa. Según las encuestas de los Grupos Etniker, la creencia del mal de ojo todavía estaba muy generalizada en nuestro país durante el pasado siglo XX, en particular el mal de ojo causado a niños y niñas de corta edad, aunque nadie quedaba excluido del posible influjo de este ‘mal’, incluyendo el ganado de los caseríos.
Junto a Jaione Bilbao, de Labayru Fundazioa, hemos conocido que se llegó a creer que el simple hecho de alabar las cualidades o virtudes de una criatura podía ser perjudicial, sobre todo si había un trasfondo de envidia o mala fe. Los efectos de piropos del tipo ze ume ederra! (qué niño tan guapo) había que neutralizarlos mediante una declaración de buenas intenciones, añadiendo tras el piropo la coletilla, Jaungoikoak bedeinkatu daiala o sus variantes, equiparables todas ellas a ‘Dios lo o la bendiga’. Para proteger a los pequeños está documentado el uso de amuletos fabricados con pan bendito, estiércol de gallina y carbón, todo ello encerrado en un saquito de tela que a menudo tenía forma de corazón. En otras localidades se utilizaba como amuleto un trocito de cordón umbilical; había también quien utilizaba un trocito del cordón umbilical y otro de carbón vegetal; podía añadirse una ramita de laurel o un poquito del ramo bendecido el día de San Juan…
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