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Hace algunos años, estaba orando en nuestra pequeña casa en Tulsa, Oklahoma. Caminaba de un lado a otro, confesando 1 Juan 4:4: «…porque mayor es el que está en ustedes que el que está en el mundo». ¡Mayor es Él…! ¡Mayor es Él…! De repente, esa revelación surgió dentro de mí y supe lo siguiente: ¡Oh! ¡Dios está en mí!
Me impresionó tanto que sentí como si alguien me hubiera golpeado con un trapo mojado. Me conmocionó, y comencé a saltar por toda la casa. De pronto, dejé de ser el pobre predicador que vivía en esa casucha. ¡Ahora entendía que yo era la morada del Dios altísimo! Esa revelación cambió mi manera de pensar referente a muchas cosas. Vi mis manos, y pensé: Sus dedos están en mis dedos. Vi mis piernas. Sus piernas están en mis piernas. ¡Sus pies están en mis pies! Si camino hacia el peligro, Él camina conmigo.
Ahora, cuando oigo a la gente decir: "Hermano Copeland, mis oraciones no suben más allá del techo de mi casa", deseo contestarles: "¿Más allá del techo? No tienen que ir más allá de tu nariz, porque Él habita en ti. El Autor de tus oraciones y de tu fe, Jesús de Nazaret, reside en ti. ¡Aleluya!".
Algunos creen que para ser llenos del Espíritu Santo hay que recibir el bautismo de éste. Pero no es así. El Espíritu Santo entró en tu vida cuando recibiste a Jesús como tu Señor, cuando naciste de nuevo. Ser bautizado en el Espíritu Santo es otra cosa: es recibir el poder del Espíritu para ministrar (Hechos 1:8).
Es decir, que aunque hayas nacido de nuevo hace dos segundos; Jesús ya está en tu interior, vive dentro tuyo, y estará ahí para siempre. ¿Lo comprendes? Si piensas y meditas en esa verdad, podrás recibir esa revelación de la misma manera en que yo la recibí. Esa revelación empezará a llenar tu espíritu, y con el tiempo cambiará toda tu vida.
«…Ya Dios lo ha dicho: «Habitaré y andaré entre ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo» (2 Corintios 6:16). Jesús está en ti. Ésa es la verdad más gloriosa de la Palabra de Dios. Deja que esa verdad cobre vida en ti hoy.
Lectura bíblica: Colosenses 1:13-27
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Si has estado deambulando, retorciéndote las manos y preocupándote por lo que el diablo está haciendo, es hora de que hagas un cambio y pongas al diablo debajo de tus pies.
Jesús ya te ha dado todo el poder y la autoridad que necesitas para hacerlo. Te ha dado las llaves del reino. Te ha prometido que cualquier cosa que ates en la Tierra, será atada en el cielo; y cualquier cosa que desates en la Tierra, será desatada en el cielo (Mateo 16:19). Eso significa que puedes confesar la Palabra y atar a los espíritus malignos. Puedes declarar la Palabra y desatar las fuerzas angelicales de Dios para que obren a tu favor.
Y aún más, a ti se te ha otorgado el derecho legal que te capacita para usar el poderoso Nombre de Jesús: el Nombre que es sobre todo nombre, el Nombre que hará que toda rodilla se doble en el cielo, en la Tierra y debajo de la Tierra (Filipenses 2:9-10).
Por lo tanto, no pierdas tu tiempo preocupándote por el diablo. Toma autoridad sobre él. Ata los espíritus malignos que tratan de destruir tu hogar, tu iglesia y tu nación. Desata la Palabra de Dios en el mundo, y haz que se cumpla en el nombre de Jesús.
Tú tienes las llaves; aprende a usarlas, y muy pronto el diablo estará retorciéndose las manos, preocupado ¡por lo que harás!
Lectura bíblica: Mateo 16:13-27
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
La palabra griega traducida como afligido no se refiere al padecimiento de la enfermedad y la muerte; su traducción literal es "atribulado".
Si tienes tribulaciones, debes orar. Eso es lo que dice la Palabra. Observa: no dice que los que deban orar sean tu pastor o tus amigos. Dice que tú debes hacerlo.
Por lo general, buscamos la manera más fácil de solucionar nuestros problemas al pedirle a otros que oren por nosotros. No hay nada malo en eso, pero nunca alcanzarás la victoria total en tu vida hasta que empieces a hacerlo tú mismo.
La iglesia más grande del mundo se encuentra en Seúl, Corea. El pastor es el Dr. David Cho y la última información que recibí reportaba unos 700.000 miembros. ¿Cómo creció tanto? Acorde al Dr. Cho, la clave está en la oración; no sólo su oración, sino también la de los miembros de la iglesia. La oración es un estilo de vida en esa iglesia. Ellos tienen un lugar denominado Montaña de Oración, donde miles de personas llegan a orar todos los días.
Una vez vi por televisión a la suegra del Dr. Cho hablar sobre el énfasis que ellos ponen en la oración. Mencionaba que cuando los miembros de la iglesia atraviesan por situaciones difíciles en sus matrimonios o en sus vidas personales, antes de hacer cualquier cosa, se les pide que ayunen y oren por 24 horas.
Necesitamos imitar esas cosas en nuestras iglesias. Debemos dejar de enseñarles a nuestros miembros que pidan por oración y, por el contrario, debemos enseñarles a que oren por sí mismos.
Si yo oro para que Dios te resuelva un problema, quizás disfrutes del éxito temporario; luego vendrá un nuevo problema porque cometerás los mismos errores que la primera vez. Pero si tú mismo empiezas a orar y a escudriñar las cosas del Espíritu, recibirás respuestas permanentes. Podrás hacer los cambios en tu vida para evitar que esos problemas vuelvan a surgir.
Si has recibido a Jesús como tú Señor, tienes acceso al trono del Dios Todopoderoso. Él tiene todas las soluciones para cualquier problema que puedas enfrenar, y sólo está esperando que te acerques a Él para darte la respuesta. Quizás necesites invertir un buen tiempo con Él para que puedas escucharlo, pero valdrá la pena; Dios nunca te dejará sin la respuesta.
No dependas de otros para que hagan la oración que a ti te corresponde hacer. Acércate personalmente al trono de Dios hoy mismo.
Lectura bíblica: Salmo 5
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
¿Has estado alguna vez en una habitación llena de niños? Bebés llorando. Pequeños gritando por juguetes, empujándose y quejándose para salirse con la suya. Es algo que podría mantenerte ocupado, ¿no es cierto?
Cuando un grupo de bebés espirituales se reúnen, ¡sucede lo mismo! Por supuesto, no hay nada malo en ser un bebé espiritual. Todos comenzamos de esa forma. Cuando nacemos en el reino de Dios, nos parecemos a los niños recién nacidos. No somos muy fuertes ni estamos muy desarrollados. Tropezamos cuando tratamos de aprender a vivir en nuestro nuevo ambiente. Así es como todos empezamos. Pero Dios nunca quiso que nos quedáramos en esa condición.
Por eso, en 1 Pedro 2:2 vemos que debemos anhelar «…la leche espiritual pura (no adulterada), para que seamos nutridos por ella y crezcamos». Dios desea que ¡crezcamos! Él quiere que nos alimentemos de Su Palabra y que pasemos de la leche a la carne de la Palabra para que nos desarrollemos y lleguemos a ser hijos e hijas maduros.
Comienza ahora a buscar el alimento que necesitas en la Palabra y disfruta de la recompensa de crecer en Cristo.
Lectura bíblica: Efesios 4:12-16
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
La mayoría de los creyentes no ha llegado a entender la verdad de Filipenses 2:7. Se equivocan al pensar que Jesús hizo milagros y no cometió pecado alguno porque tenía poderes divinos que nosotros no poseemos. Por esa razón, nunca han aspirado a vivir como Él vivió.
Ellos dicen con gran humildad: "Dios mío, nunca podría vivir como Jesús. Después de todo, Él gozaba de una ventaja: ¡era Dios!"
Todavía no entienden que cuando Jesús vino al mundo, renunció voluntariamente a esa ventaja y vivió en este planeta como hombre, no como Dios. Él no poseía poderes sobrenaturales innatos. Él no tuvo el poder para hacer milagros, sino hasta que fue ungido por el Espíritu Santo, como está escrito en Lucas 3:22. Él hizo milagros no por Su propio poder, sino por el poder del Padre, diciendo: «…el Padre, que vive en mí, es quien hace las obras» (Juan 14:10).
Cuando Jesús oraba, lo hacía no como un ser divino que ejercía autoridad como Dios, sino como un hombre que vivía en obediencia con Dios. Como Hebreos 5:7 dice, Sus oraciones fueron oídas no por Su deidad, sino: "…a causa de Su reverencia hacia Dios" (AMP).
Jesús, el divino Hijo de Dios, dejó de lado los privilegios y poderes de la deidad por un periodo de tiempo y vivió como hombre en este mundo. Una vez que comprendas esto, ¡tu alma será completamente conmovida! ¿Por qué? Porque significa que tú, como hijo de Dios nacido de nuevo y lleno del Espíritu Santo como lo fue Jesús, tienes la misma oportunidad de vivir como Él lo hizo. De hecho, eso es exactamente lo que Él quiere. En Juan 17:18, Jesús le dijo al Padre: "…así como Tú me enviaste al mundo, yo los he enviado al mundo" (AMP).
Jesús te ha enviado al mundo para que vivas como Él vivió. Por medio del nuevo nacimiento Él te ha capacitado para que cambies la naturaleza de pecado de Adán por la naturaleza sin pecado de Dios.
Él te ha dado el poder y el mandato de vivir por encima del pecado, de vivir en comunión con el Padre, de predicar el evangelio, de sanar a los enfermos, de resucitar a los muertos, de echar fuera demonios y de hacer discípulos.
Cuando te hayas concientizado de ello, podrás despojarte de las cadenas de la duda que te tienen atrapado. Comenzarás a vivir como Jesús quiso que vivieras—no como un hijo pecaminoso del hombre caído, sino como un hijo del Altísimo nacido de nuevo. Entonces, todos los que estén a tu alrededor empezarán a ver a Jesús—en ti.
Lectura bíblica: 1 Juan 3:1-8
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Si a pesar de todas las promesas de la Biblia acerca de la prosperidad… y de todas las oraciones que hayas hecho, todavía tienes problemas económicos, considera lo siguiente: "¿De dónde crees que Dios obtendrá los recursos para suplir tus necesidades?"
Muchos creyentes limitan a Dios, aun sin darse cuenta, cuando fijan los ojos en los recursos limitados del mundo, en lugar de hacerlo en las riquezas ilimitadas del reino de Dios. Les falta fe cuando piensan en los problemas económicos mundiales, la carencia y la escasez. Se preguntan: "¿Cómo me bendecirá el Señor en medio de todo esto?"
Si eso es en lo que has estado pensando, ¡te tengo noticias que te harán cambiar de opinión!
La Biblia dice que Dios «…nos ha librado del poder de la oscuridad y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo» (Colosenses 1:13). Ser trasladado significa ser quitado de un lugar y puesto en otro. En otras palabras, tu ciudadanía no pertenece a este mundo. Tu principal ciudadanía no es la canadiense, la estadounidense o la austríaca, sino la ciudadanía del reino de Dios.
Eso quiere decir que este planeta no tiene derecho a determinar si tus necesidades serán suplidas o no. La Biblia dice que Dios suplirá lo que necesitas conforme a Sus riquezas en gloria (Filipenses 4:19). Tú puedes vivir conforme la economía del cielo, no la del mundo—y en el cielo siempre hay más que suficiente.
Despierta a la abundancia del cielo que te ha sido dada por medio de Jesús. Despierta al hecho de que has sido trasladado de un mundo de pobreza al reino de la prosperidad. Regocíjate, ¡los recursos ilimitados del cielo están a tu disposición!
Lectura bíblica: Salmos 105:37-45
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Un día orando, mientras caminaba por un parque al lado de una carretera, le pregunté al Señor: "¿Qué quieres que le diga a Tu pueblo?". Inmediatamente, las siguientes palabras resonaron en mi espíritu y en mi mente: ¡Diles cuánto los amo!
Aquellas palabras estaban tan llenas de amor y compasión que es difícil poder expresarlas. Días después, en lo único que podía pensar era en 1 Juan 4:16: «Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros».
Hemos leído acerca del amor de Dios. Hemos escuchado acerca de ese amor. Pero en realidad, creo que muchos de nosotros no hemos creído en él. Si así fuera, todo cambiaría a nuestro alrededor y en nuestra vida.
Ese amor fue el que llevó a Jesús a dar Su vida por nosotros, y a sentir los dolores y las debilidades que nosotros experimentamos. Es ese amor que, aun cuando nos sentimos indignos de él, nos dice: "Ven a mí y recibe lo que necesitas. No te avergüences. Yo he estado en esa condición. Acércate con confianza al trono de la gracia para que alcances misericordia y encuentres gracia para el oportuno socorro".
Piensa en esto: Dios está enamorado de ti—tan enamorado, que te ha dado ¡todo lo que Él tiene!—. Él te ha dado toda la sanidad, toda la sabiduría, toda la riqueza, toda la fuerza que alguna vez pudieras necesitar.
"Pero, ¿y qué pasa con mi pasado?"
¡Para eso tenemos Su misericordia! Ya ha borrado tu pasado. Ha cubierto todo pecado y error que hayas cometido. Ahora sólo debes creer y recibir Su amor.
Es lamentable que la gente deba padecer enfermedades, males o cualquier otra maldición, sólo porque no pueden creer en el amor que Dios tiene por ellos. No dejes que eso te suceda. Aprende a creer en el amor.
Cree en el amor que Dios te tiene. Ha sido liberado a través de la sangre de Jesús.
Cree en el amor. Te ha sido dado en el nombre de Jesús.
Cree en el amor. Ha sido liberado en la Palabra de Dios.
Medita una y otra vez en esa escritura. Todo el día repítete: "Creo en el amor que Jesús tiene por mí". Una vez que penetre en tu corazón, jamás serás el mismo.
Lectura bíblica: Salmos 139:1-18
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Lo que decimos se convierte en realidad. Como creyentes, sabemos que ésa es una verdad bíblica vital. La vemos en Marcos 11:23, Mateo 21:21, Santiago 3:2 y muchos otros versículos. Sin embargo, la olvidamos a menudo. Nos hemos permitido hablar como el mundo lo hace, en lugar de confesar la Palabra. Y con el tiempo, recibimos lo que hemos estado articulando: tragedias. Si has tenido esa experiencia, recuerda que lo que posees en tu vida es producto de tus palabras. Para que puedas cambiar lo que tienes, deberás cambiar lo que sale de tu boca. Para cambiar el rumbo de tu vida —de muerte a vida, de enfermedad a salud, del fracaso al éxito—deberás controlar tus palabras. Es más fácil decirlo que hacerlo. Pero ésa es la clave: ¡tienes que decirlo para que se cumpla! ¿Cómo se empieza? Primero, recuerda que no es sólo un asunto natural, pues es una ley espiritual. Por lo tanto, debe hacerse con poder espiritual. En Santiago 3:7-8 vemos que la lengua no puede ser domada con el mismo poder con que se doma a los animales. Se necesita la sabiduría de Dios. La Palabra es la sabiduría de Dios (Proverbios 2:6). Jesús dijo que Sus palabras son espíritu y son vida. Eso significa que se necesitan las palabras de Dios para sujetar nuestra lengua. Segundo, arrepiéntete por haber permitido que otros, y no el Espíritu Santo, usaran tu lengua. Luego, entrégale tu lengua a Jesús y decide que hablarás palabras de amor, fe, gozo, paz y gracia. Las palabras de fe detienen los dardos de fuego del infierno. Tercero, haz lo que Jesús dice en Marcos 4:24: «…Fíjense bien en lo que oyen…». Escúchate, analiza, piensa, y pregúntate: "¿Quiero que suceda lo que acabo de decir?". Si la respuesta es negativa, detente y corrígete en ese mismo instante. Reemplaza las palabras negativas con alabanzas (Efesios 5:4). Si has sido descuidado en lo que has dicho, transforma el curso de tu vida cambiando tus palabras. Pídele al Señor que guarde tu boca (Salmos 141:3). Activa el poder de la lengua para que funcione a tu favor, deja de usarla para causar desastres, y empieza a usarla para hacer milagros. En tu boca hay un milagro.
Lectura bíblica: Santiago 3:1-13
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Cuando se trata de la fe, muchos creyentes sienten como si estuvieran inmovilizados por completo. Sin importar cuánto se esfuercen, les parece que no pueden progresar.
Si observas sus vidas, podrás ver la causa. No han puesto sus pensamientos en orden. Por un lado dicen: "Oh, sí, amén, yo creo en la Palabra". Por otro, hablan de incredulidad como si fuera la última moda. "Sé que Dios dice que Él nos prosperará, pero en verdad, mi negocio va tan mal que me sacará úlceras. No puedo ni dormir de la preocupación".
Si indagas más a fondo, te darás cuenta de que sus acciones no se correlacionan con la Palabra: "Bueno, tu entiendes hermano, es imposible que yo diezme con mi ingreso. ¡Me iría a la quiebra!".
La fe de nada le servirá a alguien así.
Eres un ser tripartito: eres un espíritu, tienes un alma —la cual está conformada por la mente, la voluntad y las emociones— y vives en un cuerpo. Cada una de estas partes cumple un papel específico en tu vida de fe. Las tres tienen que estar en común acuerdo, ¡antes de que puedas lograr algo!
Empieza por alimentar tu espíritu con la Palabra de Dios. Así como el cuerpo desarrolla fuerza física cuando lo alimentas, también el espíritu desarrolla fuerza espiritual cuando lo alimentas con la Palabra. Esa fuerza espiritual se llama fe. Cultiva esa fe para que tu espíritu pueda dominar sobre las otras dos partes.
Luego, alinea tu alma. Enfoca tu mente en "las cosas de arriba". Medita en la Palabra hasta que tus pensamientos se sometan a ella. Sigue meditándola hasta que tus emociones también se rindan a ella.
Por último, alinea tu cuerpo. Una vez que tu espíritu esté de veras cimentado en la Palabra, no será difícil poner a tu cuerpo de acuerdo. El cuerpo no es el líder—es un seguidor; éste hará lo que le órdenes. Comienza a enseñarle a tu cuerpo a actuar de acuerdo con la verdad que has sembrado en tu mente y en tu espíritu, y lo hará sin ningún problema.
No trates de andar en fe con tus pies atados. ¡Ponte de acuerdo! Armoniza tu espíritu, tu alma y tu cuerpo—y la Palabra te llevará tan lejos como tú quieras.
Lectura bíblica: 1 Tesalonicenses 5:14-24
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
A menudo nos perdemos lo que Dios quiere hacer por nosotros, sólo porque Él no hace las cosas como nosotros creemos que debería hacerlas. Por ejemplo, nos ponemos a pensar en la manera en que va a sanarnos. Pensamos que enviará a algún predicador famoso a imponer sus manos sobre nosotros o que el Señor nos derribará con una descarga de Su poder. Pero cuando no lo hace así, nuestra fe decae y arruinamos lo que Él había planeado hacer.
Eso fue lo que hizo Naamán. Él fue a Eliseo con la esperanza de ser sano de una manera en particular. Cuando no sucedió así, la Biblia nos dice que él se fue furioso.
Lo que Eliseo le mandó que hiciera era fácil. Él tenía que sumergirse siete veces en el río Jordán. Naamán pudo haberlo hecho, pero ésa no fue la forma en que él pensó que sería sano. Este hombre creyó que Eliseo lo sanaría con sólo pasar sus manos sobre él, e invocar el Nombre del Señor.
Naamán salió precipitadamente. Pero de no haber sido por uno de sus siervos que lo convenció de obedecer lo que Eliseo le había dicho, él hubiera perdido su sanidad.
Yo era así. Deseaba tanto ver cosas espectaculares de parte de Dios que estaba perdiéndome las que Él tenía planeadas para mí. Cuando lo entendí, dejé de buscar cosas grandes y espectaculares, y sólo me limité a esperar que Dios cumpliera Su Palabra.
Recuerdo una noche en la que fui a una campaña con el tobillo muy lastimado. El dolor era tan intenso que recorría desde mi pie hasta llegar a mis hombros. Pero fui con la esperanza de que Dios me sanara.
Durante la alabanza ignoré ese dolor; cantaba y a alababa con los demás. Cuando empezó la predicación, tomé mi Biblia y me sumergí en la Palabra. Y como era de esperar, en algún momento del servicio recibí mi sanidad. No sé a qué hora sucedió. No sentí nada especial, ni vi destellos de luz alguna. Ni siquiera me di cuenta de que había sido sano, sino hasta después del servicio. Iba llegando a la puerta cuando pensé: ¡Gloria a Dios! Mi pie está bien.
No dejes que tus propias ideas, acerca de cómo obrará el Señor, te quiten tu sanidad, tu liberación o tu prosperidad. Sólo confía en Dios y deja que Él haga las cosas como Él sabe hacerlas. Él actuará poderosamente en ti.
Lectura bíblica: 2 Reyes 5:1-14
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
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