
Sign up to save your podcasts
Or


16 de Marzo
Kenneth
Entrena tus sentidos
«Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.» (Hebreos 5:13-14)
Tú has "crecido" o madurado espiritualmente cuando, mediante la práctica, has entrenado tus sentidos para discernir entre el bien y el mal. Cuando has practicado tanto vivir en el Espíritu como renovar tu mente por la Palabra de Dios, hasta tu carne sigue habitualmente los caminos de Dios en lugar de los caminos del mundo.
Deténte y piensa por un instante. ¿Hay algunas cosas que tu carne te instigaba a hacer antes de recibir a Jesús como el Señor de tu vida, que ahora ya no las quieres hacer?
Para mí, sí las hay. Por ejemplo, solía fumar y sentía lástima por todos esos cristianos que no podían hacerlo. ¿Pero, sabes qué? Ahora que soy creyente, ya no tengo esa adicción al tabaco. Ni siquiera forma parte de mis pensamientos, y mucho menos de mi vida.
Eso es lo que sucede cuando te alimentas de la Palabra de Dios y renuevas tu mente con ella. Usualmente no ocurre de la noche a la mañana, ni es sencillo. Quizás tu carne luche y forcejee por un tiempo, ya que ha sido adiestrada para seguir los caminos del mundo por largo rato. Pero, si permaneces en la Palabra y sigues creciendo, tu carne puede desarrollar el hábito de la justicia, así como en el pasado desarrolló el hábito de la injusticia.
No dejes que tu espíritu muera de hambre, alimentándolo solamente con leche espiritual de vez en cuando. Forma el hábito de nutrirte con el alimento sólido de la Palabra de Dios todos los días y descubre lo que es la verdadera madurez.
Lectura bíblica: Hebreos 5:11-14, 6:1-3
15 de Marzo
Kenneth
La raíz del problema
«...porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.» (1 Samuel 16:7)
Con frecuencia, le pedimos al Señor que solucione los problemas que hay a nuestro alrededor, cuando en realidad lo que Él desea es resolver los problemas en nuestro interior. Por años cometí ese mismo error referente a mi peso. Oré y oré a Dios para que me ayudara a adelgazar. Sin embargo, fracasé muchas veces. Perdí, literalmente, decenas de kilos, sólo para aumentarlos otra vez.
Finalmente un día tomé una decisión firme. Dije: Señor, ¡no daré un paso más hasta que no averigüe qué hacer al respecto! Luego comencé un ayuno, me aparté de los demás, y me propuse estar atento a lo que Dios tuviera que decirme.
Durante ese ayuno, el Señor me reveló la verdadera causa de mi problema. Me mostró que yo quería perder peso, pero que no quería cambiar mis hábitos alimenticios. Yo era como el alcohólico que quiere beber constantemente sin ser afectado por el licor. ¡Quería comer nueve veces al día y seguir pesando 75 kilos!
De repente, me di cuenta de que Dios no sólo quería librarme de los kilos extras que tenía en el exterior, sino también del pecado de la glotonería en mi interior. Ahí mismo y en ese instante me arrepentí de ese pecado. (Ese día comprendí lo difícil que es para un hombre enfrentar el hecho de ser alcohólico. Duele admitir ese tipo de problema). Entonces, en lugar de pedirle a Dios que me librara de mi problema de peso, le pedí que me librara de la glotonería.
Y, efectivamente, Él lo hizo.
Si tus oraciones no parecen estar cambiando los problemas a tu alrededor, quizás sea hora de examinar tu vida y pedirle al Señor que actúe en la raíz del problema.
Lectura bíblica: Salmos 139:1-10, 23-24
14 de Marzo
Gloria
Activa el poder
«Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.» (Efesios 3:20)
Como creyente, el poder del Espíritu Santo está en ti. ¡Pero ese poder no actuará si no es activado!
El Espíritu Santo no te forzará a hacer las cosas. Él no llegará a apagar la televisión, sacarte del sofá y decirte: "Ahora sí, vas a ponerme atención".
No, el Espíritu Santo es un caballero. Él ha sido enviado para ayudarte a hacer la voluntad de Dios, para fortalecerte, para aconsejarte… pero no hará nada de eso hasta que no se lo pidas.
Por esa razón, en la carta de Santiago leemos que debemos orar al enfrentar problemas o aflicciones. Es la oración la que hace que el poder que reside en tu interior se active.
Considera lo siguiente. El Espíritu del Dios todopoderoso… el Espíritu que se movía sobre la faz de las aguas y que cumplió la Palabra de Dios en la Creación. Ese mismo Espíritu vive en ti, ¡y está esperando que tú le clames!
Si Jesús entrara a tu casa y se sentara a la mesa, dejarías todo para hablar con Él, ¿no es cierto? No le dirías: "Mira Jesús, estoy muy contento de verte. ¡Ojalá tuviera suficiente energía para conversar contigo!, pero no vas a creer la clase de día que he tenido hoy. Todo me ha salido mal. Ahora estoy muy cansado y lo único que quiero es acostarme, y mirar la televisión. Tal vez podamos conversar un rato más tarde".
No harías tal cosa, ¿verdad? Claro que no. Si Jesús estuviera en tu casa, donde pudieras verlo, te postrarías y comenzarías a adorarlo. No te importaría lo cansado que estuvieras ni el día que has tenido. Aprovecharías la oportunidad para tener comunión con Él.
Bueno, escucha esto. El Espíritu Santo vive en ti, esperándote a cualquier hora del día, o de la noche. Él te dice: Estoy aquí para ayudarte, fortalecerte y consolarte. ¡Quiero ayudarte a salir del problema que estás enfrentando!
Él quiere mostrarte algunas cosas—cosas que has estado tratando de solucionar en tus propias fuerzas. Él te está esperando para vencer todo obstáculo en tu vida. Tómate el tiempo para orar. Ora en el Espíritu. Ora con entendimiento. La oración activara el poder que obra en ti, hoy mismo.
Lectura bíblica: Efesios 3:16-21
13 de Marzo
Gloria
Vivir por fe: un estilo de vida
«Soporta el sufrimiento junto conmigo como un buen soldado de Cristo Jesús.» (2 Timoteo 2:3, NTV)
Los momentos difíciles son inevitables. Necesitas saberlo. Es cierto que hemos sido redimidos de la maldición, y no hay nada que Satanás pueda hacer para cambiar eso, pero él te desafiará de todos modos.
Por tanto, no te sorprendas cuando las cosas se pongan difíciles. Habrá ocasiones en las que deberás mantenerte firme solamente por fe y en las que tendrás que hablar y actuar como si lo que Dios dice es cierto, aun cuando no puedas sentirlo, verlo o palparlo en forma natural. Incluso habrá otras ocasiones en las que todo parecerá terrible. Es en esos momentos cuando deberás soportar el sufrimiento como un buen soldado de Cristo.
Mucha gente oye la palabra de fe acerca de la sanidad o la prosperidad, y piensan: "¡Oye! Voy a intentarlo". Luego, cuando llegan los momentos difíciles, se dan por vencidos.
Déjeme advertirte que vivir por fe no es algo que intentas. Se trata de un estilo de vida. Lo haces en los momentos difíciles; lo haces cuando todo es fácil. Vives por fe siempre, pues no lo haces sólo para obtener los beneficios, sino porque sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6).
Quizás las cosas se pongan un poco difíciles, pero déjame asegurarte que saldrás siempre adelante si soportas el sufrimiento como un buen soldado de Cristo. Si no desmayas ni te apartas de la fe, tendrás la victoria. Él único cristiano derrotado es ¡aquel que se da por vencido!
Lectura bíblica: Números 14:1-24
12 de Marzo
Kenneth
Así como prospera tu alma
«Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.» (3 Juan 2)
Una vez que comienzas a creer que la voluntad de Dios es prosperarle, te preguntarás: ¿Cómo va a hacerlo? ¿Me enviará un cheque por correo? ¿Empezarán a llover billetes?
Claro que no. Él Señor primero prosperará tu alma. Él sembrará semillas de prosperidad en tu mente, en tu voluntad y en tus sentimientos; y cuando estas semillas crezcan, producirán una gran cosecha material.
Consulta el libro de Génesis y lee la historia de José. Encontrarás un ejemplo perfecto de lo que te estoy hablando.
Cuando José fue vendido a los egipcios, no tenía ni un solo centavo. Ni siquiera era un hombre libre. Había sido vendido como un esclavo. Pero, en medio de su esclavitud, Dios le dio tanta sabiduría y capacidad que hizo posible que su amo prosperara. Como resultado de esto, él encargo a José de todas sus posesiones.
Más adelante, José fue encarcelado. En la prisión no hay muchas oportunidades para ascender, ¿cierto? Pero Dios le dio entendimiento como a ningún otro hombre en Egipto. Ese entendimiento le abrió las puertas para un puesto en la corte de Faraón; no como esclavo, sino como el hombre más reconocido en todo el país después del mismo Faraón.
José se paseaba en un carruaje y la gente, literalmente, se inclinaba ante él. Durante la época de hambruna, José estuvo a cargo de todo el alimento: ¡a eso le llamo prosperidad!
¿Cómo hizo Dios todo eso? Lo hizo al prosperar el alma de José. Incluso cuando su situación llegó a ser sombría y sus problemas se volvieron imposibles, Dios pudo revelar los secretos espirituales que abrirían la puerta del éxito para él.
Por eso es que el método de Dios para prosperar es tan emocionante. Da resultado en cualquier lugar. Funciona en los países más pobres del mundo, así como en los Estados Unidos. Y puedes estar seguro de que ¡dará resultado en tu vida!
Lectura bíblica: Génesis 39
11 de Marzo
Kenneth
Un Pacto de Amor
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…» (Juan 3:16)
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio, y dio… y dio.
Ése es el mensaje que la Biblia nos comparte de principio a fin. Parece algo muy simple; sin embargo, en realidad, pocos lo entienden.
Podemos entender la idea de un Dios poderoso. Podemos entender la idea de un Dios que desea que le sirvan. Pero, ¿comprender a un Dios Todopoderoso que nos ama tanto que desea dar por sobre todas las cosas? Es difícil de comprender.
Por miles de años, Dios ha estado obrando para derramar la revelación de Su amor en los corazones de los hombres. Ha hecho promesas amorosas de bendición y protección. Pero siempre ha enfrentado el mismo obstáculo: seres humanos que no pueden aceptar esas promesas como ciertas.
La historia de Abram es un ejemplo perfecto. Abram no estaba acostumbrado al concepto de un Dios dadivoso. Después de todo, él había sido adorador de la luna, y la luna nunca había hecho nada por él. Entonces, conoció a El Shaddai: el que es mayor que todos, el Dios omnipotente. Lo primero que El Shaddai quería hacer era darle bendiciones.
Las promesas de Dios asombraron tanto a Abram, que no podía creerlas. Abram le preguntó: «Señor, ¿y cómo sabré que realmente voy a recibir estas cosas?» (Lee Génesis 15:8).
¿Sabes cómo le respondió Dios? Estableciendo un pacto de sangre. Ese pacto resolvió para siempre cualquier pregunta que Abram pudiera tener acerca del amor y la fidelidad de Dios. Al derramarse la sangre, Abram supo que Dios hablaba en serio.
Dios estableció el mismo pacto de sangre contigo: sacrificó a Su propio Hijo. El cuerpo quebrantado y la sangre derramada de Jesús son la prueba eterna del amor de Dios por ti. Por medio de la Comunión, Él nos insta a recordarlo una y otra vez, con el fin de que cuando nuestra fe en las promesas de Dios comience a flaquear, «tengamos un sólido consuelo» (Hebreos 6:18).
Medita en el pacto que Dios hizo contigo para recibir una revelación refrescante de Su amor por ti. Toma el pan y la copa. Preséntate ante el Señor y recibe la Comunión. Medita en el cuerpo y la sangre de Jesús, los cuales te han hecho miembro de la familia del Dios todopoderoso gracias al pacto de sangre. Deja que te ayuden a despejar toda duda acerca del amor de Dios por ti. Jamás dudarás de Sus promesas una vez que hayas creído en Su amor.
Lectura bíblica: Génesis 15
10 de Marzo
Kenneth
Presta atención a tus palabras
«En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente.» (Proverbios 10:19)
Como creyentes, ¡debemos guardar nuestras palabras! Debemos dejar de hablar como si éstas no fueran importantes, y empezar a hablar como si nuestra vida dependiera de ellas, porque, según la Palabra de Dios, ¡sí depende! (Proverbios 18:21).
Muchos tenemos lo que Proverbios 19:1 llama: labios perversos. Tener labios perversos no es sólo mentir y maldecir. Se refiere a una boca desobediente. Significa decir cosas que van en contra de la Palabra de Dios.
Todos lo hemos hecho alguna vez. Por ejemplo, decimos que estamos confiando en Dios para que nos sane, pero luego le decimos a alguien: "¡Este dolor me está matando!".
¡Eso es tener labios perversos! Es (hablar) contrario a lo que afirma la Palabra de Dios.
"Por favor, hermano Copeland, sé que dije eso, pero no fue lo que realmente quise decir".
Escucha: el mundo espiritual no obra conforme a lo que has querido decir. Funciona de acuerdo a lo que dices. Leemos en Marcos 11:23: «Porque de cierto les digo que cualquiera que diga a este monte: "¡Quítate de ahí y échate en el mar!", su orden se cumplirá, siempre y cuando no dude en su corazón, sino que crea que se cumplirá».
Observa, este versículo no dice que será hecho lo que has querido decir, sino lo que digas. Lo que digas es lo que cuenta.
No estoy sugiriendo que te compliques la vida preocupándote acerca de cuál será tu próxima frase. Usa la sabiduría que Dios te ha dado. Enséñale a tu boca a ser obediente a la Palabra de Dios. Entonces, cuando más la necesites, encontrarás esa misma Palabra arraigada abundantemente en tu interior.
Lectura bíblica: Proverbios 10:11-21
9 de Marzo
Gloria
El hábito de la Santidad
«El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.» (Juan 14:21)
Hay cierta dimensión de la vida que sólo podrás experimentar cuando tomes la decisión de agradar al Padre en todos los aspectos de tu vida. En esa dimensión, Cristo se te manifestará de una manera más real.
A comienzos del siglo XX, Dios derramó Su Espíritu y comenzó un avivamiento en la calle Azusa. Fue un tiempo maravilloso en el que muchas vidas fueron transformadas. Sucedían cosas sobrenaturales, mientras Dios se manifestaba en presencia de todos.
Aquellos involucrados en ese avivamiento, empezaron a ser conocidos en el mundo como personas "santas". Se las denominó así porque era (evidente) obvio que eran diferentes a los demás. Abandonaron cualquier cosa que creían que no agradaba a Dios. Estaban tan cautivados con el poder de las cosas espirituales que no tenían interés por las cosas naturales.
Hoy en día, pocos creyentes saben lo que significa la "santidad", y aún son menos los que entienden el derramamiento de Dios que cae sobre los que se atreven a seguirla.
El término santidad significa: "Apartado para Dios". Es lo que haces con tu vida cada día; es ordenar tu conducta de acuerdo con la Palabra de Dios y el consejo del Espíritu. La santidad es el hábito de estar en un mismo sentir con Dios, apartándose de los caminos del mundo y siguiendo los del Señor. La santidad no es resultado de la casualidad; la misma requiere de una decisión voluntaria. Toma esa decisión hoy mismo.
Ama a Dios con todo tu corazón al guardar Sus mandamientos. Él te mostrará Su amor y se te manifestará con poder en formas inusuales. Él descenderá sobre ti como lo hizo sobre los creyentes de la calle Azusa,—y el avivamiento verdaderamente comenzará en ti.
Lectura bíblica: 1 Tesalonicenses 4:1-8
8 de Marzo
Kenneth
Descubre la Palabra Viva
«Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.» (Hebreos 4:12)
Sólo la Palabra viva del Dios omnipotente es lo suficientemente poderosa para disciplinar tu carne. Es la única que puede hacerte pensar, mirar, hablar y actuar como un creyente nacido de nuevo.
Cuando me convertí, el vicio horrible de fumar dominaba mi vida. Traté por todos los medios posibles de dejarlo, pero nada funcionó. Después de varios meses de luchar y fracasar, decidí asistir a una campaña en la iglesia de Hilton Sutton en Houston, Texas. Antes de entrar a la iglesia, escondí los cigarrillos en la visera del auto.
En ese tiempo, aún no había aprendido mucho de la Palabra y tampoco había visto el poder de Dios en acción. Así que cuando comencé a oír a esos ministros predicar ungidos por el Espíritu Santo, esto llamó mi atención. Había sido cautivado por la Palabra viva. Mis deseos cambiaron, y lo único que deseaba era conocer más a Dios. Por primera vez en mi vida, las Escrituras cobraron vida.
Al (terminar) concluir la campaña, ya de regreso a casa, encontré los cigarrillos que había dejado en la visera del auto y me (di cuenta) percaté deque no me habían hecho falta.
¿Qué había sucedido? La Palabra me había alejado del deseo de fumar y me había dado el poder para disciplinar la carne. Cuando vi a Cristo a través de la Palabra y bajo la unción del Dios todopoderoso, fui libre ¡no sólo del vicio de fumar, sino también del deseo de hacerlo!
Déjate cautivar por la Palabra viva y descubre el poder que puede hacerte libre para siempre.
Lectura bíblica: Salmos 119:1-9
7 de Marzo
Gloria
Espera oír Su voz
«Las ovejas, las cuales son mías, oyen y escuchan mi voz; y yo las conozco, y ellas me siguen.» (Juan 10:27; AMP)
Muchos creyentes no están seguros de poder oír o reconocer la voz de Dios. Temen no poder discernir cuando el Espíritu de Dios les esté hablando.
Pero lo que aún no saben es que, según la Biblia, oír la voz del Espíritu es un privilegio que posee todo creyente (Romanos 8:14). Sin embargo, para ejercer ese privilegio, primero debes recibirlo por fe y colocarte en posición de oír.
Recuerda esto la próxima vez que el diablo trate de decirte que no podrás oír la voz de Dios.
Jesús dijo que Sus ovejas reconocen Su voz y que no siguen la voz de un extraño. Ésa es una promesa de Dios para ti. El Espíritu Santo nunca te guiará en dirección contraria a la Palabra escrita de Dios (Juan 16:13). Por eso, si no sabes qué dice la Palabra, te será más difícil discernir el consejo del Espíritu.
Medita en la Palabra y estúdiala para que aprendas a reconocer la voz de Dios. Sigue las instrucciones que Dios le dio a Josué, y medita en las Escrituras de día y de noche. Obedece siempre lo que dice la Palabra, no sólo cuando sea más fácil, sino todo el tiempo. Se obediente aún en las cosas más insignificantes.
La obediencia constante a la Palabra (de Dios) escrita te hará madurar y afinará tu oído espiritual para que puedas reconocer la voz del Espíritu Santo. Pronto podrás reconocerla tan fácilmente como reconoces la voz de tu mejor amigo.
Así que, en lugar de preguntarte si puedes o no oír la voz de Dios, más bien espera oír Su voz. Luego, permanece en la Palabra para que puedas afinar tus oídos espirituales.
Lectura bíblica: Juan 10:1-9
From the publisher's feed

244 Listeners

846 Listeners

164 Listeners

62 Listeners

14 Listeners

38 Listeners

46 Listeners

19 Listeners

5 Listeners

21 Listeners

21 Listeners

23 Listeners

2 Listeners

3 Listeners

4 Listeners

2 Listeners

0 Listeners