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27 de Octubre
No dependas de las suposiciones
«Clama a mí, y yo te responderé; te daré a conocer cosas grandes y maravillosas que tú no conoces». (Jeremías 33:3)
¿A quién acudes cuando necesita ayuda, cuando necesitas respuesta a una pregunta importante? ¿Le preguntas primero a Dios?
Muchos creyentes no lo hacen. Se la pasan retorciéndose las manos y hablando uno con el otro todo el día. Le preguntan al pastor, a los amigos o al cónyuge. Pero ¿le preguntan a Dios? No.
No cometas ese error.
Mejor sigue el ejemplo del rey David. En 1 Crónicas 14, la Biblia nos dice que él estaba a punto de entrar en batalla contra todos los poderosos filisteos que habían salido contra él. La nación filistea había sido enemiga de Israel por años. David quizá pudo suponer que Dios le diría que fuera a la batalla contra ellos. Pero él no se puso a adivinar «Entonces David consultó a Dios, y le dijo: «¿Debo atacar a los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano?» Y el Señor le dijo: «Atácalos, que yo los entregaré en tus manos.» (Versículo 10)
No dependas de las suposiciones. Cuando te enfrentes a un problema, busca al Señor por medio de la Palabra y de la oración, y pregúntale cuál es la solución. No importa cuántos pasajes bíblicos aprendas, no importa lo mucho que entiendas quién eres en Jesucristo, nunca estarás exento de buscar a Dios.
Preséntate ante el Señor y descubre exactamente lo que Él quiere que hagas. No decidas por ti mismo para luego pedirle a Dios que bendiga tus planes. Ve a Él y dile: "Señor, ¿cuáles son Tus planes?" Sus planes ya están bendecidos, y si los sigues, tu victoria está garantizada.
Lectura bíblica: 1 Crónicas 14:8-17
26 de Octubre
Kenneth
Toma tu lugar
«Pero Dios, cuya misericordia es abundante, por el gran amor con que nos amó, nos dio vida junto con Cristo, aun cuando estábamos muertos en nuestros pecados (la gracia de Dios los ha salvado), y también junto con él nos resucitó, y asimismo nos sentó al lado de Cristo Jesús en los lugares celestiales» (Efesios 2:4-6)
Dios nos ha resucitado para que nos sentemos en los lugares celestiales con ¡Cristo Jesús! Eso es lo que dice la Palabra de Dios. Muy pocos nos hemos atrevido a creer esto de todo corazón. Hemos exaltado a Jesús. Lo hemos exaltado― ¡y con razón! Pero también hemos menoscabado, inconscientemente, lo que Él hizo porque no le hemos permitido que nos dé nuestro lugar a Su lado. Ése fue el propósito de Dios en el Calvario: que ocupáramos un lugar al lado de Jesús, convertirnos en lo que Él ya era.
Jesús no necesitaba ser exaltado. Él ya había sido exaltado antes de venir al mundo. Él ya era uno con el Padre. Jesús no necesitaba obtener autoridad sobre el diablo porque nunca la había perdido.
Jesús se vistió con un cuerpo físico para poder venir al mundo como hombre y ejercer autoridad sobre el pecado, la enfermedad, los demonios, el temor, la pobreza y todas las otras maldiciones que vinieron cuando la ley de la muerte entró en el mundo. Él lo hizo. Él triunfó, y Jesús dominó todo en el mundo intelectual y en el mundo físico. Antes de ascender, Él dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.» (Mateo 28:18), y luego nos otorgó esa autoridad al darnos Su nombre.
Nosotros somos la razón por la cual Jesús vino al mundo a morir y a resucitar. Él no lo hizo para Sí mismo, sino para que ocupáramos nuestro lugar a Su lado, a fin de que pudiéramos llevar Su nombre y ejercer Su autoridad en la Tierra. Él lo hizo para que pudiéramos estar delante de Dios y ser para Él todo lo que Jesús es.
Cuando naciste de nuevo, fuiste hecho ¡la justicia de Dios en Cristo! Por tanto, como creyente nacido de nuevo, atrévete a recibir este mensaje, a meditar en él y a ponerlo en práctica. ¡Vamos!, atrévete a ocupar tu lugar.
Lectura bíblica: Efesios 2:1-13
25 de Octubre
Kenneth
Deshazte de las ranas
«… Cuándo debo orar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas se aparten de ti y de tus casas…» (Éxodo 8:9)
¿Alguna vez has tenido que lidiar con uno de esos problemas que por nada del mundo desaparecen y es inmune a todas las soluciones? Tu le hace frente desde todos los ángulos y aplicas todos los métodos, pero en lugar de desaparecer más bien se agrandan y se multiplica y quedan por completo fuera de control.
La Biblia nos dice que Faraón enfrentó esa clase de problema hace miles de años. Faraón tuvo una disputa muy fuerte con Dios sobre el futuro de los israelitas, y como resultado de esa disputa, se despertó una mañana y descubrió que su país estaba lleno de ranas: ranas viscosas y malolientes que andaban saltando por todas partes.
Era un problema serio. No hablo de una rana o dos en el jardín. Había ranas en todas partes. Había ranas en las camas y sobre las mesas. Había ranas viejas y grandes en los hornos, ranas en la masa del pan y en el agua potable, ranas en el pelo, ranas en lugares que uno no quisiera para nada encontrar.
Entonces Dios hizo algo: envió a Moisés a preguntarle a Faraón: «…Dígnate indicarme cuándo debo orar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas se aparten de ti y de tus casas, y que se queden solamente en el río?».
¿Sabes lo que dijo Faraón?: «Mañana» (Éxodo 8:9-10).
¿Te imaginas tal cosa? Él pudo haber dicho: "¡Ahora mismo!". Pero en cambio decidió que pasaría una noche más entre las ranas.
Tu podrías decir: "Ésa es la cosa más tonta que jamás haya oído. ¿Por qué diría mañana?". No lo sé. Probablemente por la misma razón que tu quieres esperar hasta mañana para ser salvo, sano o próspero.
Observa que, cuando Moisés le hizo a Faraón esa pregunta y él respondió: "mañana", Moisés dijo: «Así se hará, tal y como lo has dicho, para que sepas que no hay dios como el Señor nuestro Dios.» (Éxodo 8:10)
Déjame preguntarte esto: ¿Por cuánto tiempo permitirás que ese problema te atormente? ¿Cuándo te desharás de las ranas de tu vida? ¿Te das cuenta de que estarán ahí mientras tú las dejes? Las ranas se quedarán ahí hasta que tomes la decisión de acudir a la Palabra de Dios y echarlas.
¿Por qué no lo haces hoy mismo?
Lectura bíblica: Éxodo 8:1-13
24 de Octubre
Kenneth
¡Dios también va!
«Pero el que se une al Señor, es un espíritu con él». (1 Corintios 6:17)
Una vez escuché que un gran hombre de Dios siempre que se ponía su traje, se miraba en el espejo y decía: "Traje, dondequiera que vayas, Dios va dentro de ti". Él estaba en lo cierto. Si te has unido a Dios al recibir a Jesús como tu Señor, a dondequiera que vayas hoy, ¡Dios también irá!
Como creyentes, necesitamos ser más conscientes de esa realidad. Debemos entrenarnos para ser siempre conscientes de que Dios está dentro de nosotros: hablándonos, enseñándonos, aconsejándonos, dándonos poder y llenándonos de Sí mismo.
Necesitamos recordar continuamente que somos un espíritu con Él. Eso significa que cada vez que enfrentemos un problema o un espíritu malo trate de influir en nosotros o estorbar nuestra vida, Dios también lo enfrenta. Cuando nos encontramos en situaciones difíciles, Dios también las enfrenta, y ¡Él ya las ha vencido!
Permíteme animarte a que cuando te vistas hoy, te mires en el espejo y declares: "Yo estoy unido al Señor y he llegado a ser un espíritu con Él. Cuerpo, dondequiera que vayas hoy… Dios va. Dios está dentro de ti. Dios vive dentro de ti. El poder de Dios habita en tu interior. La sabiduría de Dios está en ti. La victoria de Dios mora en ti".
Repítete eso todos los días―muchas veces al día. Sigue haciéndolo hasta que empieces a cultivar el hábito de pensar de esa manera. Crece en el conocimiento de la verdad de que ¡Dios vive dentro de tuyo!
Lectura bíblica: 1 Corintios 6:17-20
23 de Octubre
Kenneth
Escoge la vida
«Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz». (Romanos 8:6)
Si te dieran a escoger entre la vida y la muerte, ¿cuál escogerías? La respuesta parece obvia, pero en realidad no lo es.
Elegir la muerte no significa saltar del puente más cercano, es mucho más sutil que eso.
La Biblia dice que ocuparse de la carne y enredarse en el mundo es muerte. La Biblia también dice que la Palabra de Dios es vida: « Hijo mío, presta atención a mis palabras… Ellas son vida…» (Proverbios 4:20-22).
Ocuparse del mundo es muerte. Ocuparse de la Palabra es vida.
En Lucas 10, hay una historia que ilustra muy bien este principio: Es la historia de María y Marta. Quizás tú la recuerdas. María estaba sentada a los pies de Jesús oyéndolo enseñar mientras que Marta, muy afanada, estaba en la cocina preparando el almuerzo para todos.
Por fin, Marta no soportó más; se acercó a Jesús y le dijo: «... Se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje trabajar sola? ¡Dile que me ayude!» Jesús le respondió: «Marta, Marta, estás preocupada y aturdida con muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará.»» (Lucas 10:40-42).
María había dejado todo a un lado para oír la Palabra. Pero Marta había dejado que los asuntos, aparentemente importantes, de la vida tomaran prioridad sobre la Palabra. Había elegido la muerte en lugar de la vida.
¿Ves lo fácil que es caer en ese error?
Podría decir: "Pero, hermano Copeland, si yo no pasara todo mi tiempo atendiendo los asuntos de la vida, terminaría fracasando".
¿Realmente? Marta probablemente pensó lo mismo. Probablemente pensó que si no preparaba el almuerzo para toda esa gente, iban a pasar hambre. Pero no hubiera sido así. Jesús había alimentado milagrosamente a multitudes, y Él podía hacerlo otra vez en la casa de Marta. Ella pudo haberse sentado a los pies de Jesús y haber disfrutado de un banquete costeado por Dios.
No cometas el mismo error que Marta. No te enredes tanto en los asuntos de la vida para que no escojas, por descuido, la muerte. Decide poner la Palabra en primer lugar. ¡Escoge la vida!
Lectura bíblica: Romanos 8:5-13
22 de Octubre
Gloria
Cuando vienen tiempos difíciles
«Mientras tanto, las iglesias en toda Judea, Galilea y Samaria vivían en paz y eran edificadas en el temor del Señor, y su número iba en aumento por la fuerza del Espíritu Santo». (Hechos 9:31)
Hay veces cuando la vida en este mundo es difícil, molesta… y a veces muy dolorosa. Cuando esos tiempos vienen necesitas profundamente el consuelo que sólo el Espíritu Santo puede dar.
¿Cómo puede recibir ese consuelo?
Haciendo exactamente lo que hicieron los creyentes en el libro de los Hechos: caminar en el temor del Señor.
Cuando yo hablo del temor del Señor, no estoy diciendo que debes tenerle miedo al Señor. ¡Él es tu Padre celestial! y tú debes sentirte confiado y sin temor al acercarte a Él, como un niño que sabe que sus padres lo aman. Pero también debe hacerlo con todo el respeto y la obediencia que Él merece, de tal manera que si Él te dice que hagas algo lo haces inmediatamente― aunque vaya contra tus deseos naturales. Eso es lo que significa caminar en el temor del Señor.
Permítame explicarte lo que quiero decir. Una vez, hace varios años, antes de ir a predicar a una de nuestras campañas, recibí una llamada telefónica muy desconcertante. Eran noticias dolorosas sobre una situación en la que uno de mis hijos había sido ofendido. La noticia me destrozó el corazón.
Lloré y, en mi naturaleza humana, quería enojarme y pagar con la misma moneda. Pero en lugar de hacer eso, empecé a orar en lenguas. Mientras oraba, sentí en mi espíritu el deseo de regocijarme y de alabar al Señor.
Por supuesto, no sentía ganas de alabar, sino de patear el piso; pero por respeto al Señor dejé mis sentimientos a un lado y obedecí. Luego el Espíritu Santo me guío a leer una profecía. Mientras lo hacía, me fortalecía.
De repente, noté que estaba libre. Por mi obediencia, había abierto el poder consolador del Espíritu Santo. El enojo y el dolor que me habían inundado unos momentos antes, desaparecieron y fueron reemplazados con el amor tierno y la promesa fortalecedora del Señor.
No importa lo difícil o dolorosa que sea la situación por la cual estés atravesando, confía en tu Padre y obedece Sus instrucciones. Él pondrá a tu alcance ese mismo consuelo sobrenatural e inspirador del Espíritu Santo.
Lectura bíblica: Mateo 4:1-11
21 de Octubre
Kenneth
Pacto de prosperidad
«Más bien, acuérdate del Señor tu Dios, porque él es quien te da el poder de ganar esas riquezas, a fin de confirmar el pacto que hizo con tus padres, como en este día». (Deuteronomio 8:18)
¿Cuál es el propósito de Dios al hacer prosperar a Su pueblo? ¿Será para que tengamos televisores más grandes o para que compremos casas y automóviles más lujosos?
No, es para que confirmemos el pacto de Dios en la Tierra y para que ayudemos a los necesitados.
Algunas personas me han dicho: "Bueno, hermano Copeland, el ministerio de Jesús era de escasos recursos y a Él le iba muy bien". Eso es ridículo. En todo el Antiguo Testamento Dios le prometió bendiciones materiales a cualquiera que anduviera perfecta y rectamente delante de Él. Si Dios no hubiera bendecido a Jesús económicamente, habría incumplido Su propia Palabra.
Jesús no fundó ningún imperio material para sí. Pero eso no significa que Él era pobre, sino que fue la persona que más ha dado en toda la historia pasada, presente y futura del mundo, y ya es hora de que empecemos a seguir Su ejemplo.
Cuando comencemos a dar y a ayudar materialmente a los necesitados, tendremos mayores probabilidades de ganar sus corazones.
¿Qué piensas que le sucederá al corazón de una nación hambrienta cuando llegue un avión 747 lleno de alimentos, ropa y suministros médicos en el Nombre y por el amor de Jesús? El corazón de esas personas se enternecerá y estarán más dispuestos a oír lo que tengamos que decir acerca de Jesús.
Jamás permitas que nadie te diga que está mal que prosperes. Es malo para ti que no quieras prosperar, cuando esa prosperidad puede representar la diferencia entre el cielo y el infierno para millones de personas.
Olvídate de tus propias e insignificantes necesidades. Aumenta tu visión y proponte dar para ayudar a los que están en necesidad y para confirmar el pacto de Dios en la Tierra. Mantente firme en la fe y prepárate para disfrutar la mayor prosperidad que jamás hayas tenido en tu vida.
Lectura bíblica: Deuteronomio 8:11-18
20 de Octubre
Gloria
La receta para la vida
«Luego llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará» (Marcos 8:34-35)
Cuando Jesús dijo esas palabras, no sólo estaba dándonos la receta para ir al cielo, sino también la receta para vivir una vida de excelencia aquí en la Tierra.
Hay una vida mejor que podemos vivir aquí en este mundo. Pero para entrar en ella, debemos abandonar la manera en que estamos acostumbrados a vivir. Quizás tengamos que dejar las cosas a las cuales hemos estado aferrados y, a cambio, dedicarnos a realizar lo que Dios quiere que hagamos.
Eso hizo Jesús. Él no vivió para Sí mismo, Jesús vivió para Dios en su totalidad. Él hizo sólo lo que el Padre le dijo que hiciera, y vivió en victoria total.
Es tiempo de darnos cuenta de que nacer de nuevo no es algo que hacemos tan sólo para escapar del infierno. Nuestro propósito debe ser agradar a Dios, dar nuestra vida con el fin de cumplir Sus deseos, ser Su tesoro especial en la Tierra y hacer lo que Él quiere que hagamos. Nuestra mayor prioridad debe ser rendirnos a Él, vivir en comunión con Él y estar en oración el suficiente tiempo para que podamos oír Su voz y después obedecerle.
Sólo cuando hagamos esas cosas nos sentiremos realizados y podremos vivir la vida de excelencia que hemos anhelado.
Lectura bíblica: Hechos 20:7-24
19 de Octubre
Kenneth
No dejes que la división atrofie tu crecimiento
«Hermanos, yo no pude hablarles como a personas espirituales sino como a gente carnal, como a niños en Cristo. Les di a beber leche, pues no eran capaces de asimilar alimento sólido, ni lo son todavía, porque aún son gente carnal. Pues mientras haya entre ustedes celos, contiendas y divisiones, serán gente carnal y vivirán según criterios humanos.» (1 Corintios 3:1-3)
Los celos, las contiendas y las divisiones habían hecho a los cristianos de Corinto volver al estado natural, o carnal, en que estaban antes de haber nacido de nuevo. Esto había impedido el crecimiento espiritual de tal forma que no podían entender lo que el apóstol Pablo quería enseñarles.
Satanás ha enviado el mismo espíritu de disensión entre nosotros hoy. Porque sabe que una casa dividida contra sí no permanecerá. También sabe que si todos nos unimos en fe, llegaremos a la estatura de la plenitud de Cristo Jesús (Efesios 4:13). Por ese motivo, él ha encargado a un espíritu de contienda que opere en nuestra vida personal, en la vida de nuestras iglesias, en nuestra vida social y en nuestros hogares. Él enemigo se propone hacer lo mismo que hizo en Corinto: despertar celos, contiendas y divisiones para impedir nuestro crecimiento espiritual.
Pero no debemos permitir que ese espíritu nos gobierne. Al contrario, dice Pablo: «Sino para que profesemos la verdad en amor y crezcamos en todo en Cristo, que es la cabeza» (Efesios 4:15).
Compare las siguientes frases: para que profesemos la verdad en amor", con "celos, contiendas y disensiones". Diametralmente opuestas, ¿no es así? Tú no puedes hacer ambas cosas a la vez. Hablar la verdad en amor te hará crecer; pero pelear, y apartarte te hará volver a la inmadurez.
No le permitas a satanás que detenga tu crecimiento espiritual al ceder al espíritu de división sino mejor habla la verdad en amor y "crece en todo en Cristo, que es la cabeza".
Lectura bíblica: Santiago 4:1-11
18 de Octubre
Gloria
De la tradición a la verdad
«Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguna de sus bendiciones! El Señor perdona todas tus maldades, y sana todas tus dolencias. El Señor te rescata de la muerte, y te colma de favores y de su misericordia. El Señor te sacia con los mejores alimentos para que renueves tus fuerzas, como el águila». (Salmos 103:2-5)
¿Existe en realidad un propósito divino tras las cosas malas que te suceden? ¿Es posible que tus enfermedades y calamidades sean parte del plan de Dios para tu vida?
Antes de que pueda empezar a recibir la sanidad y el poder liberador de Dios, debes saber la respuesta a esas preguntas y aclarar ese asunto de una vez por todas. Si tienes alguna sospecha de que Dios es la fuente de tus tragedias, entonces no podrás creer que Él pueda liberarte de tus dificultades. Tu fe estará paralizada porque pensaras que si evitas esas cosas estará oponiéndose a la voluntad de Dios.
Para que puedas recibir todos los beneficios que Dios desea darte, debes estar de acuerdo con que Él es un Dios bueno. Debes creer que la voluntad de Dios para ti es la salud, no la enfermedad; la prosperidad, no la pobreza; la felicidad, no la tristeza― el 100% del tiempo! El Salmo 103 es suficiente para probar que eso es cierto. Pero si no es suficiente para convencerte, también hay muchos otros salmos. Por ejemplo, Salmos 136:1: «Alabemos al Señor, porque él es bueno! ¡Su misericordia permanece para siempre!».
Si las tradiciones religiosas te han privado de la bondad de Dios, si te han enseñado que Él permite dificultades en la vida para enseñarte algo, empieza hoy a desechar esas tradiciones y reemplázalas con la verdad. Lee la Biblia y deja que Dios mismo te diga por medio de Su Palabra que Él es el Dios que te sana (Éxodo 15:26). Escudriña las Escrituras y ve por ti mismo la verdad de que Dios es misericordioso (Salmos 86:5); bondadoso (Jeremías 9:24) y compasivo (Salmos 145:8).
Rechaza las dudas y abre tu corazón para recibir la verdad acerca de tu Padre celestial. Es la única cosa que podrá hacerte verdaderamente libre.
Lectura bíblica: Salmos 89:1-28
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