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29 de Julio
Kenneth
Camine en la luz
«Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!» (Salmo 119:105)
Mientras vivas de acuerdo con la Palabra de Dios, nunca más tendrás que caminar en tinieblas. Jamás tendrás que sentirte confundido en cuanto a qué camino tomar. Nunca tendrás que caminar a ciegas, luchando por encontrar tu propio camino.
¿No es eso magnífico? ¿No te emociona al saber que la Palabra de Dios te dará toda la luz que necesitas cada día de tu vida, si se lo permites?
Edifica tu fe en esa Palabra y renueva tu compromiso con ésta, haciendo la siguiente confesión:
"Padre, en el Nombre de Jesús, me comprometo a vivir conforme a Tu Palabra. Reconozco que Tu Palabra es la integridad misma —firme, segura y eterna—, y confío mi vida a la provisión de ésta.
Tú has enviado Tu Palabra a mi corazón. Permito que more en mí abundantemente en toda sabiduría. No se aparta de mi boca; medito en ella de día y de noche para que pueda actuar de manera diligente en ella. Tu Palabra es una semilla incorruptible que reside en mi espíritu, y crece de forma poderosa en mí ahora, produciendo Tu naturaleza, Tu vida.
Te agradezco, Padre, porque Tu Palabra es mi consejera, mi escudo, mi adarga, mi arma poderosa en batalla. Es lámpara a mis pies y luz a mi camino. Endereza mi camino delante de mí, y nunca tropiezo o caigo pues mis pasos son ordenados por Tu Palabra.
Reconozco las estrategias y los engaños de Satanás, y les pongo un alto al declarar con mi boca Tu Palabra en fe.
Estoy seguro, Padre, que Tú produces en mí tanto el querer como el hacer por Tu buena voluntad. Exalto Tu Palabra. La tengo en mucha estima y le doy el primer lugar en mi vida. Con seguridad y confianza declaro que mi corazón está firme y establecido en el fundamento sólido, la Palabra viva de Dios". ¡Amén!
Lectura bíblica: Salmos 119:89-105
28 de Julio
Gloria
Estamos ganando
«Así que no se rebelen contra el Señor, ni tengan miedo de la gente de esa tierra. ¡Nosotros nos los comeremos como si fueran pan! No les tengan miedo, que el dios que los protege se ha apartado de ellos, y con nosotros está el Señor» (Números 14:9)
Hace miles de años, Dios le dijo al pueblo de Israel que subieran y ocuparan la Tierra que les había dado. Les ordenó que la tomaran por la fuerza, y sin temor de los impíos que moraban allí.
Él todavía dice lo mismo. Dios aún desea que como Su pueblo, tomemos la buena Tierra que nos ha dado. Él todavía trata de que usemos el poder que nos ha dado para echar al maligno fuera. Esta Tierra no le pertenece al diablo, le pertenece a Dios (Salmos 24:1). El diablo sólo se instaló en este mundo, y ha tomado el control porque nosotros los creyentes no se lo hemos impedido.
Ése es nuestro trabajo. Jesús le quitó todo derecho legal a Satanás la mañana de Resurrección. Luego nos encomendó que mantuviéramos vigente la derrota de Satanás. Las Escrituras dicen que Jesús se ha sentado a la diestra de Dios, y está esperando que Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies (Hebreos 10:12-13). ¿Comprendes lo que eso significa? Quiere decir que Jesús espera que le demos un puntapié al diablo y a sus secuaces y los echemos fuera de los asuntos de este mundo. Jesús está esperando que nosotros tomemos la victoria que Él obtuvo en el Calvario y que la establezcamos en esta Tierra.
Pero así como Israel tuvo que subir físicamente a tomar la Tierra de Canaán, tú y yo tenemos que subir en el Espíritu si queremos establecer el dominio de Dios sobre la Tierra. Tendremos que actuar. ¡No podemos hacerlo sentados!
Escucha, es posible que no lo sepas, pero estamos en guerra. Estamos en una batalla espiritual y estamos ganando. En realidad, si comprendieras lo que ya está establecido en el mundo espiritual, te reirías del diablo cada vez que te mostrara su rostro.
Por tanto, si el diablo hoy ejerce control sobre algún aspecto de tu vida, de tu iglesia o de tu comunidad; levántate en el Espíritu por medio de la fe, de la oración y de la Palabra, y comienza a recuperar ese territorio. No temas. El diablo no tiene defensa alguna. No tiene ninguna arma que pueda prevalecer en contra de ti.
El Señor está contigo. ¡Levántate en el Nombre de Jesús y recupera la Tierra!
Lectura bíblica: Éxodo 14:10-31
27 de Julio
Kenneth
Apártate
«Por lo tanto, el Señor dice: «Salgan de en medio de ellos, y apártense; y no toquen lo inmundo; y yo los recibiré.» (2 Corintios 6:17)
Estamos rodeados de un mundo gobernado, en su mayoría, por Satanás. ¿Cómo evitar quedar atrapados en éste? ¿Cómo podemos ser diferentes?
Encontrarás la respuesta en Juan 17:17. Allí, Jesús le hablaba al Padre de todos los que creerían en Él. Él dijo: «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad». Santificar significa: "Apartar". Por tanto, Jesús estaba diciendo: Apártalos por la Palabra. ¡La Palabra aparta!
Cuando creíste al principio en la Palabra de Dios, naciste de nuevo. Fuiste separado espiritualmente del reino de las tinieblas, y apartado para el reino de la luz. En este punto es donde mucha gente se detiene. Ellos dejan que la Palabra de Dios haga su obra inicial de separación, y luego continúan viviendo como todos los demás. Espiritualmente, aún están apartados de la muerte, pero física y mentalmente están hasta el cuello en ésta. Viven pobres, enfermos, preocupados, confundidos, enojados. En otras palabras, son como los demás del mundo.
Pero si le das a la Palabra de Dios el primer lugar en tu vida, ella continuará separándote de la pobreza, de la ansiedad, de la enfermedad, del odio y de la oscuridad de tu viejo ambiente.
Hay algo más que la Palabra de Dios también hará por ti. No sólo te apartará de las cosas de este mundo, sino también te apartará para las cosas de Dios.
Tú no puedes simplemente separarte de algún hábito viejo y destructivo sin apartarte para algo más. No puedes apartarte de las cosas del mundo a menos que te vuelvas a algo más fuerte. Te lo digo podrías gritar, llorar y patear la banca del altar tratando de deshacerte del pecado en tu vida. Incluso podrías gritar: "Amado Dios, quita este pecado de mí". Pero todos los ruegos del mundo no te apartarán de tu pecado. ¡La Palabra sí!
Toma la decisión de darle a la Palabra el primer lugar en tu vida. Toma una decisión de calidad, una determinación de la cual no haya marcha atrás. Sumérjete en la Palabra y permite que ésta haga Su obra. Deja que te aparte de las cosas del mundo para las cosas de Dios.
Lectura bíblica: 2 Corintios 6:14-18
26 de Julio
Kenneth
Come del banquete de la Palabra
«Jesús respondió: «Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4)
La Palabra de Dios es el alimento del espíritu, así como el pan lo es para el cuerpo. Cuando el cuerpo se alimenta, produce un poder físico que se llama fuerza. Cuando el espíritu se nutre del alimento espiritual de la Palabra, produce el poder espiritual que se llama fe. De la misma manera que el cuerpo no puede alimentarse por semanas del recuerdo de una sola comida, tampoco el espíritu puede recordar lo que dice la Palabra y permanecer fuerte en la fe. Tienes que leerla. Aun cuando la hayas leído cientos de veces, necesitas leerla nuevamente.
Trata esto: Cierra los ojos y obsérvate cortando un limón. Ahora pon esa rodaja de limón entre tus dientes y cuando yo diga: Tres, muérdela tan duro que el jugo salpique en tu boca. Uno. Dos. Tres. ¡Muerde! Es posible que tengas un recuerdo tan vívido de lo que es morder un limón, al punto que ahora mismo se te haga agua la boca. Pero déjame preguntarte esto: ¿Te nutriste de ese recuerdo? No.
Recordar la Palabra de Dios no es suficiente. Debes alimentarte constantemente de lo que dice. Ábrela y léela. Ve a la iglesia y pon atención a la predicación de la Palabra.
Un día leerás un versículo familiar, un versículo que has leído miles de veces antes, y de pronto Dios te dará la más grande revelación que hayas tenido: una revelación completamente nueva de ese versículo. Es probable que sea exactamente lo que necesitas saber acerca de tu situación actual.
Sí, puedes alimentarte de la Palabra que está depositada en tu espíritu. Pero recuerda esto: No puedes obtener resultados continuos si no pasas tiempo en oración y en la Palabra de Dios para que el Espíritu te nutra diariamente.
No trates de vivir del recuerdo de tu última comida espiritual. Repón la fuerza de la fe dentro de ti. Date hoy un banquete con la Palabra de Dios.
Lectura bíblica: Juan 6:48-58
25 de Julio
Kenneth
No permitas que tu fe decaiga
«Por tanto, es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que nos extraviemos» (Hebreos 2:1)
Algo muy serio le ha estado sucediendo al Cuerpo de Cristo. A menudo, hemos permitido que el mensaje de fe y justicia, se desvanezca.
No hablo solamente de aquellos creyentes que han estado muy rodeados de religión que nunca han oído del poder que tienen en Cristo Jesús. Hablo de los que hemos oído la Palabra y hemos conocido la emoción de vivir por fe.
Por ejemplo, en mi propia vida, hubo ocasiones en que oraba por sanidad. Decía todas las palabras correctas: Gracias Dios, creo que recibo... Pero por dentro pensaba: ¿Por que será qué Dios no me sana?
Aunque decía que creía que estaba sano, en realidad no era así. Había dudado de la promesa de Dios, creyendo lo que mi cuerpo decía, en lugar de lo que se afirma en la Palabra de Dios.
No me importa cuánto tiempo lleves como creyente o cuánto tiempo tengas practicando los principios de fe. Tu fe en las promesas de Dios fácilmente puede decaer y eso te costaría caro.
Podrías decir: "Pero si caer en incredulidad es tan fácil, ¿cómo podemos evitarlo?".
En Hebreos 4:11 leemos: «Procuremos, pues, entrar en ese reposo, para que nadie siga el ejemplo de los que desobedecieron».
Nosotros debemos esforzarnos. No estoy hablando de trabajar con nuestras manos y nuestros pies o de luchar para conseguir que Dios haga algo, sino de pasar tiempo en la Palabra de Dios, aferrándonos por la fe a las promesas de Dios día tras día. Debemos escuchar la Palabra, y no permitir que se desvanezca.
Mantente firme en la Palabra. No cometas el error de pensar: "Yo sé todo ese asunto de la fe. Sé cómo recibir mi sanidad". No te debilites, o uno de estos días el diablo te tomará desprevenido y te robará sin que te dés cuenta. En lugar de eso, profundiza más en la Palabra de Dios. ¡Trabaja! Se diligente para evitar que tu fe decaiga, ¡y no caerás!
Lectura bíblica: Hebreos 10:23-39
24 de Julio
Kenneth
Deja atrás el pasado
«Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado ya; pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante; ¡prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús!» (Filipenses 3:13-14)
Golpes y contusiones espirituales. Dolores y sufrimientos internos que parecen no irse. Casi todos nosotros sabemos lo que son, pero pocos sabemos qué hacer al respecto.
Esperamos que por arte de magia esas heridas ocultas dejen de lastimarnos, pensamos que quizá (al dormirnos o con una porción adicional de postre) ese fastidioso sentimiento de depresión, finalmente desaparecerá.
¿Sucede siempre de esa manera? ¡No!
Lo sé. A mí me ha sucedido.
Pero gracias a Dios, ya no me ocurre. Durante los últimos años, he enfrentado algunas intensas batallas espirituales. Me he dado cuenta de que esas batallas pueden dejarlo a uno herido en el interior, así como una pelea puede dejarlo herido en el exterior.
Antes de que naciera de nuevo, aprendí lo devastador que puede ser una verdadera pelea física. No obstante, a pesar de lo mal que me sintiera, unos pocos días de descanso me hacían bien.
Sin embargo, la sanidad de un espíritu herido no viene así de fácil. En realidad, el paso del tiempo con frecuencia empeora esta condición.
La razón es ésta: En lugar de dejar los dolorosos fracasos atrás, con frecuencia hacemos énfasis en ellos hasta que llegan a ser más reales para nosotros que las promesas de Dios. Nos enfocamos en ellos hasta que llegamos a estar sumergidos en la depresión, inactivos por el temor de que si proseguimos, volveremos a fracasar.
Pero hay una salida. Si la depresión te lleva en descenso espiritual, lo único que debes hacer para escapar es quitar los ojos del pasado y ponerlos en el futuro, un futuro que ha sido garantizado por Cristo Jesús mediante las abundantes y preciosas promesas de Su Palabra.
Hay posibilidades de que al principio no sea tan fácil para ti. Quizás tu mente ha tenido años de práctica en concentrarse en el pasado. Como un caballo viejo que habitualmente se dirige al establo, es posible que tus pensamientos comiencen a galopar en esa dirección cada vez que le sueltes la rienda.
Por tanto, no las aflojes. Toma las riendas con mucha fuerza. Disponte a meditar en la Palabra de Dios. Reemplaza los pensamientos del pasado con promesas de las Escrituras acerca del futuro, y se diligente al respecto. Entonces, en vez de ser un soldado herido, llegarás a ser el guerrero conquistador que Dios creó.
Lectura bíblica: Filipenses 3:12-21
23 de Julio
Kenneth
¿Pueden los extraños ver a Jesús en ti?
«Al ver el valor de Pedro y de Juan, y como sabían que ellos eran gente del pueblo y sin mucha preparación, se maravillaron al reconocer que habían estado con Jesús» (Hechos 4:13)
¿Te gustaría estar tan lleno de la gloria de Dios al punto que fuera evidente esa gloria en tu vida? ¿Te gustaría que la gente supiera tan sólo con mirarte que has estado con Jesús? Eso es completamente posible si has nacido de nuevo y estás lleno del Espíritu Santo. El mismo poder sobrenatural que te cambió interiormente cuando fuiste salvo, podrá transformarte exteriormente, de tal modo que aun los extraños verán a Jesús en ti.
Uno de mis testimonios favoritos es el que Jerry Savelle cuenta de la vez en que estuvo en un centro comercial con su esposa Carolyn. Él se paseaba despreocupadamente de una tienda a otra, esperando que Carolyn terminara sus compras.
Entonces una mujer se acercó a Jerry, y le dijo: «¿Quiere usted orar por mí?». Ya que no conocía a la mujer, él se sorprendió. De toda la gente en ese centro comercial, ¿cómo es que usted me escogió a mí? —le preguntó—.
Y ella le respondió: «Él Señor me dijo que viniera a este centro comercial y alguien estaría aquí para orar por mí. Yo vine aquí buscando a esa persona. Noté un rayo de luz. El rayo entraba en un almacén, se movía por todos lados, luego iba a otro almacén y se movía aún más. Seguí la luz hasta que descubrí que venía: ¡de usted!».
¿Qué era esa luz? ¡La gloria de Dios! Brillaba sobre Jerry tanto como brillaba en el rostro de Moisés cuando descendió del monte Sinaí. Y esa presencia radiante de Dios trajo sanidad a esa mujer cuando Jerry oró.
Así como era inconfundible que Pedro y Juan habían estado con Jesús, así también era inconfundible que Jerry Savelle había estado con Jesús cuando esa mujer se acercó a él en el centro comercial.
Cuando pases tiempo con Jesús, será innegable. El poder y la gloria del Señor se reflejarán en ti hacia el mundo. Y Su presencia en ti, satisfacera necesidades adondequiera que vayas. ¡Tómate el tiempo para estar con Jesús hoy!
Lectura bíblica: Hechos 4:1-20
22 de Julio
Gloria
Nada que perder
«Díganle al hombre justo que le irá bien, y que comerá del fruto de sus obras. ¡Pero ay del malvado! Mal le irá, y conforme a sus obras se le pagará» (Isaías 3:10-11)
¿Te has sentido temeroso de entregarte totalmente al Señor porque piensas que podrías privarte de algún placer en esta vida? Hay muchas posibilidades de que así será. Eso se debe a que Satanás trabaja tiempo extra para convencerte de que él puede hacer que tu vida, en realidad tenga mérito. Pero no le creas ni por un instante. La verdad es que rendirte por completo al Señor no te hará perder nada que valga la pena tener. Sólo hará que vivas tu vida a plenitud.
La vida de Jesús sobre la Tierra, fue un ejemplo perfecto de una vida totalmente entregada. Él fue un ejemplo vivo de los beneficios que trae vivir en santidad. Adondequiera que iba, Jesús hizo a los sordos oír, a los ciegos ver, a los paralíticos caminar. Él vivió en perfecta paz y en absoluta victoria.
Todo eso me parece muy bien. Todo lo que Jesús se perdió fue que el diablo tuviera dominio sobre Él para matarle, robarle y destruirle. De hecho, el diablo no pudo hacerle nada hasta que, por la voluntad del Padre, Jesús dio Su vida. Hasta ese momento, Jesús camino en victoria total sobre el enemigo.
¿Crees que te perderías de mucho si vivieras de esa manera? ¡Claro que no! Al igual que Jesús, tu puede caminar en la misma unción, el mismo poder y la misma gloria de Dios.
¿Tienes que abandonar toda tu vida para hacerlo? ¡Sí! Necesitas cambiar tu vida por la vida de Dios. Debes cambiar tu enfermedad por la sanidad, tu pobreza por la prosperidad, tu inquietud por la paz y tu pecado por la justicia.
Por tanto, ¿por qué dudar? A fin de cuentas, francamente no tienes nada que perder.
Lectura bíblica: Salmos 37:7-23
21 de Julio
Gloria
La clave para la confianza
«Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios, y recibiremos de él todo lo que le pidamos, porque obedecemos sus mandamientos, y hacemos las cosas que le son agradables». (1 Juan 3:21-22)
Tu nunca quedarás impune si desobedeces a Dios.
Algunas personas piensan que nada les pasará. Piensan que si nadie los descubre, no habrá daño. Después de todo, Dios es misericordioso. Él no guardará nada contra ellos, ¿verdad? Y si nadie más lo sabe... ¿cuál es el problema?
Lo que no comprenden es que su propio corazón comenzará a darles problemas. Su corazón empezará a reprenderlos. Todos los demás pueden pensar que ellos son victoriosos, pues hablan el lenguaje de fe por todas partes. Pero cuando vienen delante de Dios en oración, están llenos de dudas y temores, lo cual hará que sus oraciones no sean escuchadas.
Ésa es una de las razones por la cual es tan importante vivir en obediencia al Señor. Una vida de obediencia te dará una confianza espiritual que nunca habías tenido antes. Te dará confianza en la oración, en la fe y en Dios. Como dice el apóstol Juan: «Los que tratan de quedar impunes con el pecado no tienen esa confianza».
No te digo que debes ser perfecto, ni que jamás debes cometer ningún error, sino que debes andar en obediencia a la luz que tienes. Tomate el tiempo para escuchar y responder al Espíritu de Dios. Cuando Él te diga que haga algo, hazlo.
A medida que lo hagas, esa confianza aumentará dentro de ti. No serás algo que debas fomentar en tu mente o convencerte. Simplemente estarás allí. En vez de ser consumido por las dudas y sentimientos de que la Palabra de Dios no te servirá de nada, te encontraras lleno de fe en que sí se cumplirá. Empezarás a confiar en Dios y fluir con Él. Llegarás al lugar que la Biblia llama: el descanso en Dios.
Recuerda esto: Aunque el precio eterno por tus pecados ha sido pagado, una vida de desobediencia te costará cara. Te costará la confianza que es legítimamente tuya en Jesús. Te robará la fe y te llenará de temor.
No permitas que la reprensión de tu corazón limite tu confianza. Has las cosas que son agradables a los ojos de Dios y camine con la cabeza erguida en el reino de Dios.
Lectura bíblica: 1 Juan 3:21-22
20 de Julio
Kenneth
Da más―no menos
«A quienes reparten, más se les da; los tacaños acaban en la pobreza» (Proverbios 11:24)
Cuando el dinero escasea, siempre es una tentación reducir tu ofrenda. Después de todo, parece lógico. ¡No lo hagas! Terminarás interrumpiendo la corriente de las bendiciones económicas de Dios, justo cuando más las necesita.
Hace unos cuantos años pasé por esa situación. El ministerio tenía un déficit económico de un millón de dólares. En ese tiempo, Gloria y yo habíamos vivido por fe durante 20 años. Sabíamos de antemano que Dios supliría todo lo que necesitábamos: «… conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19). Habíamos visto a Dios comprobarlo una y otra vez, no sólo en nuestra vida, sino también en el ministerio.
Sin embargo, en ese momento en particular, todas las oraciones y la fe que antes nos habían traído victoria parecían no tener efecto. A decir verdad, a medida que transcurría el tiempo, la situación empeoraba en vez de mejorar.
A fin de año, nuestro déficit había llegado a un millón de dólares.
Por fin, un día, ya frustrado y cansado, fui al Señor y le dije: «Ves la condición de este ministerio. Necesito un millón de dólares para cubrir los gastos».
¡No, no lo necesitas! respondió Él.
No podía creerlo. ¿Cómo podía ser posible que me dijera que no necesitaba un millón de dólares? ¿No había visto Él la contabilidad? ¿No había hablado con el tesorero? Estaba perplejo. Todo lo que podía imaginarme era que me había malinterpretado. Así que volví a decírselo.
Y Él volvió a decir: ¡No lo necesitas!
A pesar de mi confusión inicial, a medida que continuaba pidiendo y escuchando, comencé a comprender lo que el Señor me expresaba. Él decía que la tinta roja en los libros, no era el único error. Había otro problema más grande.
Entonces me mostró que necesitaba comenzar a dar el diez por ciento del ingreso del ministerio para ministrar a los pobres.
Para la mente natural, ésa no era una solución. ¿Cómo resolver un déficit dando el dinero que se posee? Pero cuando apliqué esa solución, el déficit del millón de dólares comenzó a desaparecer.
Recuerda eso, la próxima vez que el diablo trate de presionarte. Rompe la influencia que él tiene en tus finanzas, y da más. Pronto verás que la prosperidad de Dios empezará a derramarse en tu vida.
Lectura bíblica: 1 Reyes 17:1-16
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