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20 de Mayo
Kenneth
Libre de la maldición
«Cristo nos redimió de la maldición de la ley, y por nosotros se hizo maldición (porque está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»)» (Gálatas 3:13)
Tu ya sabes lo que pasó: Satanás, en forma de serpiente, se le acercó a la esposa de Adán y la engañó para que desobedeciera a Dios. Aunque Adán no fue engañado, hizo lo mismo que ella.
Ese día, cuando Satanás vino al huerto, no tenía ningún poder. Tuvo que entrar sigilosamente, sin hablar de manera directa con Adán, sino con su esposa.
Adán estaba allí, y debió haberlo echado fuera. Pero no lo hizo. En vez de eso, descartó el mandato que Dios le había dado y obedeció a Satanás; y cuando lo hizo, Satanás se convirtió en su señor.
Al doblar su rodilla ante Satanás, Adán le otorgó la autoridad que Dios le había conferido al hombre. Él hizo a Satanás el gobernador ilegítimo de la Tierra. Las cosas cambiaron de inmediato. El pecado entró al mundo por un hombre, y por el pecado, la muerte; así la muerte pasó a todos los hombres (Romanos 5:12).
De repente, la Tierra y todo lo que había en ella fueron malditos.
Quizás digas: "Entiendo. ¿Vamos a vivir bajo esa maldición el resto de nuestra vida? ¿No había nada que Dios pudiera hacer?"
¡Sí lo había, y lo hizo! Él envió a Jesús. Gracias a Jesucristo Dios nos libró de la maldición (Gálatas 3:13).
Tú fuiste rescatado del señorío de Satanás en el momento en que hiciste a Jesucristo el Señor de tu vida. Fuiste redimido de la maldición. No dije que la maldición ya no está allí afuera. Lo está. Puedes verla a tu alrededor. Pero ahora tienes una opción. Posees autoridad sobre ella en el nombre de Jesús, y puedes resistirla.
Dios ya ha hecho todo lo que el amor puede hacer. Envió a Jesús para redimirte de la maldición. El resto está en tus manos. Ahora debes apropiarte de lo que ha sido creado para ti.
Lectura bíblica: Romanos 5:12-21
19 de Mayo
Kenneth
No pierdas el tiempo preguntándote
«No sean, pues, insensatos; procuren entender cuál es la voluntad del Señor». (Efesios 5:17)
Muchos creyentes se retuercen las manos y se preocupan por saber si están orando de acuerdo con la voluntad de Dios. "¡Qué lástima! —dicen—, ciertamente no puedo esperar a que Dios haga algo por mí que esté fuera de Su voluntad". Y están absolutamente en lo correcto.
Pero no necesitan perder el tiempo andando por ahí confundidos. Necesitan tomar su Biblia y descubrir cuál es la voluntad de Dios.
Dios ha hecho algunas promesas muy claras en Su Palabra, y Su voluntad es cumplir cada una de ellas en tu vida. De hecho, esas promesas están divinamente garantizadas por un contrato que ha sido firmado con la Sangre de Jesucristo.
Piénsalo de esta manera: tu Biblia es el testamento y voluntad final de Jesucristo. Es un registro de la herencia que te pertenece. Todo lo que es tuyo ha sido registrado en ese libro, y si eres inteligente, escudriñarás lo que hay en él. No lo dejes sobre la mesa para que luego clamar: "¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! Estoy buscando la verdad".
Toma tu Biblia y busca en ella lo que te pertenece. Date cuenta de lo que necesitas hacer para actuar conforme a la voluntad de Dios.
La mayoría de las personas no lo hacen. Por el contrario, tratan de cambiar a Dios. Siguen tratando de convencerlo de cuán heridas se sienten o de cuán pobres son. Rogarán, suplicarán, adularán a Dios y actuarán siempre como si tuvieran que cambiar de algún modo la forma de pensar de Dios acerca de la situación. Esas personas se van a quedar esperando por mucho tiempo.
Dios nunca cambiará. Las Escrituras declaran que Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Su voluntad también lo es. Así que no pierdas tu tiempo preguntándote si estás orando conforme a la voluntad de Dios. Tome tu Biblia y fundamenta tus oraciones en la Palabra. ¡Entonces podrás estar seguro de que la respuesta está en camino!
Lectura bíblica: Proverbios 2:1-12
18 de Mayo
Kenneth
Dios estará escuchando
«Y ésta es la confianza que tenemos en él: si pedimos algo según su voluntad, él nos oye.Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, también sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho» (1 Juan 5:14-15)
¿Alguna vez has estado en oración y de repente te ha perturbado la idea de que Dios no está escuchando?
Esto nos ha sucedido a todos. Pero pocos sabemos realmente qué hacer. Oramos de manera inconstante, diciendo las mismas oraciones de siempre y esperamos con incertidumbre que sean contestadas, al tiempo que sospechamos con cierta certeza que no lo serán.
Hoy quiero mostrarte cómo resolver ese dilema de una vez por todas. Pero déjame advertirte: no voy a darte una palmadita en la espalda, asegurándote que Dios escuchará cualquier cosa dubitativa o egoísta que le digas. No lo hará. Él sólo ha prometido escuchar las oraciones que se hacen conforme a Su voluntad. El apóstol Juan nos revela que si oras de esa manera, puedes estar seguro de que recibirás la respuesta a las peticiones que hayas hecho a Dios.
La palabra petición se define como "una solicitud formal escrita y dirigida a un soberano sobre una gracia o derecho en particular"; y eso es exactamente lo que necesitas cuando oras por algo serio.
¿Cómo se prepara una petición sólida que esté de acuerdo con la voluntad de Dios?
Primero: escudriña la Palabra de Dios. Busca pasajes bíblicos que se apliquen a tu situación y úsalos como la base de tu petición.
Luego, arrodíllate y consúltale al Espíritu Santo. Deja que Él te ayude a presentar tu petición en forma detallada. La mejor manera de hacerlo es invertir tiempo orando en otras lenguas (Romanos 8:26-27). Espera que Dios te muestre cosas "de Su corazón a tu corazón". Él quiere que conozcas Su voluntad. Por lo tanto, ¡pon atención cuando estés orando!
Por último, escríbelo. Haz una petición formal escrita, anotando cada pasaje que encuentres. Además, al esperar que el Espíritu Santo te dé los detalles, anota todas las ideas y pensamientos que Él te dé.
Tómate el tiempo necesario. Deja que el Espíritu sea quien elabore tu oración. Trata de asimilar la verdad que te está revelando y espera a que ésta actúe en ti. Afirma la petición en tu mente y cuando estés preparado, preséntasela a Dios.
Créeme: Él estará escuchando.
Lectura bíblica: 1 Juan 5:1-15
17 de Mayo
Kenneth
Camina a la luz del conocimiento que ya posees
«Tú, por tu parte, persiste en lo que has aprendido y en lo que te persuadiste, pues sabes de quién has aprendido» (2 Timoteo 3:14)
Si has nacido de nuevo y tienes la Palabra de Dios en tu corazón, puedes vivir en victoria. Quizás no sepas todas las respuestas. Tal vez existan muchas cosas espirituales que no comprendas. Pero no serán esas cosas las que posiblemente te destruyan. Por el contrario, son aquellas cosas que ya sabes que debes hacer —y no haces—, las que usualmente te harán tropezar.
Sólo piensa en una caminata nocturna por una senda oscura y desconocida en medio de una selva. El guía que va al frente tiene una linterna para guiarte por el camino correcto. Pero, de repente, decides aventurarte solo por la oscuridad. ¿Qué crees que te sucederá? Probablemente tropezarás, caerás y resultarás herido.
Lo mismo te puede ocurrir en tu caminar con el Señor. Él sabe lo que hay adelante de tu vida, y alumbra la suficiente luz para que des un paso a la vez. Deberás continuar siguiendo esa luz para llegar a tu destino.
Quizá no sepas la razón por la cual Él esté guiándote de cierto modo. Tal vez no comprendas todo lo que está en juego. Pero Dios, por medio del Espíritu Santo, compensará tu desconocimiento de las cosas. Él hará que obtengas la victoria si actúas conforme al conocimiento que ya tienes.
Es bueno seguir estudiando. Es bueno seguir aprendiendo. Pero recuerda que no es la gran revelación que aún no has recibido la que te causará los problemas, sino cuando falles en caminar conforme al conocimiento que Dios ya te ha dado. Por eso se fiel a lo que ya conoces. Continúa día tras día, ¡y saldrás adelante en victoria!
Lectura bíblica: 2 Pedro 1:2-11
16 de Mayo
Kenneth
Sal de la barca
«Pedro le dijo: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya hacia ti sobre las aguas.»Y él le dijo: «Ven.» Entonces Pedro salió de la barca y comenzó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús». (Mateo 14:28-29)
Es fácil sentir temor de cometer un error como para nunca atreverse a caminar por fe. Puedes pasarte todo el tiempo preguntándote: "¿Será esto fe o presunción? ¿Qué pasaría si acciono mi fe en tal o cual cosa y luego me doy cuenta de que no he hecho la voluntad de Dios?"
No te preocupes; Dios sabe qué hacer con cualquier error que cometas. Lo sé porque he cometido muchos. Cuando los cometía, simplemente acudía al Señor y Él me decía: Permanece en la Palabra, hijo. Juntos superaremos este asunto. Y siempre lo hemos hecho.
Si haces lo que dice en la Palabra con sinceridad de corazón, y permaneces en la Palabra sin importar qué pase, Jesús nunca te defraudará… a pesar de que cometas errores absolutamente tontos. Él lo demostró la noche en que Pedro saltó de la barca al agua.
¿Te has detenido a pensar en ese incidente? Pedro no había estado ni orando ni buscando la voluntad de Dios hasta ese mismo instante. Guiado por el impulso, exclamó: «Señor, si eres Tú, manda que yo vaya hacia ti».
¿Qué se supone que Jesús respondiera? No podía simplemente decir: "No soy Yo". Supongo que pudo haber dicho: "Espera un minuto. Tú no tienes la suficiente fe para venir hasta aquí. Será mejor que te quedes en la barca porque, si no, te ahogarás".
Él no le dijo eso a Pedro, y tampoco te lo dirá a ti. Si quieres salir y caminar por fe, Él saldrá contigo y te levantará cuando comiences a hundirte y te llevará de vuelta a la barca de ser necesario.
¡Es mejor arriesgarse a ser atrevido, que desperdiciar tu vida en la barca de la incredulidad! Si lo requieres, simplemente salta al agua y di: "¡Señor, ayúdame!"
No dejes que el temor te mantenga alejado de dar ese paso de fe. ¡Vamos, sal de la barca hoy!
Lectura bíblica: Mateo 14:22-33
15 de Mayo
Kenneth
No olvides el gozo
«Regocíjense en el Señor siempre. Y otra vez les digo, ¡regocíjense!». (Filipenses 4:4)
Hace años, decidí que viviría conforme a la Palabra de Dios. Le dije a Dios que en cuanto a mí se refería, Su Palabra era la que mandaba, y la confesaría el resto de mi vida sin importar lo que costara. Ésa ha sido la decisión más importante que he tomado.
No mucho tiempo después, decidí que independientemente de lo que pasara, ya fuera que lo sintiera o no, caminaría en amor. Porque en la Biblia claramente dice que "la fe obra por el amor". No funciona de ninguna otra manera.
Ambas decisiones—caminar por fe en la Palabra de Dios y andar en amor—son las dos decisiones más importantes que yo he tomado en la vida.
Sin embargo, hace poco, Dios me dijo que había algo que estaba dejando fuera: la fortaleza del gozo. Me dijo que no tenía el derecho de caminar por fe y en amor si estaba dejando al gozo latente en mi espíritu. Es demasiado importante. A medida que me enseñaba al respecto, me di cuenta que el gozo es una parte esencial de la vida victoriosa. Sin el gozo, puedo vencer de vez en cuando, pero no podré mantener mi victoria. El triunfo se esfumaría rápidamente.
El gozo es lo que te da la fuerza (Nehemías 8:10) para estar firme cuando se presentan las tormentas y las dificultades. El gozo te da la confianza de reírte en la cara del diablo cuando éste intenta desmoronar tu fe. El gozo te da la perseverancia que te llevará de victoria en victoria.
Así que toma la decisión ante Dios de que caminarás no sólo por fe, no sólo por fe y en amor, sino también con gozo. Regocíjate en el Señor siempre,¡y no habrá nada que el diablo pueda hacer o decir para robarte tu victoria!
Lectura bíblica: Samos 84:1-7
14 de Mayo
Kenneth
Las prioridades de la prosperidad
«Nadie puede servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o estimará a uno y menospreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas». (Mateo 6:24)
Dios no se opone a que tengas dinero. Él se opone a que el dinero te atrape. Dios está en contra de que le des prioridad al dinero y deposites tu confianza en éste.
¿Por qué? Porque Dios sabe que el dinero es un pésimo dios. Su poder es limitado. Sólo puede ayudarte hasta agotarse; su alcance está delimitado.
Si necesitas ser sano de una enfermedad incurable, el dinero no te ayudará. Si tu familia se desintegra, el dinero no la restaurará. Pero si buscas primero a Dios, Él te hará prosperar en cada aspecto de tu vida.
Dios es tan generoso que desea que tengas lo mejor en este mundo, así como tú deseas lo mejor para tus hijos. El plan de Dios es suplir todo lo que tú necesitas conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Pon en orden tus cosas y adopta el plan de Dios: busca primero el reino de Dios y Su justicia.
¡Haz que agradar a Dios sea tu prioridad número uno! Pon tus ojos en Él por encima de todo lo demás, y todas estas cosas te serán añadidas.
Lectura bíblica: Marcos 10:17-21
13 de Mayo
Kenneth
Toma tu lugar
"[Mi firme propósito es] que yo pueda conocerle [que progresivamente pueda llegar a conocerle más profunda e íntimamente, y además percibir, reconocer y entender las maravillas de Su persona más fuerte y claramente], y que de la misma manera pueda conocer el poder sobreabundante de Su resurrección" (Filipenses 3:10, AMP)
Cuanta más comunión tengas con Dios por medio de Su Palabra, más conocerás "el poder de Su resurrección". Cultivarás el gozo, la fe y las mismas cualidades de Dios, con el simple hecho de tener comunión con Él. Empezarás a entender quién eres en Jesucristo.
Recuerdo un día en que leí acerca de la mujer con el flujo de sangre que tocó el borde del manto de Jesús y sanó.
Había leído ese relato muchas veces, y me ponía en el lugar de cada uno de los personajes que estuvieron presentes ese día, tratando de identificarme con ellos y de entender cómo se habrían sentido, incluyendo a la propia mujer.
De repente Dios habló a mi espíritu y me dijo: Lee eso de nuevo, y esta vez ponte en el lugar del que llevaba el manto.
Me quedé atónito. Señor—dije—. ¿Cómo puedo hacer eso, yo no puedo tomar Tu lugar?
Ése es el problema con el Cuerpo de Cristo —me dijo—.Por eso el mundo no sabe nada de Jesucristo. Tú te identificas con todos, menos conmigo. Pero Yo te envié a ser Mi testigo, a que Me imites, y a que tomes Mi lugar… ¡no el lugar de los demás!
Así que leí nuevamente el pasaje bíblico, pero esta vez me puse en el lugar de Aquel que tenía la unción del Espíritu Santo. En vez de arrastrarme hasta tocar el borde de Su vestidura, yo era quien la llevaba, dando libremente lo que Dios me había dado. Después de todo, en la Biblia leemos: «…revístanse ustedes del Señor Jesucristo»(Romanos 13:14; NVI).
¿Sabes qué es lo qué atemoriza más al diablo? Aquellos creyentes que han descubierto que pueden revestirse de Él. Esos creyentes que, en lugar de pedir que Jesús los toque, dejan que la vida de Él fluya a través de ellos hacia los demás.
Vamos, dale al diablo un buen susto. Ten comunión con el Padre, Palabra en mano y comienza a descubrir hoy mismo quién eres realmente en Cristo Jesús.
Lectura bíblica: Lucas 8:40-48
12 de Mayo
Kenneth
Río de revelación
«Pero pongan en práctica la palabra, y no se limiten sólo a oírla, pues se estarán engañando ustedes mismos». (Santiago 1:22)
¿Alguna vez has estado en la situación en la que cada vez que abrías la Biblia recibías un río de revelación? ¿Ahora pareciera como que ese río ha comenzado a secarse? Si es así, te exhorto a volver en el tiempo y examinar la última revelación recibida de parte de Dios. Retrocede y examina si hiciste lo que Dios te pidió. Si no lo hiciste, comienza de nuevo meditando en eso que Dios te dijo y luego ponlo en práctica en tu vida. Pronto verás que comenzarás a recibir nuevas revelaciones de Dios.
Descubrirás que la revelación es más efectiva cuando haces lo que dice la Palabra. He descubierto eso una y otra vez. Cuanto más hago lo que dice la Palabra, más revelación recibo. Por eso, en Santiago 1:22 la Palabra nos exhorta que no solamente oigamos la Palabra de Dios, sino que la hagamos.
Quizás te parezca que las cosas que Dios te ha mostrado son demasiado insignificantes. Ni siquiera tienen sentido para la mente natural. Pero, aun así, hazlo. Si tuvieras discernimiento en la esfera espiritual, te darías cuenta de que ellas son mucho más importantes de lo que piensas.
Explora la Palabra de Dios con nuevos ojos hoy. Ve ante Su presencia con la expectativa de recibir una revelación fresca de las Escrituras y comprométete a ser obediente. Se un hacedor de las revelaciones de Dios y no tan sólo un oidor, y tu río nunca se secará.
Lectura bíblica: Santiago 1:22-27
11 de Mayo
Kenneth
Nunca caigas
«Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que usa bien la palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15)
Muchas personas han estado jugando en lo que respecta a la Palabra. En público, se autoreconocen como gente de fe; pero, en lo privado, nunca abren su Biblia. Luego, cuando vienen los problemas y tratan de permanecer firmes en la Palabra, fallan espiritualmente por completo.
Bien, el momento de jugar se acabó. Es tiempo de percatarnos de que la verdadera fe involucra acción. En Santiago 2:20 leemos que la fe sin obras [o sin la acción correspondiente] está muerta.
Si quieres la clase de fe que te mantenga de pie mientras otros caen a tu alrededor, necesitas practicar la Palabra.
Primero: Necesitas estudiar. Puedes estudiar la Palabra de muchas maneras. No sólo puedes leerla, sino también escudriñarla con concordancias, diccionarios griegos y hebreos y otras guías de estudio. Además, si tienes un reproductor de audio a tu disposición, puedes pasar la mitad del día escuchando enseñanzas. Esa es sólo una manera de estudiarla, pero es poderosa.
Segundo: Ve a un lugar donde se predique la Palabra. Lo que leemos en Romanos 10:17 «…la fe proviene del oír…»,se está refiriendo a la Palabra predicada.
Siempre que comienzo a sentirme rodeado de problemas y se me dificulta escuchar a Dios, dejo todo y busco algún lugar donde pueda oír la predicación de la Palabra. He recibido más respuestas de Dios de esa manera de las que te pueda relatar. Aunque el predicador no haya hablado acerca de algo que esté remotamente relacionado con el asunto con el que estoy luchando, alguna Palabra de las Escrituras comienza de repente a llevar mis pensamientos en cierta dirección. Y de repente me doy cuenta: "¡Ésa es la respuesta al problema con el que he estado lidiando en las últimas seis semanas!".
Tercero: Necesitas comenzar a declarar la Palabra que has oído. Encuentra las promesas de Dios relacionadas con tu situación y confiésalas en voz alta como si ya se hubieran cumplido en tu vida.
Toma la Palabra de Dios en serio. Estúdiala. Declárala. Transfórmate en un obrero tan diligente que, cuando el mismo diablo te mire, se atemorice y diga: "¡Ahí está un creyente que ya no está jugando!"
Lectura bíblica: 2 Pedro 1:3-10
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