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11 de Noviembre
Kenneth
La poderosa fuente de protección
«No saldrá victoriosa ninguna arma que se forje contra ti. Y tú condenarás a toda lengua que en el juicio se levante contra ti. Ésta es la herencia de los siervos del Señor. Su salvación viene de mí. Yo, el Señor, lo he dicho». (Isaías 54:17)
Ninguna arma forjada contra ti prosperará. ¡Qué buenas noticias! ¿No es grandioso saber que ninguna enfermedad, circunstancia o dificultad podrá contra ti?
Hace algunos años, uno de nuestros amigos estaba enfrentando una demanda judicial. Oramos juntos basados en ese versículo y acordamos que ese pasaje sería la palabra final en esa situación, no las acusaciones contra él. Estuvimos firmes en la fe, confiando en que esa demanda no prosperaría contra él.
Efectivamente, cuando mi amigo fue al juzgado, los demandantes no pudieron prevalecer contra él. Él ganó ese debate legal no porque los abogados fueran muy listos, sino porque era inocente y había confiado en esa poderosa promesa de Dios.
Imita ese ejemplo. Cuando el diablo te ataque en algún aspecto de tu vida, no te pongas a llorar ni te cruce de brazos ni le supliques a Dios para que te defienda. Abre la Biblia en Isaías 54:17. Recuerda lo que Dios te ha prometido. Usa esa promesa para fortalecerte contra el pecado y contra toda obra perversa que el diablo quisiera usar para atarte.
Luego aférrate a esa promesa por medio de la oración. Declara: "Señor, rehúso temerle a esa arma que el diablo ha forjado en mi contra, pues sé que de acuerdo con Tu Palabra, no prosperará contra mí. Confío en que Tú me protegerás, y desde ahora te doy gracias por la victoria. En el nombre de Jesús, amén".
No desperdicies la poderosa fuente de protección de Dios. Ponla a funcionar en tu vida. Ella es tu herencia legítima como siervo del Señor.
Lectura bíblica: Isaías 54:10-17
10 de Noviembre
Gloria
El testimonio interno
«El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (Romanos 8:16)
¿Alguna vez te ha sido difícil oír la voz de Dios? ¿Te has encontrado atrapado en alguna situación confusa y necesitando consejo y aun después de orar y de leer la Palabra―aún no estás seguro de lo que Dios quiere que hagas?
Yo he tenido esa experiencia. Conocía la Palabra escrita de Dios y ponerla en práctica cambió mi vida. Pero cuando se trataba de decisiones para las cuales no había una respuesta directa en la Palabra, no estaba segura de qué hacer. Por ejemplo, decisiones como: a cuál ciudad mudarse, y otras cosas por el estilo.
Lo que me guardó fue el conocimiento de que estaba haciendo lo correcto. La Palabra escrita de Dios y el testimonio interno son dos cosas diferentes, nunca se contradicen, pero ambos son parte vital de nuestro caminar en el Señor.
Por ejemplo, Dios esperaba que Israel obedeciera Su Palabra escrita. Pero también les dijo: «Obedézcanme»(Jeremías 7:23; NVI), pues quería que conocieran Su voluntad en situaciones específicas. Eso sucedió cuando Israel conquistó Jericó: el pueblo obedeció la voz de Dios. De otra manera, ¿de dónde más hubieran obtenido ese extraño plan de batalla? No estaba en la ley de Moisés y a nadie jamás se le hubiera ocurrido que marchar siete días alrededor de la ciudad sería una gran estrategia militar.
Pero ¿cómo nos habla Dios? ¿Nos grita desde el cielo?
Por lo general ¡No! En Romanos 8, dice que el Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu. Eso significa que las instrucciones de Dios provienen de adentro, no de afuera.
Es posible que cuando oigas la voz de Dios, te preguntes: "Señor ¿eres Tú o soy yo?". Eso se debe a que Dios por lo general no pone de forma directa pensamientos en tu mente, sino que habla a tu espíritu, y éste convierte la voz de Dios en pensamientos.
Empieza hoy a prestar atención al testimonio, al conocimiento, al consejo y a la voz apacible que sientes en tu interior.
Si cuando la escuchas parece que es tu voz, no te sorprendas. ¡Eres tú! ¡Es tu espíritu que está siendo influenciado por el Espíritu de Dios! Cuando naciste de nuevo, tu espíritu se convirtió en el mejor consejero, porque renació del Espíritu de Dios. Tienes Su naturaleza. Y el Espíritu Santo vive en tu espíritu para enseñarte y guiarte en la vida.
Lectura bíblica: Josué 6:1-20
9 de Noviembre
Gloria
Presume acerca de Dios
"Regocíjense y alégrense en la esperanza; permanezcan firmes y sean paciente en el sufrimiento y en la tribulación. Sean constantes en la oración" (Romanos 12:12; AMP).
Se supone que vivamos en la esperanza y tengamos gozo para que cuando Satanás venga a tratar de quitarnos la victoria y a decirnos que Dios no nos ayudará más, lo único que debemos hacer es tan solo pensar en la Palabra de Dios para recobrar el gozo. Así que regocíjate porque estás en Cristo. Regocíjate de que el cielo es tu hogar. Regocíjate de que mayor es el que está en ti; que el que está en el mundo. ¡Presume acerca de Dios hoy! El diablo no podrá soportarlo.
"…permanezcan firmes y sean paciente en el sufrimiento y en la tribulación". La palabra tribulación significa: "Estar bajo presión, adversidad o persecución". Cuando la persecución o la adversidad llegue a tu vida, no te des por vencido ni desmayes, sino acércate con toda confianza al trono de la gracia, en el Nombre de Jesús, y recibe la ayuda que necesitas.
Ten presente que cuando las cosas se tornan difíciles, no es el momento de olvidarse de la Palabra, sino de duplicar el tiempo en ella. Es hora de ser constante en la oración para que puedas estar firme.
Regocíjate, se paciente en la adversidad y se constante en la oración, y el diablo no podrá robarte nada.
Lectura bíblica: Romanos 5:1-5
8 de Noviembre
Kenneth
Las cosas ocultas de Dios
«Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en los cielos». (Mateo 16:17)
¿Recuerdas cuando fuiste al colegio a aprender el abecedario? Lo hiciste a través de tus cinco sentidos y de tus capacidades lógicas para almacenar y ordenar datos. Esa clase de conocimiento se denomina conocimiento natural, y la mayoría de la gente sólo ha oído de esa clase de conocimiento.
Pero en el reino de Dios existe otra clase de conocimiento que opera de adentro hacia afuera, en vez de afuera hacia adentro. Se llama conocimiento adquirido por revelación divina.
Jesús habló de esta clase de conocimiento en Mateo 16. Él le había preguntado a los discípulos quién creían ellos que Él era. Entonces Pedro le respondió: «…¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!»Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en los cielos.» (Versículos 16-17).
Dicho en otras palabras: "Pedro, tú no recibiste ese conocimiento a través de tus sentidos naturales, sino directamente de Dios".
Si alguna vez has recibido esa clase de conocimiento, te habrás dado cuenta de que después de recibirlo empieza a ver las cosas de forma diferente y a tener una confianza tan firme que como Jesús le dijo a Pedro ni las puertas del Hades prevalecerán en tu contra.
Pero esas revelaciones no surgen fácilmente. Debes meditar en la Palabra y buscar al Espíritu de Dios para que te las reveles porque están ocultas en Él. La Biblia afirma que Dios ha reservado Su sabiduría para los santos (1 Corintios 2:7-9). Nota que dice que la ha ocultado para los creyentes, no de ellos. Dios quiere que las tengas.
Sin embargo, no pienses que Dios te mandará del cielo grandes revelaciones cuando estés mirando la televisión. Es necesario que lo busques.
Si anhelas recibir el conocimiento adquirido por revelación divina, necesitas meditar en la Palabra, orar y estar en comunión con el Señor para que estés en condiciones de recibir ese conocimiento. Empieza a recibir esas revelaciones de Él, es la clase de conocimiento más emocionante que existe.
Lectura bíblica: 1 Corintios 2
7 de Noviembre
Kenneth
Deléitate en la Palabra
«Dichoso el hombre que honra al Señor y se deleita obedeciendo sus mandatos...vivirá sin temor a las malas noticias,y su corazón estará firme y confiando en el Señor» (Salmo 112:1,7)
Quienes se forman el hábito de deleitarse en la Palabra de Dios ¡tendrán un corazón firme! Podrán hacer frente a las calamidades sin perder su firmeza, sabrán qué hacer antes de que éstas lleguen, saldrán victoriosos. ¡Ese tipo de creyentes es difícil de derrotar!
Lo lamentable es que la mayoría de los creyentes esperan hasta enfrentar alguna desgracia para empezar a afirmarse en la Palabra, esperan hasta encontrarse entre la espada y la pared. Entonces es cuando se vuelven muy espirituales y empiezan a ayunar y a orar… Pero frecuentemente se dan cuenta que han empezado muy tarde.
Es como el hombre que al descubrir a un ladrón en la casa empieza a levantar pesas para desarrollar sus músculos y poder hacerle frente al ladrón. Por supuesto que de esa manera no logrará nada. Si se hubiera ejercitado antes en vez de mirar la televisión, habría estado preparado. Pero bajo esas circunstancias, él será fácilmente derrotado.
Prepárate antes de que el diablo allane tu casa. Afirma tu corazón, apaga el televisor, apaga las distracciones del mundo y enciende la Palabra. Hoy es el tiempo propicio para empezar a afirmarte en la Palabra de Dios.
Lectura bíblica: Job 22:21-30
6 de Noviembre
Gloria
Eres un vencedor
«Les he escrito a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al maligno». (1 Juan 2:14)
El hombre fue creado para ser vencedor. La Biblia no los dice. Por ejemplo, en Génesis leemos que al principio Dios le dio al ser humano dominio sobre toda la Tierra y sobre todo ser viviente en las aguas, en el aire y en la tierra.
El hombre ni siquiera sabía lo que significaba perder hasta que se apartó de Dios cuando le desobedeció en el huerto de Edén. A partir de ese momento, el hombre empezó a conocer lo que es la derrota, se vio forzado a aceptar el fracaso como parte de la vida y quedó reducido a una posición subordinada, una posición a la que nunca se le destinó.
Es una historia triste. Pero si eres hijo de Dios nacido de nuevo, tu historia tiene un final feliz. Por la fe en Cristo Jesús, has sido hecho vencedor otra vez.
En realidad, Dios ya garantizó tu éxito. Permíteme explicarte lo que quiero decir. Imagínate que estás a punto de emprender un trabajo muy difícil, y antes de empezar a hacerlo, Dios te habla de manera audible y le dice: Quiero que sepas que voy a encargarme personalmente de que este plan en el que estás trabajando salga bien.
Ahora bien, quiero que sepas que tienes la promesa de Dios de que triunfarás. En Su Palabra Él dice que eres un vencedor. En Él puedes vencer cualquier dificultad que el mundo ponga en tu camino (1 Juan 5:1-5).
No importa cuán perdedor te sientas, ni cuantas veces hayas fracasado en el pasado. Si crees que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, entonces has llegado a ser más que vencedor en Él (Romanos 8:37).
¿Eso quiere decir que ya no tendrás más problemas? No. Simplemente significa que podrás hacer frente a la dificultad y triunfar.
Si últimamente has estado pensado que eres un fracaso, renueva tu mente con la Palabra de Dios que dice que eres un vencedor. Siempre que se te presente un reto, respóndele diciendo:¡Alabado sea Dios!, puedo vencer en esta situación porque Jesucristo ¡ya me ha hecho vencedor!Permite que esa Palabra de parte de Dios habite en tu corazón. Ella hará de ti un vencedor.
Lectura bíblica: 1 Juan 5:1-5
5 de Noviembre
Kenneth
Pelea contra el verdadero enemigo
«Es verdad que aún somos seres humanos, pero no luchamos como los seres humanos.» (2 Corintios 10:3) ¿Sabes por qué tantos creyentes están perdiendo las batallas en su vida?
¡Porque están peleando contra el enemigo equivocado!
Han sido engañados y creen que si alguien les dice o les hace algo para perjudicarlos, deben pelear en contra de esa persona. Pero están equivocados.
La Biblia dice que no tenemos lucha contra sangre y carne. Y como todo ser humano es de sangre y carne, eso implica que nuestros semejantes noson nuncael origen de nuestros problemas.
"Pero, hermano Copeland, no sabe lo que fulano y zutano me hicieron".
Eso no importa, porque si desperdicias tu tiempo peleando contra fulano y zutano, tu verdadero enemigo se saldrá con la suya.
¿Quién es el verdadero enemigo? Mira Efesios 6:12: «La batalla que libramos no es contra gente de carne y hueso, sino contra principados y potestades, contra los que gobiernan las tinieblas de este mundo, ¡contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes!».
¡Satanás y los demonios serán tus enemigos de por vida! Ellos son los culpables de toda afrenta personal que sufres.
Las personas que te perjudican y te ofenden son sólo sus instrumentos. Cuando Satanás quiere hacerte daño, lo hace por medio de ellas.
Recuerda lo siguiente: la persecución no es la manifestación del odio que otra persona siente contra ti, sino la manifestación del temor que Satanás te tiene. Cuando te sumerges en la Palabra y las empleas como la espada del Espíritu, el diablo se llena de temor y busca a alguien a quien pueda enviar en tu contra.
La próxima vez que alguien te ofenda, no te desvíes del camino para pelear contra esa persona, en vez de hacer eso, ata al espíritu que está utilizando a esa persona. Olvídate de la lucha contra sangre y carne, y empieza a pelear con las armas del Espíritu. Enfréntate a Satanás con autoridad y con la Palabra de Dios, y ¡derriba al verdadero enemigo!
Lectura bíblica: Efesios 6:10-18
4 de Noviembre
Sólo se requieren unos pocos
«Si mi pueblo, sobre el cual se invoca mi nombre, se humilla y ora, y busca mi rostro, y se aparta de sus malos caminos, yo lo escucharé desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra». (2 Crónicas 7:14)
Podrías estar pensando: "¿Pueden unos pocos transformar realmente una nación entera?".
Permíteme preguntarte lo siguiente: ¿Puede una persona endemoniada transformar una nación para mal? ¡Por supuesto que sí! Hitler lo hizo en Alemania.
Si el poder del diablo en un ser humano puede cambiar a una nación para mal, puedes estar seguro de que un grupo de hombres y mujeres con el poder de Dios en ellos son capaces cambiar a una nación para bien.
Ninguna nación está tan perdida como para que Dios no pueda cambiarla. Israel es prueba de ello porque, cuando aún no existía, el diablo no pudo destruirla. Dios la levantó ante sus propios ojos.
Quiero que notes algo en las escrituras: «Si mi pueblo, sobre el cual se invoca mi nombre...». Dios no dijo: "Si toda la nación", como requisito para que cambiaran las cosas. Él dijo: «Si mi pueblo...». Nota que tampoco dijo: "si mi pueblo se pone a firmar peticiones y si obtienen la mayoría de votos...". No, Él dijo: «si... ora»; en otras palabras, tendremos que dejar de tratar de resolver este asunto en nuestras propias fuerzas. Dios sanará esta Tierra, pero nuestro deber es orar, creer y buscar Su rostro. Empecemos a hacerlo hoy.
Lectura bíblica: 2 Crónicas 7:1-16
3 de Noviembre
Kenneth
Un campeón experimentado
«Pero los que confían en el Señor recobran las fuerzas y levantan el vuelo, como las águilas; corren, y no se cansan; caminan, y no se fatigan» (Isaías 40:31)
¿Sabías que la fuerza de la fe tiene el poder de rejuvenecer tu cuerpo? Así es. Encontramos un ejemplo de eso en la vida de Sara. La mayoría de personas no entienden el alcance total de lo que Dios hizo en la vida de ella. Lo único que saben es que Dios le dio un hijo en la vejez.
Pero si lo analizas más de cerca, veras que hubo mucho más. Cuando Sara tomo y creyó la promesa de Dios por medio de la fe, esta empezó a restaurar su cuerpo a tal punto que cuando el rey Abimelec la vio quiso tomarla por esposa.
¡Imagínate tal cosa! A los 90 años de edad, ella era tan hermosa que ese rey la quería en su harén. Y eso no es todo, después de que dio a luz a Isaac, la Biblia nos dice que ella lo amamantó hasta que fue destetado, y vivió hasta cuando Isaac creció.
Ahora, yo no te estoy sugiriendo que tengas un bebé a los 90 años como lo hizo Sara. Ella recibió una promesa especial de Dios. Pero sí te aseguro que si crees que Dios puede restaurar tu fortaleza y salud en tu vejez, Él lo hará. De hecho, el Salmo 103 dice que es uno de Sus beneficios. Dice que Dios llenará tu boca de cosas buenas para que tu juventud sea renovada como el águila.
El deseo de Dios es que en tu vejez seas un campeón poderoso y experimentado en la Palabra, y que tu fortaleza sea renovada por la fe. Empieza a confesar eso hoy mismo. Llena tu boca con las promesas de Dios, declara: Alabado sea Dios, mi juventud se renueva como el águila.Y cuando tu labor en la Tierra termine y te vayas al cielo, tu partida no será un simple desvanecimiento, sino que te irás de aquí cubierto de gloria, como el vencedor que Dios ha creado para que seas.
Lectura bíblica: Salmo 92
2 de Noviembre
Kenneth
Jesús abrió el camino
"En el principio [antes de que existiera el tiempo] era la Palabra (verbo) [Cristo], y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios mismo... Y la Palabra [Cristo] se hizo carne (se hizo humano, se personificó) y habitó (hizo su tienda, vivió) entre nosotros" (Juan: 1:1,14;AMP).
La deidad del Señor Jesucristo es algo que nunca debería ser puesto en tela de juicio por ningún creyente nacido de nuevo. Nuestra salvación se basa en el hecho de que Jesucristo es Dios, la segunda persona de la deidad: Dios Hijo.
Juan el discípulo y el apóstol amado, despeja cualquier duda que pueda existir respecto a esto en Juan 1:1,14. Cualquier persona que dude de lo que dicen esos versículos es posible que no haya nacido en el reino de Dios, porque la deidad de Jesucristo es el fundamento de nuestra fe.
Sin embargo, si buscas en los evangelios, veras que Jesús, en Sus 33 años de vida terrenal, no anduvo anunciando que Él era Dios. En cambio, sí confesó ser el Hijo de Dios, el Mesías, y que Dios era Su Padre (lo que enfureció a los fariseos), pero nunca afirmó ser el Dios altísimo. De hecho, les dijo a los discípulos que Dios el Padre era mayor y más poderoso que Él (Juan 14:28).
La razón es simple: Él había venido al mundo no sólo como Dios, sino también como hombre. La Palabra dice que Jesús se despojó de Su poder divino y tomó la forma de un ser humano, con todas las limitaciones que eso implicaba. Pero como Dios era Su Padre, Jesús no nació con la naturaleza pecaminosa con la que nacen todos los hijos de Adán. Sin embargo, como nació de mujer, en todos los otros aspectos era hombre, y se llamó a Sí mismo el Hijo del Hombre o, literalmente, el Hijo de Adán.
Entonces, ¿cómo hizo todas esas obras poderosas? De la misma forma que Él espera que nosotros las hagamos hoy: por la unción y el poder del Espíritu Santo (Hechos 10:38). Él dijo: «Sino que el Padre, que vive en mí, es quien hace las obras».
¿Qué significa eso para nosotros? Jesús quiso decir exactamente que nosotros como creyentes podríamos hacer las obras que Él hizo (Juan 14:12).
Esto se refiere a que como hijos de Dios nacidos de nuevo y llenos del mismo Espíritu Santo, como Jesús lo fue, tenemos la oportunidad de hacer las cosas de la misma forma que Él lo hizo cuando estuvo en la Tierra. De hecho, ése es Su verdadero propósito. Él nos precedió como hombre, y nos abrió el camino. Entonces no nos limitemos a admirarlo por eso, sino a imitarlo en ello.
Lectura bíblica: Juan 14:1-15
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