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26 de Diciembre
Kenneth
Conoce a Dios como tu papito
«Porque [el espiritu que] has ahora han recibido no [es] un espíritu que esclavice nuevamente al miedo, sino que han recibido el espíritu de adopción [el espíritu que produce filiación], en la dicha por el cual clamamos: ¡Abba, [papito] Padre!» (Romanos 8:15)
Una noche, después de un servicio de adoración, un amigo mío y yo salimos a la calle y de pronto nos quedamos maravillados al contemplar la belleza que nos rodeaba. Era una de esas lindas noches de invierno completamente despejadas en las que el resplandor de la luna y de las estrellas lo dejan a uno boquiabierto. Le dije a mi amigo: "Tommy, ¡mira eso!". Él miró hacia arriba con una de esas sonrisas inspiradas por el Espíritu Santo, y con una voz llena de ternura exclamó: "¡Mi Papito hizo eso!".
¡Mi Papito..! Nunca olvidaré la manera en que lo dijo.
Algunos personas piensan que él no debió haber usado palabras tan informarles para dirigirse a Dios, pero se equivocan. Es bíblico dirigirse de esa manera a Él. La palabra en arameo que significa padre es abba y es usada varias veces en el nuevo testamento. La traducción equivalente en español es papito. Es una palabra que significa cercanía, e implica una relación que ha sido cultivada a través del tiempo.
"Papá" es una cosa y "Papito" es otra.
De niño, mi papá a veces era mi "padre" y en otras ocasionas mi "papito". Cuando nos íbamos a cazar patos, él era mi "papito"; cuando daba órdenes que quería que se obedecieran al instante, él era mi "papá".
Lo mismo podemos decir de Dios: Él es nuestro Papá y nuestro Papito. A veces vamos a estar hablando de algunos asuntos con Él muy seriamente; otras veces la conversación será más amena. En todo caso, una vez llegues a conocerlo más íntimamente, te aseguro que desearás estar cerca de Él todo el tiempo.
Lectura bíblica: Romanos 8:14-18
25 de Diciembre
Kenneth
Un tiempo para olvidar
«Entonces se le acercó Pedro y le dijo: «Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le dijo: «No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18:21-22)
¿Recuerdas cuando...? Esa es una pregunta que se oye a menudo durante este tiempo de año. Entre la familia o con amigos traemos a la memoria recuerdos agradables de navidades pasadas. Pero también nos vienen a la memoria experiencias que preferiríamos olvidar.
De repente, el dolor de algo que pasó regresa, el aguijón de las críticas negativas, la decepción de alguna promesa incumplida, el rechazo, los desacuerdos, las angustias…
¿Qué debemos hacer con esa clase de recuerdos? ¿Hemos de arrastrarlos toda de nuestra vida, junto con el resto de nuestras cargas?
No tiene que ser así, podemos deshacernos de ellos; es más, debemos hacerlo. No obstante, hay sólo una forma de hacerlo: por medio del perdón.
Perdonar a otros parece algo fácil; sin embargo, muy pocos lo hacemos. Miramos el perdón como si fuera opcional, como algo que podemos aceptar o descartar. Pero la verdad es que el perdón es un requisito fundamental en la vida del creyente. Desde la perspectiva de Dios, la falta de perdón constituye una maldad. En Mateo 18, Jesús relata una parábola que ilustra las consecuencias del rencor. La parábola habla de un siervo que le debía a su señor el equivalente a millones de dólares. Cuando llegó el día en que debía pagar, el siervo dijo a su amo: «Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo». (versículo 26). Este amo se conmovió tanto que le perdonó toda la deuda.
Poco después, ese siervo buscó a un amigo que le debía el equivalente a USD$15. Al enterarse de que el amigo no podía pagarle, hizo que lo echaran en la cárcel, y no le importó los ruegos que éste le hizo.
Cuando el amo del siervo oyó lo que pasó, se indignó y dijo que era un siervo malvado, y lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Observa nuevamente el monto de la deuda que no fue perdonada: quince dólares. Las deudas pequeñas son las que por lo general nos causan más problemas: los resentimientos insignificantes entre cónyuges o entre hermanos, los rencores que no parecen importantes como para afrontarlos. Ten cuidado, ésa es la clase de deudas de las que Satanás se vale para atormentarnos.
Después de todo, Jesús pagó una montaña de deudas por ti. Sin duda, tu puedes ser generoso con las deudas de centavos que otros te deben.
Invierte tiempo con el Espíritu Santo y pídele que te muestre cualquier rencor que estés albergando. Luego, arrepiéntete y deshazte de ese rencor. Has de esta Navidad no sólo un tiempo para recordar, sino también para perdonar y olvidar.
Lectura bíblica: Mateo 18:21-35
24 de Diciembre
Kenneth
Éxito
«Procura que nunca se aparte de tus labios este libro de la ley. Medita en él de día y de noche, para que actúes de acuerdo con todo lo que está escrito en él. Así harás que prospere tu camino, y todo te saldrá bien». (Josué 1:8)
El éxito en la vida, es necesario cimentarse o establecerse en la Palabra de Dios. Es necesario pensar y meditar en ella hasta que se convierta en lo que podríamos llamar "una segunda naturaleza". Es importante prestarle atención y obedecerla con tanta constancia que esta empieza a guiar tus acciones aun cuando no estás pensando conscientemente en lo que dice.
Cuando yo empecé a pilotar aviones, aprendí a hacerlo estudiando una y otra vez el manual. En mi mente visualizaba todo lo que podría ocurrir en ese avión. Pensaba y meditaba constantemente en lo que debía hacer, y así fue como aprendí a pilotar.
Y es exactamente eso lo que empecé a hacer con la Palabra de Dios. Meditaba en ella de día y de noche. Al poco tiempo, empecé a emocionarme acerca de lo que estaba leyendo. Solía sentarme en mi casa y pensaba en cómo podía aplicar la Palabra en diferentes situaciones. Me veía orando por los enfermos y sanándolos. La Palabra se convirtió en "mi segunda naturaleza"; es decir un hábito muy arraigado en mi vida.
Practica meditar la Palabra de esa manera. Deja que llegue a ser parte de tu vida. Mírate obedeciéndola en toda situación, porque entonces todo te saldrá bien.
Lectura bíblica: Salmo 1
23 de Diciembre
Kenneth
Vete cuando estés listo
«Te concederé muchos años de vida, y te daré a conocer mi salvación» (Salmos 91:16)
¿Sabías que no es la voluntad de Dios que nadie muera joven? Su voluntad para ti es que vivas el número completo de nuestros días. Deberías vivir 70 u 80 años, y si no estas satisfecho con esos años, vive más tiempo! La Biblia dice que Abraham murió estando anciano y lleno de años. Debería ser lo mismo para todos nosotros.
A algunos creyentes se les ha complicado la vida porque no han llegado a entender este punto. Cuando se enferman, en lugar de creer en la sanidad empiezan a pensar que quizá ya les haya llegado la hora de morir y que tal vez es la voluntad de Dios que partan de este mundo. Piensan: "A lo mejor Él está listo para llamarme a casa".
No abrigues jamás esos pensamientos. Si dejas las cosas en las manos de Dios, Él te llevará al cielo cuando estés preparado para partir. El apóstol Pablo entendió eso. En 2 Timoteo 4:6-7, dijo: «Yo estoy ya a punto de ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe». Pablo murió cuando él y Jesús estuvieron preparados para que él partiera.
Sin importar cuál sea tu edad, si el diablo te dice que Dios no va a sanarte porque es hora de que partas, no le creas está mintiéndote. Dios promete en el Salmo 91:16 que si habitas bajo la sombra del Altísimo (en otras palabras, que si permaneces en Él como Jesús dice en Juan 15), Él te saciará de larga vida.
Si aún no has terminado tu carrera en esta Tierra y no estas satisfecho, entonces aún no es hora de que mueras. Así que, no le hagas caso al diablo, sigue viviendo. Reprende las enfermedades y los males en el Nombre de Jesucristo. Aférrate a las promesas de Dios.
Después cuando sea tiempo de irte al cielo, ¡hazlo satisfecho, sano y listo! Parte en victoria cantando las palabras de un antiguo canto lleno de gozo: "El cielo está cerca y yo no me puedo quedar aquí. Adiós mundo, adiós".
Lectura bíblica: Deuteronomio 34
22 de Diciembre
Kenneth
No te quedes sentado, ¡levántate!
«A la entrada de la ciudad había cuatro leprosos, que se decían el uno al otro: «¿Para qué nos quedamos aquí, esperando la muerte?... Asi que se levantaron» (2 Reyes 7:3-5 AMP)
No importa cuán terrible sea el problema por la cual estás atravesando, ni cuán sumido te encuentres bajo las circunstancias, en 24 horas podrías superar esos inconvenientes.
¡Oh, hermano Copeland, eso sería imposible!
Eso mismo pensaron los samaritanos en 2 Reyes 7. Su tierra estaba siendo asolada por el hambre. Las tropas enemigas tenían sitiada la ciudad y habían cortado toda ruta de suministro. Las madres se comían a sus propios hijos para poder subsistir.
Pero justo en medio de toda esa tragedia, el Señor le dijo al profeta Eliseo que en 24 horas todo cambiaría. La harina y la cebada se venderían por unos cuantos centavos y habría abundancia para todos.
¿De qué se valió Dios para cambiar la situación?
¡De cuatro leprosos! En lugar de sentir lástima de sí mismos y esperar hasta morirse, estos leprosos decidieron levantarse y arriesgarse en el campo enemigo. Cuando llegaron, lo encontraron abandonado. Los ángeles de Dios habían hecho que el ejército entero huyera, y en el campo había quedado suficiente alimento para toda la ciudad de Samaria.
Algunas veces actuamos como lo hicieron los líderes de Samaria. Nos concentramos en el problema en lugar de concentrarnos en la Palabra de Dios. Ponemos tanta atención a la voz del mundo que perdemos la visión de nuestra victoria.
Cuando eso sucede, la fe y el poder comienzan a disminuir y la vida se nos derrumba por todos lados.
Si te ha pasado eso, deja de lamentarte, deja de fijarte en el problema y de sentir lástima de ti mismo. Porque eso ¡no cambiara nada!
Tal como lo hizo para Eliseo, Dios te ha dado una palabra. Te ha prometido darte la victoria y hacerte vencedor.
No te quedes ahí sentado esperando hasta que mueras. No aceptes la derrota, levántate en fe. Mantente firme en la Palabra de Dios y pelea por tu vida. Enójate con Satanás y échalo fuera. Enójate con la enfermedad. Enfurécete con la pobreza, y empieza a dar más.
¡Levántate y recibe la liberación del Señor!
Lectura bíblica: 2 Reyes 6:24-33, 7:1-20
21 de Diciembre
Kenneth
Aférrate a tu llamado
«Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti... quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos» (2 Timoteo 1:6, 9)
¿Estás haciendo lo que Dios te llamo a hacer?
Si no lo habías pensado antes, esta pregunta te puede parecer un poco extraña. Quizás piensas que no es importante y te sientas tentado a decir: "La verdad es que no he sido llamado a nada. No soy pastor, ni maestro ni ministro de ninguna clase. Creo que soy simplemente lo que podrías llamar un dedo meñique en el Cuerpo de Cristo".
Déjame decirte algo: Sin importar quién seas, Dios ha puesto un llamado santo en ti. Él te diseño y te llamo para que suplas una necesidad en el Cuerpo de Cristo que nadie más puede cumplir.
Puede ser que te haya llamado a tener éxito en los negocios para que puedas financiar la predicación del evangelio por todo el mundo. Tu llamado puede ser al ministerio de oración e intercesión. Puede que seas llamado al ministerio de sanidad en el barrio donde vives. Pero sin importar cuál sea tu llamado, tenga presente que éste es muy importante y debes cumplirlo.
Si eres como muchos creyentes que conozco, quizá hayas dejado que tu vida se llene de tantas cosas que no tienes tiempo para perseguir tu llamado. Puedes estar tan abrumado con los afanes de la vida que no te imagina cómo puede ocuparse de algo más.
Un pastor amigo mío, a lo largo de los años, se involucró en diferentes áreas del ministerio, y estuvo a punto de desgastarse físicamente, pues se encontraba bajo mucha presión; la sobrecarga casi acabó con su vida. Finalmente el Señor le habló una noche, y le dijo: John, no fue tu llamamiento lo que casi te mata, sino todas las otras cosas que le has añadido.
Yo he tenido que encarar eso en mi propia vida. He tenido que dejar de hacer cosas que yo creía que debía hacer. Y he tenido que disciplinarme para hacer sólo lo que estoy llamado a hacer.
Propónte en oración eliminar las cosas que has añadido a tu vida. Aviva el don que Dios ha puesto en ti. Vuelve a lo que Él te ha llamado a hacer.
Después de todo, ese llamamiento es vital, es santo y es tuyo, jamás permitas que se te escape.
Lectura bíblica: Hechos 9:1-20
20 de Diciembre
Kenneth
Un pedacito de cielo en la Tierra
«Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. 13 Sean mutuamente tolerantes. Si alguno tiene una queja contra otro, perdónense de la misma manera que Cristo los perdonó». (Colosenses 3:12-13)
Vivir en un hogar lleno del amor y de la paz de Dios es casi como vivir en el cielo aquí en la Tierra. Todos sabemos que eso es verdad, y anhelamos vivir en ese hogar. Sin embargo, una y otra vez decepcionamos a nuestras familias, pues dejamos nuestras palabras más bondadosas y nuestras sonrisas más encantadoras para quienes no viven en nuestra casa.
¿Alguna vez te has preguntado por qué sucede eso?
La respuesta es más simple de lo que te puedes imaginar. En términos espirituales, tu familia se encuentra bajo ataque. Tu familia no sólo es uno de sus regalos más valiosos, sino que cuando está funcionando en armonía es uno de sus recursos más poderosos. Satanás sabe eso, aunque quizás tu no, y está dispuesto a destruirla.
El plan de batalla de Satanás es simple. El hará todo lo que pueda para crear división en tu casa. Incitara los sentimientos autocompasión y los celos. Y te instigará a guardar rencor y a alimentar la amargura. Su propósito siempre es el mismo: dividir y destruir tu hogar.
Cuando en el pueblo de Dios hay armonía, los milagros empiezan a suceder. Esa armonía crea un ambiente propicio para que el poder sobrenatural de Dios de obrar milagros fluya libremente. Por eso Satanás siempre está tentándonos para que destruyamos ese ambiente de armonía, para que nos enojemos unos con otros y estropeemos las cosas. Con demasiada frecuencia caemos en sus maquinaciones sólo porque no nos percatamos de lo perjudicial que es la contienda. Pero basta con mirar cuidadosamente la Palabra de Dios para resolver ese problema. Sin embargo Santiago 3:16 dice: «Pues donde hay envidias y rivalidades, allí hay confusión y toda clase de mal».
No le abras la puerta de tu casa a Satanás, al darte "el lujo" de permitir las disputas en tu familia.
Detén la destrucción antes de que empiece. Asegúrate a la Palabra de Dios, y descubre lo que ella dice acerca del poder de la unidad. Deja de mirar a tu familia desde tu propia perspectiva limitada y empieza a verla como Dios la ve―como una fuente de poder. De esa manera no te verás arrastrado hacia una contienda cada vez que se caldeen los ánimos en tu casa.
Determina ahora mismo, que no permitirás que el diablo tome a tu familia. Al contrario, ora por ella, sino que apóyala, ámala. Únelos a todos para que puedan disfrutar de un pedacito de cielo aquí en la Tierra.
Lectura bíblica: Colosenses 3:12-25
19 de Diciembre
Kenneth
No te conformes con el segundo lugar
«Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando estén pasando por diversas pruebas. 3 Bien saben que, cuando su fe es puesta a prueba, produce paciencia». (Santiago 1:2-3).
Lo admito, es difícil entusiasmarse cuando uno atraviesa por pruebas y dificultades. Pero, ¿podrías entusiasmarte si todas tus necesidades fueran suplidas, sin que te falte nada? Bueno, según la Palabra de Dios, si aprendes a ser paciente en las pruebas y dificultades, estarás en la mejor posición para que eso se cumpla en tu vida.
La paciencia no es lo que te imaginas. La paciencia no significa que debe contentarte con el segundo lugar, no significa que debes soportar humildemente mientras que el diablo hace lo que quiere contigo.
No, la paciencia es una palabra con poder. Esta palabra en el Nuevo Testamento traducida del griego significa literalmente: "Ser constante todo el tiempo o ser de la misma forma todo el tiempo sin importar lo que pase".
Para entender el poder que ese significado conlleva, hay que recordar que la paciencia es uno de los grandes atributos de Dios. La Biblia dice que Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
Piensa en eso por un momento. La persona a quien nada ni nadie le haces cambiar, es una persona con mucho poder; ¿no es cierto? Sin duda Dios tiene todo ese poder.
¿Pero sabes qué? ¡Tú también lo tienes!
Por el poder del Espíritu Santo que vive en ti, tú puedes ser el mismo siempre a pesar de lo que suceda. Si pones tu confianza en la Palabra de Dios y dejas que la paciencia haga su obra, no importa lo que suceda, nunca tendrás que aceptar nada que no sea la victoria.
Ahora, ese es motivo para entusiasmarse.
Lectura bíblica: 2 Timoteo 3:10-17
18 de Diciembre
Gloria
Extremadamente bendecido
«Piedra preciosa es el soborno para el que lo practica; adondequiera que se vuelve, halla prosperidad» (Proverbios 17:8 RVR1960)
Si pudiera darte un regalo en esta Navidad, te daría la Palabra de Dios. Preferiría darte eso que un millón de dólares, porque un millón de dólares no te duraría mucho; en cambio, la verdad de la Palabra de Dios permanece para siempre. Además, podrá sacarte de situaciones en las que un millón de dólares no podría hacer nada por ti.
Kenneth y yo somos personas sencillas y comunes. Pero el día en que nos aferramos a la Palabra de Dios, nos aferramos a algo muy fuera de lo común, lo cual transformó cada área de nuestra vida.
Nada de lo que nos ha sucedido ha sido por nuestra causa. Todo lo que ha pasado ha sido por la Palabra de Dios. En realidad, ni siquiera tengo que conocerte para decirte que si obedeces la Palabra de Dios de todo corazón y no temes cuál sea la voluntad de Dios para tu vida, serás feliz y serás prosperado más de lo que puedas imaginarte.
Por supuesto que si hace eso, es posible que lo tilden de extremista. La gente dice eso de nosotros todo el tiempo, pero nos tiene sin cuidado, porque en realidad somos extremistas. Y si pones tu fe en la Palabra de Dios, también podrás ser extremista. Extremadamente saludable. Extremadamente próspero y extremadamente bendito. ¡Feliz Navidad!
Lectura bíblica: Salmos 119:56-65
17 de Diciembre
Kenneth
Atrévete a tomar tu lugar
«Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor para con los hombres... el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo, nuestro Salvador, para que al ser justificados por su gracia viniéramos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna» (Tito 3:4,6-7)
Un pacto de gracia. Eso es lo que tenemos con el Dios todopoderoso. Si en realidad entendieras la importancia de este pacto, nunca más serias el mismo.
¿Qué es exactamente el pacto de gracia? Es una relación de favor que te da acceso al poder de otra persona.
Una ilustración del pacto de gracia es el pacto que los miembros de las antiguas familias sicilianas tenían con el "padrino" de la "familia".
En ese clan, una persona en una situación de desventaja podía pedirle al padrino un favor. El padrino decía: «Te concederé este favor y a cambio te pediré otro. Cuando llegue el momento, te diré cuál será ese favor».
Una vez que el padrino decia esas palabras, la persona en desventaja se llenaba de emoción. Repentinamente sabía que se había quitado un gran peso de encima. Si alguien trataba de causarle problemas, ese alguien tendría que entenderse con el padrino, quien ejercía todo el poder. La actitud de la persona en desventaja cambiaba por completo, salía de la presencia del jefe de la familia con la confianza plena de que no tenía de qué preocuparse. Ya no se veía en su mente pequeña y sin poder. Había obtenido favor (gracia) con el poderoso.
Esa persona se iba pensando: "Todo está arreglado. Sólo debo cumplir lo que el padrino me pida―y él sabe que no tengo nada; así que cualquier cosa que me pida que haga, él proveerá los medios para hacerlo".
Eso es gracia: la voluntad de Dios de establecer un pacto de sangre con nosotros mediante el cual nos da todo lo que Él tiene a cambio de todo lo que nosotros tenemos.
Él tomó nuestro pecado para entregarnos a cambio Su justicia. Tomó nuestras enfermedades para darnos Su salud. Tomó nuestra pobreza para suplir todo lo que necesitamos conforme a Sus riquezas en gloria. Siempre que Dios nos pide que hagamos algo, Él pone a nuestro alcance todo lo que necesitamos para hacerlo.
El gran Jehová, el Dios del cielo y de la Tierra, es nuestro Padre Dios. ¿Puedes entender lo que eso significa? Si estás cubierto por la sangre de Jesús, has sido hecho hijo de pacto del Ser más poderoso del universo.
¡Atrévete a tomar tu lugar en la familia!
Lectura bíblica: Lucas 4:14-21
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