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29 de Octubre
Gloria
Ven, Señor Jesús
«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él porque lo veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro». (1 Juan 3:2-3)
Desesperación. Es un sentimiento que será muy común entre la gente del mundo cuando éste llegue a su fin. Pero es algo que nosotros como creyentes jamás debemos sentir, pues no importa cuanta presión venga sobre el mundo, no importa cuán oscuras sean las circunstancias a nuestro alrededor, sabemos que hay una esperanza firme en la Segunda Venida del Señor Jesucristo.
A veces olvidamos ese hecho. Tenemos nuestra atención tan concentrada en las cosas naturales de esta vida que perdemos esa esperanza, y nos vemos atrapados en la desesperación de nuestro entorno. Pero no debemos permitir que eso suceda.
Un amigo conoció, en el Medio Oriente, a una mujer árabe nacida de nuevo que era una prueba viviente de lo que es tener esperanza. Ella vivía atrapada en un mundo que la mayoría de nosotros consideraríamos casi insoportable. Vivía en una zona de guerra, la cual fue destruida por la violencia. Todos los días se enfrentaba al peligro de bombas y de balas.
Esa mujer árabe no tenía esperanza en lo natural. Su país estaba siendo destruido ante sus ojos. Ella tuvo que ir a Israel a trabajar y a conseguir dinero para su familia porque no había trabajo donde vivían ni forma de ganar dinero. Todo a su alrededor parecía ir de mal en peor. Pero ella le dijo a mi amigo que tenía esperanza porque sabía que Jesús volvería por ella. Esa esperanza la animaba a seguir adelante.
Así que, si te sientes sin esperanza, quita tus ojos de este mundo y ponlos en la pronta venida de Jesús. No solamente levantará tu espíritu, sino también lo purificará, dice la Biblia. Hará que vivas rectamente, separado del pecado y del fracaso del mundo a tu alrededor. Te llevará al gozo y a la victoria de Dios.
Ten presente lo siguiente: Cuando este viejo mundo llegue a su fin, tú y yo apenas estaremos empezando. Comenzaremos a disfrutar de la vida más gloriosa que alguna vez hayamos conocido. La gente de esta Tierra puede mirar tristemente y anhelar los mejores días del pasado. Pero para ti y para mí lo mejor está aún por venir. Por eso podemos decir aleluya en medio de los problemas y exclamar con el apóstol Juan: "Sí, ven, Señor Jesús." ¡Ven pronto!
Lectura bíblica: Apocalipsis 21, 22:1-7
28 de Octubre
Gloria
Disfruta la victoria
«Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria [haciéndonos conquistadores] por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1 Corintios 15:57)
¡Victoriosos! ¡Más que vencedores! Eso es lo que la Biblia dice que somos. Sé que lo has oído muchas veces antes, pero hoy quiero que permitas que esa realidad penetre en su vida. Quiero que pase algún tiempo meditando en lo que esas palabras realmente significan.
El diccionario dice que victoria significa: "Supremacía o superioridad final y completa en una batalla o guerra, éxito en cualquier competencia o problema que involucre la derrota de un oponente, o pasar los obstáculos".
Vencer significa: "Quedar por encima del oponente en una competencia o un problema, dominar, suprimir, prevalecer, arrollar, sojuzgar, someter, aplastar, derrotar".
Una vez que esas definiciones queden firmes en tu mente, entenderás que en Jesús has conseguido mucho más que un boleto al cielo. Has sacado provecho del mundo en el que vives ahora. Por medio de Jesús has triunfado, vencido, derrotado y prevalecido sobre el mundo.
Por esa razón 1 Corintios 15:57 grita: "Mas gracias sean a Dios, quien nos da la victoria [haciéndonos conquistadores] por medio de nuestro Señor Jesucristo" (AMP).
¿Por qué no lo gritas tú también? Grítalo hoy, dando gracias a Dios por convertirte en un vencedor. Alábalo porque estás unido a Aquel que ha vencido al mundo, a la carne y al diablo. ¡Grita aleluya y disfrute la victoria!
Lectura bíblica: Romanos 8:29-39
27 de Octubre
No dependas de las suposiciones
«Clama a mí, y yo te responderé; te daré a conocer cosas grandes y maravillosas que tú no conoces». (Jeremías 33:3)
¿A quién acudes cuando necesita ayuda, cuando necesitas respuesta a una pregunta importante? ¿Le preguntas primero a Dios?
Muchos creyentes no lo hacen. Se la pasan retorciéndose las manos y hablando uno con el otro todo el día. Le preguntan al pastor, a los amigos o al cónyuge. Pero ¿le preguntan a Dios? No.
No cometas ese error.
Mejor sigue el ejemplo del rey David. En 1 Crónicas 14, la Biblia nos dice que él estaba a punto de entrar en batalla contra todos los poderosos filisteos que habían salido contra él. La nación filistea había sido enemiga de Israel por años. David quizá pudo suponer que Dios le diría que fuera a la batalla contra ellos. Pero él no se puso a adivinar «Entonces David consultó a Dios, y le dijo: «¿Debo atacar a los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano?» Y el Señor le dijo: «Atácalos, que yo los entregaré en tus manos.» (Versículo 10).
No dependas de las suposiciones. Cuando te enfrentes a un problema, busca al Señor por medio de la Palabra y de la oración, y pregúntale cuál es la solución. No importa cuántos pasajes bíblicos aprendas, no importa lo mucho que entiendas quién eres en Jesucristo, nunca estarás exento de buscar a Dios.
Preséntate ante el Señor y descubre exactamente lo que Él quiere que hagas. No decidas por ti mismo para luego pedirle a Dios que bendiga tus planes. Ve a Él y dile: "Señor, ¿cuáles son Tus planes?" Sus planes ya están bendecidos, y si los sigues, tu victoria está garantizada.
Lectura bíblica: 1 Crónicas 14:8-17
26 de Octubre
Kenneth
Toma tu lugar
«Pero Dios, cuya misericordia es abundante, por el gran amor con que nos amó, nos dio vida junto con Cristo, aun cuando estábamos muertos en nuestros pecados (la gracia de Dios los ha salvado), y también junto con él nos resucitó, y asimismo nos sentó al lado de Cristo Jesús en los lugares celestiales» (Efesios 2:4-6)
Dios nos ha resucitado para que nos sentemos en los lugares celestiales con ¡Cristo Jesús! Eso es lo que dice la Palabra de Dios. Muy pocos nos hemos atrevido a creer esto de todo corazón. Hemos exaltado a Jesús. Lo hemos exaltado― ¡y con razón! Pero también hemos menoscabado, inconscientemente, lo que Él hizo porque no le hemos permitido que nos dé nuestro lugar a Su lado. Ése fue el propósito de Dios en el Calvario: que ocupáramos un lugar al lado de Jesús, convertirnos en lo que Él ya era.
Jesús no necesitaba ser exaltado. Él ya había sido exaltado antes de venir al mundo. Él ya era uno con el Padre. Jesús no necesitaba obtener autoridad sobre el diablo porque nunca la había perdido.
Jesús se vistió con un cuerpo físico para poder venir al mundo como hombre y ejercer autoridad sobre el pecado, la enfermedad, los demonios, el temor, la pobreza y todas las otras maldiciones que vinieron cuando la ley de la muerte entró en el mundo. Él lo hizo. Él triunfó, y Jesús dominó todo en el mundo intelectual y en el mundo físico. Antes de ascender, Él dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.» (Mateo 28:18), y luego nos otorgó esa autoridad al darnos Su nombre.
Nosotros somos la razón por la cual Jesús vino al mundo a morir y a resucitar. Él no lo hizo para Sí mismo, sino para que ocupáramos nuestro lugar a Su lado, a fin de que pudiéramos llevar Su nombre y ejercer Su autoridad en la Tierra. Él lo hizo para que pudiéramos estar delante de Dios y ser para Él todo lo que Jesús es.
Cuando naciste de nuevo, fuiste hecho ¡la justicia de Dios en Cristo! Por tanto, como creyente nacido de nuevo, atrévete a recibir este mensaje, a meditar en él y a ponerlo en práctica. ¡Vamos!, atrévete a ocupar tu lugar.
Lectura bíblica: Efesios 2:1-13
25 de Octubre
Kenneth
Deshazte de las ranas
«… Cuándo debo orar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas se aparten de ti y de tus casas…» (Éxodo 8:9)
¿Alguna vez has tenido que lidiar con uno de esos problemas que por nada del mundo desaparecen y es inmune a todas las soluciones? Tu le hace frente desde todos los ángulos y aplicas todos los métodos, pero en lugar de desaparecer más bien se agrandan y se multiplica y quedan por completo fuera de control.
La Biblia nos dice que Faraón enfrentó esa clase de problema hace miles de años. Faraón tuvo una disputa muy fuerte con Dios sobre el futuro de los israelitas, y como resultado de esa disputa, se despertó una mañana y descubrió que su país estaba lleno de ranas: ranas viscosas y malolientes que andaban saltando por todas partes.
Era un problema serio. No hablo de una rana o dos en el jardín. Había ranas en todas partes. Había ranas en las camas y sobre las mesas. Había ranas viejas y grandes en los hornos, ranas en la masa del pan y en el agua potable, ranas en el pelo, ranas en lugares que uno no quisiera para nada encontrar.
Entonces Dios hizo algo: envió a Moisés a preguntarle a Faraón: «…Dígnate indicarme cuándo debo orar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas se aparten de ti y de tus casas, y que se queden solamente en el río?».
¿Sabes lo que dijo Faraón?: «Mañana» (Éxodo 8:9-10).
¿Te imaginas tal cosa? Él pudo haber dicho: "¡Ahora mismo!". Pero en cambio decidió que pasaría una noche más entre las ranas.
Tu podrías decir: "Ésa es la cosa más tonta que jamás haya oído. ¿Por qué diría mañana?". No lo sé. Probablemente por la misma razón que tu quieres esperar hasta mañana para ser salvo, sano o próspero.
Observa que, cuando Moisés le hizo a Faraón esa pregunta y él respondió: "mañana", Moisés dijo: «Así se hará, tal y como lo has dicho, para que sepas que no hay dios como el Señor nuestro Dios.» (Éxodo 8:10).
Déjame preguntarte esto: ¿Por cuánto tiempo permitirás que ese problema te atormente? ¿Cuándo te desharás de las ranas de tu vida? ¿Te das cuenta de que estarán ahí mientras tú las dejes? Las ranas se quedarán ahí hasta que tomes la decisión de acudir a la Palabra de Dios y echarlas.
¿Por qué no lo haces hoy mismo?
Lectura bíblica: Éxodo 8:1-13
24 de Octubre
Kenneth
¡Dios también va!
«Pero el que se une al Señor, es un espíritu con él». (1 Corintios 6:17)
Una vez escuché que un gran hombre de Dios siempre que se ponía su traje, se miraba en el espejo y decía: "Traje, dondequiera que vayas, Dios va dentro de ti". Él estaba en lo cierto. Si te has unido a Dios al recibir a Jesús como tu Señor, a dondequiera que vayas hoy, ¡Dios también irá!
Como creyentes, necesitamos ser más conscientes de esa realidad. Debemos entrenarnos para ser siempre conscientes de que Dios está dentro de nosotros: hablándonos, enseñándonos, aconsejándonos, dándonos poder y llenándonos de Sí mismo.
Necesitamos recordar continuamente que somos un espíritu con Él. Eso significa que cada vez que enfrentemos un problema o un espíritu malo trate de influir en nosotros o estorbar nuestra vida, Dios también lo enfrenta. Cuando nos encontramos en situaciones difíciles, Dios también las enfrenta, y ¡Él ya las ha vencido!
Permíteme animarte a que cuando te vistas hoy, te mires en el espejo y declares: "Yo estoy unido al Señor y he llegado a ser un espíritu con Él. Cuerpo, dondequiera que vayas hoy… Dios va. Dios está dentro de ti. Dios vive dentro de ti. El poder de Dios habita en tu interior. La sabiduría de Dios está en ti. La victoria de Dios mora en ti".
Repítete eso todos los días―muchas veces al día. Sigue haciéndolo hasta que empieces a cultivar el hábito de pensar de esa manera. Crece en el conocimiento de la verdad de que ¡Dios vive dentro de tuyo!
Lectura bíblica: 1 Corintios 6:17-20
23 de Octubre
Kenneth
Escoge la vida
«Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz». (Romanos 8:6)
Si te dieran a escoger entre la vida y la muerte, ¿cuál escogerías? La respuesta parece obvia, pero en realidad no lo es.
Elegir la muerte no significa saltar del puente más cercano, es mucho más sutil que eso.
La Biblia dice que ocuparse de la carne y enredarse en el mundo es muerte. La Biblia también dice que la Palabra de Dios es vida: « Hijo mío, presta atención a mis palabras… Ellas son vida…» (Proverbios 4:20-22).
Ocuparse del mundo es muerte. Ocuparse de la Palabra es vida.
En Lucas 10, hay una historia que ilustra muy bien este principio: Es la historia de María y Marta. Quizás tú la recuerdas. María estaba sentada a los pies de Jesús oyéndolo enseñar mientras que Marta, muy afanada, estaba en la cocina preparando el almuerzo para todos.
Por fin, Marta no soportó más; se acercó a Jesús y le dijo: «... Se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje trabajar sola? ¡Dile que me ayude!» Jesús le respondió: «Marta, Marta, estás preocupada y aturdida con muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará.»» (Lucas 10:40-42).
María había dejado todo a un lado para oír la Palabra. Pero Marta había dejado que los asuntos, aparentemente importantes, de la vida tomaran prioridad sobre la Palabra. Había elegido la muerte en lugar de la vida.
¿Ves lo fácil que es caer en ese error?
Podría decir: "Pero, hermano Copeland, si yo no pasara todo mi tiempo atendiendo los asuntos de la vida, terminaría fracasando".
¿Realmente? Marta probablemente pensó lo mismo. Probablemente pensó que si no preparaba el almuerzo para toda esa gente, iban a pasar hambre. Pero no hubiera sido así. Jesús había alimentado milagrosamente a multitudes, y Él podía hacerlo otra vez en la casa de Marta. Ella pudo haberse sentado a los pies de Jesús y haber disfrutado de un banquete costeado por Dios.
No cometas el mismo error que Marta. No te enredes tanto en los asuntos de la vida para que no escojas, por descuido, la muerte. Decide poner la Palabra en primer lugar. ¡Escoge la vida!
Lectura bíblica: Romanos 8:5-13
22 de Octubre
Gloria
Cuando vienen tiempos difíciles
«Mientras tanto, las iglesias en toda Judea, Galilea y Samaria vivían en paz y eran edificadas en el temor del Señor, y su número iba en aumento por la fuerza del Espíritu Santo». (Hechos 9:31)
Hay veces cuando la vida en este mundo es difícil, molesta… y a veces muy dolorosa. Cuando esos tiempos vienen necesitas profundamente el consuelo que sólo el Espíritu Santo puede dar.
¿Cómo puede recibir ese consuelo?
Haciendo exactamente lo que hicieron los creyentes en el libro de los Hechos: caminar en el temor del Señor.
Cuando yo hablo del temor del Señor, no estoy diciendo que debes tenerle miedo al Señor. ¡Él es tu Padre celestial! y tú debes sentirte confiado y sin temor al acercarte a Él, como un niño que sabe que sus padres lo aman. Pero también debe hacerlo con todo el respeto y la obediencia que Él merece, de tal manera que si Él te dice que hagas algo lo haces inmediatamente― aunque vaya contra tus deseos naturales. Eso es lo que significa caminar en el temor del Señor.
Permítame explicarte lo que quiero decir. Una vez, hace varios años, antes de ir a predicar a una de nuestras campañas, recibí una llamada telefónica muy desconcertante. Eran noticias dolorosas sobre una situación en la que uno de mis hijos había sido ofendido. La noticia me destrozó el corazón.
Lloré y, en mi naturaleza humana, quería enojarme y pagar con la misma moneda. Pero en lugar de hacer eso, empecé a orar en lenguas. Mientras oraba, sentí en mi espíritu el deseo de regocijarme y de alabar al Señor.
Por supuesto, no sentía ganas de alabar, sino de patear el piso; pero por respeto al Señor dejé mis sentimientos a un lado y obedecí. Luego el Espíritu Santo me guío a leer una profecía. Mientras lo hacía, me fortalecía.
De repente, noté que estaba libre. Por mi obediencia, había abierto el poder consolador del Espíritu Santo. El enojo y el dolor que me habían inundado unos momentos antes, desaparecieron y fueron reemplazados con el amor tierno y la promesa fortalecedora del Señor.
No importa lo difícil o dolorosa que sea la situación por la cual estés atravesando, confía en tu Padre y obedece Sus instrucciones. Él pondrá a tu alcance ese mismo consuelo sobrenatural e inspirador del Espíritu Santo.
Lectura bíblica: Mateo 4:1-11
21 de Octubre
Kenneth
Pacto de prosperidad
«Más bien, acuérdate del Señor tu Dios, porque él es quien te da el poder de ganar esas riquezas, a fin de confirmar el pacto que hizo con tus padres, como en este día». (Deuteronomio 8:18)
¿Cuál es el propósito de Dios al hacer prosperar a Su pueblo? ¿Será para que tengamos televisores más grandes o para que compremos casas y automóviles más lujosos?
No, es para que confirmemos el pacto de Dios en la Tierra y para que ayudemos a los necesitados.
Algunas personas me han dicho: "Bueno, hermano Copeland, el ministerio de Jesús era de escasos recursos y a Él le iba muy bien". Eso es ridículo. En todo el Antiguo Testamento Dios le prometió bendiciones materiales a cualquiera que anduviera perfecta y rectamente delante de Él. Si Dios no hubiera bendecido a Jesús económicamente, habría incumplido Su propia Palabra.
Jesús no fundó ningún imperio material para sí. Pero eso no significa que Él era pobre, sino que fue la persona que más ha dado en toda la historia pasada, presente y futura del mundo, y ya es hora de que empecemos a seguir Su ejemplo.
Cuando comencemos a dar y a ayudar materialmente a los necesitados, tendremos mayores probabilidades de ganar sus corazones.
¿Qué piensas que le sucederá al corazón de una nación hambrienta cuando llegue un avión 747 lleno de alimentos, ropa y suministros médicos en el Nombre y por el amor de Jesús? El corazón de esas personas se enternecerá y estarán más dispuestos a oír lo que tengamos que decir acerca de Jesús.
Jamás permitas que nadie te diga que está mal que prosperes. Es malo para ti que no quieras prosperar, cuando esa prosperidad puede representar la diferencia entre el cielo y el infierno para millones de personas.
Olvídate de tus propias e insignificantes necesidades. Aumenta tu visión y proponte dar para ayudar a los que están en necesidad y para confirmar el pacto de Dios en la Tierra. Mantente firme en la fe y prepárate para disfrutar la mayor prosperidad que jamás hayas tenido en tu vida.
Lectura bíblica: Deuteronomio 8:11-18
20 de Octubre
Gloria
La receta para la vida
«Luego llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará» (Marcos 8:34-35)
Cuando Jesús dijo esas palabras, no sólo estaba dándonos la receta para ir al cielo, sino también la receta para vivir una vida de excelencia aquí en la Tierra.
Hay una vida mejor que podemos vivir aquí en este mundo. Pero para entrar en ella, debemos abandonar la manera en que estamos acostumbrados a vivir. Quizás tengamos que dejar las cosas a las cuales hemos estado aferrados y, a cambio, dedicarnos a realizar lo que Dios quiere que hagamos.
Eso hizo Jesús. Él no vivió para Sí mismo, Jesús vivió para Dios en su totalidad. Él hizo sólo lo que el Padre le dijo que hiciera, y vivió en victoria total.
Es tiempo de darnos cuenta de que nacer de nuevo no es algo que hacemos tan sólo para escapar del infierno. Nuestro propósito debe ser agradar a Dios, dar nuestra vida con el fin de cumplir Sus deseos, ser Su tesoro especial en la Tierra y hacer lo que Él quiere que hagamos. Nuestra mayor prioridad debe ser rendirnos a Él, vivir en comunión con Él y estar en oración el suficiente tiempo para que podamos oír Su voz y después obedecerle.
Sólo cuando hagamos esas cosas nos sentiremos realizados y podremos vivir la vida de excelencia que hemos anhelado.
Lectura bíblica: Hechos 20:7-24
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