
Sign up to save your podcasts
Or


8 de Noviembre
Kenneth
Las cosas ocultas de Dios
«Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en los cielos»
Mateo 16:17
¿Recuerdas cuando fuiste al colegio a aprender el abecedario? Lo hiciste a través de tus cinco sentidos y de tus capacidades lógicas para almacenar y ordenar datos. Esa clase de conocimiento se denomina conocimiento natural, y es al que la mayoría de la gente ha sido expuesta.
Pero en el reino de Dios existe otra clase de conocimiento que opera de adentro hacia afuera, en vez de afuera hacia adentro. Se llama conocimiento adquirido por revelación divina.
Jesús habló de esta clase de conocimiento en Mateo 16. Él le había preguntado a Sus discípulos quién creían ellos que Él era. Entonces Pedro le respondió: «…¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!» Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en los cielos.» (Versículos 16-17).
Dicho en otras palabras: "Pedro, tú no recibiste ese conocimiento a través de tus sentidos naturales, sino directamente de Dios".
Si alguna vez has recibido esa clase de conocimiento, te habrás dado cuenta de que después de recibirlo empiezas a ver las cosas de manera diferente y a tener una confianza tan firme que, como Jesús le dijo a Pedro, ni las puertas del infierno prevalecerán en tu contra.
Pero esas revelaciones no surgen fácilmente. Debes meditar en la Palabra y buscar al Espíritu de Dios para que te las revele porque están ocultas en Él. La Biblia afirma que Dios ha reservado Su sabiduría para los santos (1 Corintios 2:7-9). Nota que dice que la ha ocultado para los creyentes, no de ellos. Dios definitivamente quiere que las tengas.
Sin embargo, no pienses que Dios te mandará del cielo grandes revelaciones cuando estés mirando la televisión. Es necesario que lo busques.
Si anhelas recibir el conocimiento adquirido por revelación divina, necesitas meditar en la Palabra, orar y estar en comunión con el Señor para que estés en condiciones de recibir ese conocimiento. Empieza a recibir ese tipo de revelaciones; es la clase de conocimiento más emocionante que existe.
Lectura bíblica: 1 Corintios 2
7 de Noviembre
Kenneth
Deléitate en la Palabra
«Dichoso el hombre que honra al Señor y se deleita obedeciendo sus mandatos... vivirá sin temor a las malas noticias, y su corazón estará firme y confiando en el Señor»
Salmo 112:1,7
Aquellos que se forman el hábito de deleitarse en la Palabra de Dios ¡tendrán un corazón firme! Podrán hacer frente a las calamidades sin perder su firmeza, sabrán qué hacer antes de que éstas lleguen y saldrán victoriosos. ¡Ese tipo de creyentes es difícil de derrotar!
Lo lamentable es que la mayoría de los creyentes esperan hasta enfrentar alguna desgracia para empezar a afirmarse en la Palabra; esperan hasta encontrarse entre la espada y la pared. Es entonces cuando se vuelven muy espirituales y empiezan a ayunar y a orar… Pero, frecuentemente, se dan cuenta de que han empezado muy tarde.
Es como el hombre que al descubrir a un ladrón en la casa empieza a levantar pesas para desarrollar sus músculos y poder hacerle frente. ¡Por supuesto que de esa manera no logrará nada! Si se hubiera ejercitado antes, en lugar de mirar la televisión, habría estado preparado. Pero dadas las circunstancias, será fácilmente derrotado.
Prepárate antes de que el diablo asalte tu casa. Afirma tu corazón, apaga el televisor, apaga las distracciones del mundo y enciende la Palabra. ¡El tiempo propicio para empezar a afirmarte en la Palabra de Dios es hoy mismo!
Lectura bíblica: Job 22:21-30
6 de Noviembre
Gloria
Eres un ganador
«Les he escrito a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al maligno»
1 Juan 2:14
El hombre fue creado para ser un ganador. La Biblia nos los dice. Por ejemplo, en Génesis leemos que al principio Dios le dio al ser humano dominio sobre toda la Tierra y sobre todo ser viviente en las aguas, en el aire y en la tierra.
El hombre ni siquiera sabía lo que significaba perder hasta que se apartó de Dios cuando decidió desobedecerle en el huerto de Edén. A partir de ese momento, el hombre empezó a conocer lo que es la derrota, se vio forzado a aceptar el fracaso como parte de la vida y quedó reducido a una posición subordinada, una posición a la que nunca se le destinó.
Es una historia triste. Pero si eres un hijo de Dios nacido de nuevo, tu historia tiene un final feliz. Por la fe en Cristo Jesús, ¡has sido hecho un ganador otra vez!
En realidad, Dios ya garantizó tu éxito. Permíteme explicarte lo que quiero decir. Imagínate que estás a punto de emprender un trabajo muy difícil, y antes de empezar a hacerlo, Dios te habla de manera audible y dice: Quiero que sepas que voy a encargarme personalmente de que este plan en el que estás trabajando salga bien.
Ahora bien, quiero que sepas que tienes la promesa de Dios de que triunfarás. En Su Palabra Él dice que eres un vencedor. En Él puedes vencer cualquier dificultad que el mundo ponga en tu camino (1 Juan 5:1-5).
No importa cuán perdedor te sientas, ni cuantas veces hayas fracasado en el pasado. Si crees que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, entonces has llegado a ser más que vencedor en Él (Romanos 8:37).
¿Querrá decir eso que ya no tendrás más problemas? No. Simplemente significa que podrás hacer frente a la dificultad, y triunfar.
Si últimamente has estado pensado que eres un fracaso, renueva tu mente con la Palabra de Dios que dice que eres un ganador. Siempre que se te presente un reto, respóndele diciendo: ¡Alabado sea Dios!, puedo vencer en esta situación porque Jesucristo ¡ya me ha hecho vencedor! Deja que esa Palabra de parte de Dios habite en tu corazón. Ella hará de ti un ganador.
Lectura bíblica: 1 Juan 5:1-5
5 de Noviembre
Kenneth
Pelea contra el verdadero enemigo
«Es verdad que aún somos seres humanos, pero no luchamos como los seres humanos.» 2 Corintios 10:3
¿Sabes por qué tantos creyentes están perdiendo las batallas en su vida?
¡Porque están peleando contra el enemigo equivocado!
Han sido engañados y creen que si alguien les dice o les hace algo para perjudicarlos, deben pelear en contra de esa persona. Pero están equivocados.
La Biblia dice que no luchamos contra sangre y carne. Y como todo ser humano es de sangre y carne, eso implica que nuestros semejantes no son nunca el origen de nuestros problemas.
"Pero, hermano Copeland, no sabe lo que fulano y mengano me hicieron".
Eso no importa, porque si desperdicias tu tiempo peleando contra fulano y mengano, tu verdadero enemigo se saldrá con la suya.
¿Quién es el verdadero enemigo? Mira Efesios 6:12: «La batalla que libramos no es contra gente de carne y hueso, sino contra principados y potestades, contra los que gobiernan las tinieblas de este mundo, ¡contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes!».
¡Satanás y los demonios serán tus enemigos de por vida! Ellos son los culpables de toda afrenta personal que sufres.
Las personas que te perjudican y te ofenden son sólo sus instrumentos. Cuando Satanás quiere hacerte daño, lo hace por medio de ellas.
Recuerda lo siguiente: la persecución no es la manifestación del odio que otra persona siente contra ti, sino la manifestación del temor que Satanás te tiene. Cuando te sumerges en la Palabra y la usas como la espada del Espíritu, el diablo se llena de temor y busca a alguien a quien pueda enviar en tu contra.
La próxima vez que alguien te ofenda, no te desvíes del camino para pelear contra esa persona; en vez de hacer eso, ata al espíritu que está utilizando a esa persona. Olvídate de la lucha contra la sangre y la carne, y empieza a pelear con las armas del Espíritu. Enfréntate a Satanás con autoridad y con la Palabra de Dios, y ¡derriba al verdadero enemigo!
Lectura bíblica: Efesios 6:10-18
4 de Noviembre
Kenneth Copeland
Sólo se requieren unos pocos
«Pero si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, busca mi rostro y se aparta de su conducta perversa, yo oiré desde el cielo, perdonaré sus pecados y restauraré su tierra»
2 Crónicas 7:14
Podrías estar pensando: "¿Pueden unos pocos transformar realmente una nación entera?".
Déjame preguntarte lo siguiente: ¿Puede una persona endemoniada transformar una nación para el mal? ¡Por supuesto que sí! Hitler lo hizo en Alemania.
Si el poder del diablo en un ser humano puede cambiar a una nación para mal, puedes estar más que seguro de que un grupo de hombres y mujeres con el poder de Dios en ellos serán capaces de cambiar a una nación para bien.
Ninguna nación está tan perdida como para que Dios no pueda cambiarla. Israel es prueba concreta de ello porque, cuando aún no existía, el diablo no pudo destruirla. Dios la levantó ante sus propios ojos.
Quiero que notes algo en las escrituras: «…si mi pueblo, que lleva mi nombre,...». Dios no dijo: "Si toda la nación", como requisito para que cambiaran las cosas. Él dijo: «…si mi pueblo...». Nota que tampoco dijo: "si mi pueblo se pone a firmar peticiones y si obtienen la mayoría de votos...". No, Él dijo: «si... ora». En otras palabras, tendremos que dejar de tratar de resolver este asunto en nuestras propias fuerzas. Dios sanará esta Tierra, pero nuestro deber es orar, creer y buscar Su rostro. Empecemos a hacerlo hoy.
Lectura bíblica: 2 Crónicas 7:1-16
3 de Noviembre
Kenneth
Un campeón con experiencia
«Pero los que confían en el Señor recobran las fuerzas y levantan el vuelo, como las águilas; corren, y no se cansan; caminan, y no se fatigan»
Isaías 40:31
¿Sabías que la fuerza de la fe tiene el poder de rejuvenecer tu cuerpo? Así es. Encontramos un ejemplo de eso en la vida de Sara. La mayoría de las personas no entienden el alcance total de lo que Dios hizo en la vida de ella. Lo único que saben es que Dios le dio un hijo en la vejez.
Pero si lo analizas minuciosamente, verás que hubo mucho más. Cuando Sara tomó y creyó la promesa de Dios por medio de la fe, ésta empezó a restaurar su cuerpo a tal punto que, cuando el rey Abimelec la vio, quiso tomarla por esposa.
¡Imagínalo! A los 90 años de edad, ella era tan hermosa que ese rey la quería en su harén. Y eso no es todo; después de que dio a luz a Isaac, la Biblia nos dice que ella lo amamantó hasta que fue destetado, ¡y vivió hasta cuando Isaac creció!
Ahora bien, yo no estoy sugiriéndote que tengas un bebé a los 90 años como lo hizo Sara. Ella recibió una promesa especial de Dios. Pero sí te aseguro que, si crees que Dios puede restaurar tu fortaleza y salud en tu vejez, Él lo hará. De hecho, el Salmo 103 dice que es uno de Sus beneficios. Dice que Dios llenará tu boca de cosas buenas para que tu juventud sea renovada como el águila.
El deseo de Dios es que en tu vejez seas un campeón poderoso y experimentado en la Palabra, y que tu fortaleza sea renovada por la fe. Empieza a confesar eso hoy mismo. Llena tu boca con las promesas de Dios, y declara: Alabado sea Dios, mi juventud se renueva como el águila. Y cuando tu labor en la Tierra termine y vayas camino al cielo, tu partida no será un simple desvanecimiento, sino que te irás de aquí cubierto de gloria, como el vencedor que Dios te ha creado para que seas.
Lectura bíblica: Salmo 92
2 de Noviembre
Kenneth
Jesús abrió el camino
«En el principio [antes de que existiera el tiempo] era la Palabra (Cristo), y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios mismo... Y la Palabra (Cristo) se hizo carne (se hizo humano, se personificó) y habitó (hizo su tienda, vivió) entre nosotros…» (Juan: 1:1,14; AMP).
La deidad del Señor Jesucristo es algo que nunca debería ser puesto en tela de juicio por ningún creyente nacido de nuevo. Nuestra salvación se basa en el hecho de que Jesucristo es Dios, la segunda persona de la deidad—Dios Hijo.
Juan, el discípulo y el apóstol amado, nos ayuda a despejar toda duda que pudiera existir al respecto en Juan 1:1,14. Cualquier persona que dude de lo que dicen esos versículos es posible que no haya nacido en el reino de Dios, porque la deidad de Jesucristo es el fundamento de nuestra fe.
Sin embargo, si buscas en los evangelios, descubrirás que Jesús, en Sus 33 años de vida terrenal, no anduvo anunciando que Él era Dios. En cambio, sí confesó ser el Hijo de Dios, el Mesías, y que Dios era Su Padre (lo que enfureció a los fariseos), pero nunca afirmó ser el Dios altísimo. De hecho, les dijo a los discípulos que Dios el Padre era mayor y más poderoso que Él (Juan 14:28).
La razón es simple: Él había venido al mundo no sólo como Dios, sino también como hombre. La Palabra dice que Jesús se despojó de Su poder divino y tomó la forma de un ser humano, con todas las limitaciones que eso implicaba. Pero como Dios era Su Padre, Jesús no nació con la naturaleza pecaminosa con la que nacen todos los hijos de Adán. Sin embargo, como nació de mujer, en todos los otros aspectos era hombre, y se llamó a Sí mismo el Hijo del Hombre o, literalmente, el Hijo de Adán.
Entonces, ¿cómo hizo todas esas obras tan poderosas? De la misma forma que Él espera que nosotros las hagamos hoy: por la unción y el poder del Espíritu Santo (Hechos 10:38). Él dijo: «Sino que el Padre, que vive en mí, es quien hace las obras».
¿Qué significa eso para nosotros? Significa exactamente lo que Jesús quiso decir cuando declaró que nosotros, como creyentes, podríamos hacer las obras que Él hizo (Juan 14:12).
Significa que, como hijos de Dios nacidos de nuevo y llenos del mismo Espíritu Santo, como Jesús lo fue, tenemos la oportunidad de hacer las cosas de la misma manera que Él las hizo cuando estuvo en la Tierra. De hecho, ése es Su verdadero propósito. Él nos precedió como hombre, y nos abrió el camino. Entonces, no nos limitemos a admirarlo por eso, sino a imitarlo en ello.
Lectura bíblica: Juan 14:1-15
1 de Noviembre
Kenneth
El poder del amor
«Porque en Cristo Jesús nada valen la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor»
Gálatas 5:6
Antes me preguntaba: ¿por qué los creyentes no experimentábamos más del poder de Dios entre nosotros? Con lo que sabíamos de la fe y de la Palabra, me parecía que debíamos estar viendo más señales, más prodigios y más milagros.
Así que un día le pregunté al Señor: «Señor, ¿por qué no presenciamos el poder de Dios en la Iglesia con más frecuencia?».
¿Sabes lo que me respondió? Me dijo que la razón era que aún no caminábamos lo suficiente en amor.
Dios quiere que tengamos poder. Pero, primero Él debe asegurarse de que utilizaremos ese poder en amor y no lo mezclaremos con la condenación y la crítica para juzgar a los demás con rigor.
"Kenneth", me dijo el Señor, "no puedo respaldar tus palabras con Mi poder en el servicio del domingo por la mañana, si más tarde insultarás a alguien porque se atravesó en el carril de la autopista. Seguramente lo harías volar en mil pedazos. No puedo permitir que el poder del Dios todopoderoso brote con tal magnitud de la boca de un necio sin misericordia".
Luego, el Señor me recordó la vez que llevé a mi hijo John de cacería. En ese entonces John era lo suficientemente grande como para evitar que el arma lo tirara de espaldas cada vez que apretaba el gatillo. Yo estaba enseñándole a disparar, y él lo hacía muy bien.
Ese día íbamos caminando por la granja de los abuelos de Gloria, y John observó una de las arañas más grandes que yo alguna vez hubiera visto. Iba subiendo por la pared del granero. Al descubrirla, John le apuntó con la escopeta. Si yo no lo hubiera detenido, él le habría disparado. No pensó que como consecuencia haría un gran agujero en la pared del granero. Desde mi perspectiva de adulto sabía que eso era una tontería, pero John no podía entenderlo porque miraba todo desde su perspectiva de niño.
¿Quieres que Dios te ponga una escopeta de poder espiritual en tu mano para que hagas volar en mil pedazos las obras del diablo? Entonces, enfócate en el amor. Búscalo. Practícalo. Estúdialo. Crece en él. Luego, verás el poder de Dios obrando a través de ti.
Lectura bíblica: Romanos 13:8-14
31 de Octubre
Gloria
No te hagas el muerto
«Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan»
Mateo 11:12
La Biblia Amplificada interpreta Mateo 11:12, de esta manera: "…una parte del reino de los cielos es buscada con el más ardiente celo y con un esfuerzo intenso".
Hoy quiero que seas violento. Sí, violento, decidido y esforzado. Quiero que te entregues de lleno a las cosas de Dios, y resistas con fuerza todo lo que quiera impedir que vivas conforme a Su voluntad.
Muchos creyentes en estos días son como los israelitas: andan vagando por el desierto de la derrota porque hay un enemigo en la Tierra Prometida. Les están robando su legítima herencia porque tienen miedo de pelear contra ese enemigo. Tienen la esperanza de hallar una manera de entrar sin hacer uso de la fuerza. Pero no la encontrarán. Cuando se trata de Satanás y sus cómplices, tienes que ser exigente.
Cuando Dios envió a los israelitas a Canaán dijo: «Envíen a los hombres armados para que vayan delante de ustedes». Ellos tenían que ir armados, preparados para pelear. Él sabía que tendrían que pelear para tomar la tierra. Dios nunca les prometió que no pelearían. Lo que les prometió fue que triunfarían en toda ocasión.
Lo mismo se aplica hoy en día a tu vida. Cuando se trata del diablo, no puedes postrarte y hacerte el muerto. Satanás no soltará ningún aspecto de tu vida, ya sea la salud, las finanzas o cualquier otra cosa. Él no se rendirá a menos que tú lo fuerces a hacerlo.
No te quedes sentado en el desierto mientras el diablo te roba las bendiciones de Dios. Tú tienes el permiso de Dios y Su poder para tomar la tierra. Se lo suficientemente violento para tomar lo que es tuyo, ahora mismo.
Lectura bíblica: Deuteronomio 31:1-8
30 de Octubre
Kenneth
Es tu decisión
«Entonces vino Jairo, que era uno de los jefes de la sinagoga, y cuando lo vio, se arrojó a sus pies y le rogó con mucha insistencia: «¡Ven que mi hija está agonizando! Pon tus manos sobre ella, para que sane y siga con vida.» Jesús se fue con él, y una gran multitud lo seguía y lo apretujaba.» Marcos 5:22-24
Me pregunto, ¿cuándo hará Dios algo con respecto a este problema? ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? Si es así, te sorprenderás al descubrir que la respuesta depende el ciento por ciento de ti.
Hay un caso en Marcos 5 que te mostrará lo que quiero decir. Jesús acababa de bajar de una barca y la gente lo apretujaba, "rodeándole". Estaban en la ribera cuando, súbitamente, vino un hombre que pasó por en medio de esa multitud para llegar a Jesús.
Marcos relata que el hombre se postró a los pies de Jesús y le rogó, diciendo: «Ven que mi hija está agonizando!».
Reflexiona en esa situación por un momento. Aquí hay un hombre cuyo cargo político equivale al alcalde de la ciudad. Pero está tan decidido a alcanzar a Jesús que se abre paso a través de la muchedumbre y hace suficiente espacio para caer a los pies de Jesús. Él ha tomado una decisión y cuando llega a Jesús le dice: «…Pon tus manos sobre ella, para que siga con vida».
Déjame preguntarte algo: ¿Quién crees que estaba dirigiendo el ministerio de Jesús en esa situación? ¡Ese hombre! Un hombre que ha tomado una decisión. Cuando él declara esa decisión, Jesús no dice nada. Él sólo deja lo que está haciendo, se vuelve y le sigue.
En medio de una multitud literalmente de miles, la decisión de fe de un hombre dirige las actividades de Jesús.
¿Qué significa eso para ti? Que si estás sin hacer nada, esperando que Jesús decida sanarte… Jesús decida ayudarte… Jesús decida prosperarte y darte la victoria… te quedarás esperando por mucho tiempo. Porque no es Jesús quien debe tomar la decisión, sino tú.
Lectura bíblica: Marcos 5:21-24, 35-43
From the publisher's feed

244 Listeners

847 Listeners

164 Listeners

62 Listeners

14 Listeners

38 Listeners

46 Listeners

19 Listeners

5 Listeners

21 Listeners

21 Listeners

23 Listeners

2 Listeners

3 Listeners

4 Listeners

2 Listeners

0 Listeners