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13 de Abril
Kenneth
Olvidando el dolor
“El amor… no se irrita, no se queja ni se resiente; no toma en cuenta el mal recibido [no le presta atención a los malos tratos]”
1 Corintios 13:5 (AMP)
¿Alguna vez has tratado de perdonar a alguien… y te has dado cuenta de que no puedes hacerlo? Has clamado y orado por eso, y le has pedido a Dios que te ayude, pero esas experiencias pasadas, cargadas de rencor, se rehúsan a irse.
Para acabar con ese tipo de situaciones por completo, es necesario que tu perdón se base en la fe, y no en los sentimientos. El verdadero perdón no tiene ninguna relación con la manera en que te sientes. Es un acto de la voluntad que está basado en la obediencia a Dios y en la fe en Él.
Eso significa que una vez que hayas perdonado a alguien, deberás considerar a esa persona perdonada para siempre. Cuando los sentimientos del pasado regresen y Satanás trate de convencerte de que realmente no has perdonado, resístelo, y dile: “No, ya he perdonado a esa persona por fe. Me niego a vivir basado en esos sentimientos del pasado”.
Entonces, de acuerdo con 1 Juan 1:9, cree que has sido perdonado y limpiado del pecado del rencor, de toda injusticia relacionada con éste ¡y de cualquier recuerdo de haber sido agraviado!
¿Has escuchado alguna vez decir “Yo perdono, pero nunca olvido”? Eso es perdón de segunda clase que, como creyente, se supone que no debes aceptar. Debes perdonar de una manera sobrenatural: «así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo» (Efesios 4:32).
Debes perdonar como Dios perdona para liberar, sin condiciones y para siempre, a la otra persona del sentimiento de culpa, y así restaurar las cosas como si nada hubiera sucedido. No sólo debes perdonar, sino también olvidar lo que pasó.
Al hacerlo, algo sobrenatural ocurrirá en tu interior. El dolor ocasionado por esa experiencia desaparecerá. El poder de Dios borrará los efectos y tú podrás olvidarlo de una vez por todas.
No te conviertas en “un contador” emocional, como los rencorosos que llevan cuenta de los agravios y ofensas que sufren. Aprende a perdonar y a olvidar, y accederás a un nuevo mundo de bendiciones.
Lectura bíblica: Lucas 6:27-37
12 de Abril
Gloria
La alabanza como arma
«Señor, te alabaré de todo corazóny hablaré de todos tus portentos.Por ti me alegraré, oh Dios altísimo,y cantaré alabanzas a tu nombre.Ante ti, mis enemigos huyen, ruedan por el suelo y perecen»
Salmos 9:1-3
Nunca subestimes la importancia de la alabanza. Es una de las armas espirituales más poderosas que posees. La alabanza es más que un canto bonito o unas palabras de elogio a Dios. Ésta produce resultados. La alabanza libera la misma presencia de Dios. Y cuando Su presencia entra en escena, tus enemigos son echados fuera. La enfermedad y la dolencia no pueden permanecer en tu cuerpo, tampoco la pobreza puede permanecer en tu casa.
Incluso el cansancio físico debe huir cuando se enfrenta a una alabanza auténtica, llena de gozo. Lo sé por experiencia propia. Hace años, cuando comencé a dirigir “La escuela de sanidad”, libré una verdadera batalla contra el agotamiento. Había ministrado e impuesto manos sobre los enfermos por tantas horas a la vez que cuando la reunión finalizaba, me sentía físicamente débil, incluso hasta para concluir la reunión.
Entonces, en una reunión en particular, descubrí el poder de la alabanza. Acababa de orar por quienes se encontraban en la fila de oración, y como de costumbre, me sentía exhausta. Pero en vez de descansar, el Espíritu del Señor me reveló que necesitaba regocijarme en el Señor. Así lo hice. Comencé a alabar al Señor con todo mi corazón, con toda mi mente y con todo mi cuerpo. ¿Sabes qué sucedió? El cansancio se fue y fui llena de poder con la presencia de Dios.
La próxima vez que el diablo trate de ahogar tu eficacia y de menguar la fortaleza, la riqueza y la victoria que son tuyas en Jesús, recházalo con el arma de la alabanza. Levanta tus manos, tu voz y todo tu corazón. ¡Alaba!
Lectura bíblica: 2 Crónicas 20:1-22
11 de Abril
Gloria
Continúa hasta el final
“Resistan [al diablo] firmes en la fe [contra sus ataques: establecidos, arraigados, fuertes, inconmovibles, decididos], sabiendo que los mismos (idénticos) padecimientos se van cumpliendo en sus hermanos (el cuerpo completo de cristianos) en todo el mundo. Y después de que hayan padecido por un tiempo, el Dios de toda gracia, que nos llamó a Su gloria eterna en Jesucristo, Él mismo los perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”
1 Pedro 5:9-10 (AMP)
No importa cuánto tiempo hayas estado viviendo por fe ni cuánto hayas aprendido al respecto; de vez en cuando enfrentarás adversidades. Te encontrarás con situaciones que no saldrán como esperabas.
Si eso sucede, recuerda que esas adversidades son temporales. Quizás hayas perdido una batalla, pero no perderás la guerra. Sólo necesitas levantarte y empezar de nuevo.
Quizá digas: “No entiendo, hice todo lo que pude. Anduve en toda la verdad que conocía. ¿Por qué no obtuve la victoria?”.
¡Porque todavía había algo que ignorabas! No te asombres de que existan cosas que desconozcas acerca del mundo espiritual. Kenneth y yo hemos estado en el ministerio más de 45 años. Hemos pasado innumerables horas estudiando la Palabra. Sin embargo, hemos comprendido que cuanto más aprendemos, más cuenta nos damos de lo poco que sabemos.
Por eso, cuando nos encontramos en una situación donde parece que no podemos lograr la victoria, tenemos que pedirle a Dios más sabiduría. En 2 Samuel 21 vemos al rey David haciendo precisamente eso. La nación había estado sufriendo de hambre por tres años, y David no entendía qué estaba sucediendo. Entonces le preguntó al Señor, ¿y sabes lo que Dios le respondió? ¡Le explicó que el hambre había surgido como causa de algo que Saúl había hecho! ¿No es asombroso? Saúl había muerto hacía años, pero lo que él había activado en el mundo espiritual aún afectaba a la nación.
David pudo haberse rendido cuando sus confesiones diarias de fe y métodos de oración no aliviaban el hambre, pero no lo hizo. Le pidió a Dios más sabiduría. David usó sus adversidades temporales para buscar más conocimiento de Dios.
¡Sigue su ejemplo! Deja de darte por vencido a causa de adversidades temporales. No dejes que te saquen del juego. Después de todo, éste no termina hasta el final. Y la Biblia dice que cuando termine, habrás ganado. Por lo tanto, mantente firme en la fe. Al final, tu victoria está garantizada.
Lectura bíblica: 2 Samuel 21:1-6
10 de Abril
Kenneth
¡Aliméntate de la Palabra!
«Hijo mío, presta atención a mis palabras; Inclina tu oído para escuchar mis razones. No las pierdas de vista; guárdalas en lo más profundo de tu corazón.»
Proverbios 4:20-21
Una vez que hayas hecho de la Palabra de Dios la máxima autoridad de tu vida, lo primero que deberás hacer para lograr la victoria sobre el enemigo es ir a la Palabra y tomar las promesas de Dios en lo que respecta a tu situación
Nota que dije: “ir a la Palabra”. Es muy bueno que la Palabra esté almacenada en tu memoria, pero no dejes que eso reemplace el tener diariamente la Palabra delante de tus ojos.
Ninguna persona con hambre se ha alimentado del recuerdo del sabor de las papas. Ni aunque lo recuerde perfectamente. Lo mismo podemos decir de la Palabra de Dios. Es importante guardarla en la memoria, pero también debemos abrirla y leerla directamente para alimentar el espíritu. Hay un gran poder cuando tienes la Palabra ante sus ojos y cuando entra en tus oídos, pues así es como llega a tu corazón, y al llegar a tu corazón puedes vivir por ella.
Por tanto, no sólo pienses en la Palabra hoy, sino léela. Busca las promesas relacionadas con tu situación y aliméntate de ellas para que tu vida sea fortalecida.
Lectura bíblica: Deuteronomio 6:1-9
9 de Abril
Kenneth
Deja atrás el pasado
«…Pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante» Filipenses 3:13
Pareciera como si los fracasos, las decepciones, los dolores y los sufrimientos del pasado no se fueran. La mayoría de nosotros sabemos lo que es sentirse agobiado por esas cargas, pero pocos sabemos qué hacer. Por eso, andamos rengueando por la vida, con la esperanza de que desaparezcan por arte de magia y dejen de causarnos dolor.
Pero nunca sucede así. Más bien, con el paso del tiempo nuestra condición empeora. En lugar de olvidar esas experiencias dolorosas, pensamos constantemente en ellas, hasta que llegan a ser más reales para nosotros que las promesas de Dios. Pensamos tanto en ellas que terminamos deprimidos, estancados en la vida y llenos de temor al fracaso.
Yo solía caer mucho en esa trampa. Entonces un día, cuando estaba en medio de una lucha con la depresión, el Señor me habló al corazón, diciendo: Kenneth, tu problema es que estás formando tus pensamientos con el pasado, en vez de hacerlo con el futuro. ¡No hagas eso! La incredulidad mira al pasado y dice: ¿Ves?, no se puede hacer. Pero la fe mira al futuro y dice: ¡Sí se puede!; es más, según las promesas de Dios, ¡ya está hecho! Así que al dejar los fracasos del pasado atrás para siempre, la fe avanza y actúa como si la victoria ya hubiera sido ganada.
Si la depresión te ha causado un decaimiento espiritual, podrás librarte de ella si quitas tu mirada del pasado y la enfocas en el futuro―un futuro que ha sido garantizado por Cristo Jesús en las grandes y preciosas promesas de Su Palabra.
¡Olvida los fracasos del pasado! Dios ya se olvidó de ellos (Hebreos 8:12). Y si Él ya no los recuerda, ¿por qué lo haces tú?
La Biblia declara que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana. Así que, si tomas en serio lo que Dios dice, podrás despertar cada mañana a un mundo nuevo. Podrás vivir completamente libre de las ataduras del pasado.
¡Hazlo! Reemplaza los pensamientos de los errores pasados con promesas bíblicas del futuro. Al hacerlo, la esperanza comenzarás a reemplazar la depresión. Los dolores y las lesiones espirituales que te han hecho cojear por tanto tiempo, desaparecerán rápidamente. En vez de mirar hacia atrás y decir que no puedes, mira hacia adelante y confiesa: ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!
Lectura bíblica: Filipenses 3:1-14
8 de Abril
Kenneth
Toma el camino correcto
«Hoy pongo a los cielos y a la tierra por testigos contra ustedes, de que he puesto ante ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que tú y tu descendencia vivan» Deuteronomio 30:19
¡Dios te castigará por eso! La mayoría de nosotros hemos dicho cosas como esas muchas veces. De alguna manera, hemos creído que a Él le gusta causarnos dolor y castigarnos cada vez que pecamos. Pero no es cierto. Es verdad que la paga del pecado es muerte. Sin embargo, no es Dios quien la ocasiona.
La Biblia nos dice que por miles de años ha estado en vigencia una maldición. El diablo es el causante de ella, no el Señor. Dios nos advierte de ella en Deuteronomio 30:19. Después de describir en detalle las bendiciones que recibirán los que siguen al Señor y las graves consecuencias que sufrirán los que se aparten de Él, nos dice: «... he puesto ante ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que tú y tu descendencia vivan».
Analízalo de la siguiente manera. Existe un lugar que se llama maldición. Dios nos advierte acerca de ese lugar y nos insta a evitar el camino que nos lleva en esa dirección. Ahora, Él nos ha dado libre albedrío para que escojamos el camino que queramos seguir. Si elegimos el camino que lleva a la maldición, y no nos desviamos, allí llegaremos. ¿Será porque Dios nos envió? ¡No! Él nos advirtió de antemano que no fuéramos ahí.
Es vital tener presente lo siguiente: En cualquier momento del camino―no importa si te encuentras en el camino hacia la maldición o estás viviendo en medio de ella―Dios te salvará de ella. Te sacará de ahí y te hará libre de enfermedades, vicios y cualquier cosa que te tenga esclavizado.
Si hoy te encuentras en el camino equivocado y ves la destrucción acercándose, solamente arrepiéntete y toma el camino correcto. Encomienda tu camino a Jesús para que Él te libere de cualquier cosa que te tenga cautivo. Puedes comenzar orando: “Señor Jesús, he tomado el mal camino y ahora mismo te pido que me perdones. Quiero escoger la vida y Tu camino. Por favor, libérame de esta atadura y lléname de Tu Espíritu Santo. ¡Gracias, Señor!”
Recuerda que sin importar lo que hayas hecho, Dios no quiere castigarte, sino perdonarte. Él quiere salvarte y levantarte. ¡Confía en Él para que te ponga en el camino de la vida hoy!
Lectura bíblica: Deuteronomio 30
7 de Abril
Gloria
La vida de resurrección
«Pero el primer día de la semana, muy temprano, las mujeres regresaron al sepulcro. Llevaban las especias aromáticas que habían preparado. Como se encontraron con que la piedra del sepulcro había sido quitada, entraron; pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.» Lucas 24:1-3
Ya es hora de que dejemos de buscar entre los muertos al que vive. Es hora de que dejemos de deambular por el cementerio del pecado, la enfermedad y el fracaso, y empecemos a vivir ¡la vida de resurrección!
Como criatura resucitada, tu vida no está determinada por algún accidente que está por ocurrir. Tu vida no es una red de sucesos y circunstancias sin control. Dios tiene un plan específico para ti. Quizás la intención de Dios sea que tengas el ministerio de sanidad más grande de este siglo, que seas un gran predicador o quizás te dé una revelación, la cual será de bendición para todo el mundo. Pero nunca sabrás lo que Dios te tiene reservado hasta que centres tu atención en Él.
Por eso el diablo trabaja tanto para que te concentres en los problemas de la vida y no le prestes atención a la Palabra viva de Dios. Su objetivo es que no te des cuenta de que estás lleno de la vida de resurrección de Jesucristo. En realidad, esa posibilidad lo aterroriza.
¿Por qué? Porque una vez que entiendas que tienes la vida de Dios en tu interior, comenzarás a vivir como Cristo lo hizo. Impondrás las manos sobre los enfermos y sanarán, echarás fuera demonios, y predicarás el evangelio a toda criatura.
En resumen, serás lo que Dios te ha destinado ser. Tú serás el Cuerpo de Cristo en la Tierra. No dejes que Satanás te ate con la mortaja del pecado y los fracasos del pasado. Tú ya no estas muerto. Has sido resucitado con Jesucristo. ¡Sal de la tumba y comienza a vivir la vida de resurrección!
Lectura bíblica: Hechos 17:16-34
6 de Abril
Kenneth
No aceptes la tristeza
«Los redimidos del Señor volverán a Sión entre cantos de alegría. Sobre ellos reposará un gozo infinito; rebosarán de gozo y alegría, y el dolor y los gemidos huirán de ellos» Isaías 51:11
¿Sabías que como creyente la Sangre de Jesucristo te ha redimido de la maldición del dolor y la tristeza? Tú no debes aceptar esos sentimientos, de la misma manera que rechazas el pecado y la enfermedad.
Varios meses antes de que mi madre partiera a la patria celestial —hacia la presencia del Señor— en agosto de 1988, Dios comenzó a enseñarme acerca de este tema. Cada vez que Él me mostraba algo respecto al dolor, yo lo ponía en práctica (tu deberías hacer lo mismo cada vez que Dios te enseñe algo: comienza a ponerlo en práctica en ese momento, y cuando tengas que enfrentar una situación difícil, no tendrás problemas).
Ocho meses y medio antes de que mi madre dejara esta Tierra, empecé a prepararme contra el dolor y la tristeza. Decidí que no iba a entristecerme. De inmediato, el diablo comenzó a atacar mis emociones. Pero yo le contestaba: “No recibiré nada de eso. Tomo autoridad sobre estos sentimientos en el nombre de Jesús. He entregado mi cuerpo como sacrificio agradable al Señor, y no acepto nada que no sea Su gozo”. Luego, comenzaba a declarar la Palabra y a alabar en voz alta.
Pasé tres días difíciles resistiendo la tristeza, hasta que los espíritus de aflicción se fueron.
Lo que trato de decirte es lo siguiente: tendrás que luchar contra el dolor y la tristeza. No te pertenecen. No provienen de tu Padre celestial. Quizás tengas que pasearte por la habitación toda la noche. Pero en lugar de preocuparte y llorar, camina y declara la Palabra hasta que dejes de sentirte así y el gozo del Señor te llene.
Recuerda quién eres. Tú eres aquel sobre el cual reposará un gozo infinito, y el dolor y los gemidos huirán de ti. ¡Eres el redimido de Señor!
Lectura bíblica: Salmo 97
5 de Abril
Kenneth
Nos necesitamos los unos a los otros
«Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste» Juan 17:21
Como creyentes, ya es tiempo de que empecemos a vivir en la unidad por la cual oró Jesús en Juan 17:21. Es hora de que nos apoyemos tanto en los buenos tiempos como en los malos tiempos, y que nos demos cuenta de que nos necesitamos los unos a los otros.
Es indispensable. Necesito de tu fe tanto como tú necesitas de la mía. Juntos podemos enfrentar cualquier cosa, y tener la victoria en Jesús.
Déjame explicarte porqué. En Juan 3:34, Dios dice que a Jesús le fue entregado el Espíritu Santo sin medida. Él era más poderoso que todos los demonios del infierno y todos los espíritus malignos, incluyendo al mismo Satanás. Jesús pudo haberlos derrotado de una sola vez.
Ahora considera esto. Nosotros somos el Cuerpo de Cristo. A cada uno se le ha dado una medida de fe, según Romanos 12:1-3. Esa medida es suficiente para todas nuestras necesidades personales. Sin embargo, lo que está en juego va más allá que nuestras propias vidas.
¡Tenemos un mundo por conquistar! Somos la generación de los últimos tiempos. Necesitamos toda la ayuda disponible y necesaria. Pero, gracias a Dios, sí podemos conseguirla.
¿Cómo? Uniéndonos. Vemos en Efesios 4:13 que al unirnos en la fe, alcanzaremos “la estatura de la plenitud de Cristo”. En otras palabras, cuando el Cuerpo de Cristo se una y comience a funcionar como uno, tendremos acceso al Espíritu Santo sin medida, ¡al igual que Jesús!
Será entonces cuando los ministerios empezarán a funcionar en la plenitud de sus llamados. Comenzaremos a ver la plenitud de las manifestaciones del Espíritu Santo. Veremos a Jesús como nunca antes lo hemos visto.
Entonces el mundo sabrá que el Padre lo envió.
Alcanza esa unidad hoy. Ponte cada día a disposición de Dios para orar por otros. Comienza tu día diciendo: “Espíritu Santo, úsame para orar por alguien hoy. Te ofrezco mi medida de fe”.
Una vez que verdaderamente nos unamos, los demonios del infierno no podrán vencernos. ¡Marcharemos sobre ellos en la plenitud del poder de Jesús y ¡esta época terminará de forma gloriosa!
Lectura bíblica: Efesios 4:1-16
4 de Abril
Gloria
Se fiel
«Yo honro a los que me honran, y humillo a los que me desprecian» 1 Samuel 2:30
Dios honra a los que le honran. Él nunca olvidará las semillas de lealtad que siembres. Las multiplicará y te las devolverá en una cosecha de bendición. Malaquías 3:17 dice que tu formarás parte de Su tesoro especial por siempre.
Por siempre. Medita en eso por unos instantes. Al honrar a Dios con tu vida y con tus labios, ingresas en una esfera de bendición que te llevará literalmente toda una eternidad poder explorarla.
Una vez que comienzas a tener esa clase de perspectiva eterna de las cosas, entenderás que es una falta de madurez total el enojarse con Dios cuando las cosas temporales no resultan exactamente como las planeamos ni cuando las esperamos. Descubrirás que tu lealtad debe ser primero que nada hacia Dios, y que debes buscar primero Su reino, aun cuando las cosas parezcan estar saliendo mal. La Biblia dice que si lo haces, lo demás te será añadido.
Dios nunca olvida. Él jamás olvidará que en medio de la batalla, cuando otros se daban por vencidos y decían: “¡Este asunto de la fe no funciona!”, tú todavía le honrabas y seguías firme confiando en Sus promesas.
Por lo tanto, decide en tu corazón honrar a Dios y serle fiel en todo lo que digas. Decide de una vez por todas que nada en tu vida será más importante que honrar a Dios. Sigue honrándole y hablando palabras de fe.
Esto te traerá liberación en esta vida, y en la eternidad te sentirás bien satisfecho de haberlo hecho.
Lectura bíblica: Salmo 61
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