El gobierno de México anunció una gran victoria contra el crimen organizado: Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, murió durante un operativo para capturarlo el 22 de febrero de 2026.
La respuesta fue inmediata. El grupo criminal que encabezaba, el Cártel Jalisco Nueva Generación, desató una ola de violencia: negocios incendiados, vehículos quemados, calles bloqueadas. En varias ciudades, el caos y el miedo se apoderaron del ambiente.
Desde hace años, el gobierno mexicano —como otros en la región— ha apostado por la estrategia del “kingpin”: cortar la cabeza de las organizaciones criminales con la promesa de debilitarlas.
Pero una y otra vez vemos el mismo patrón. La caída del líder no apaga el fuego: lo aviva.
Las organizaciones se fragmentan, estallan las disputas internas y la violencia se multiplica.
Y, cada vez más, antes —o además— de ir por la cabeza, la estrategia apunta al círculo más cercano del capo: su familia.
Esta semana, tras la muerte de El Mencho, volvemos a una historia que se detiene justo ahí: en el intento de debilitar al Cártel Jalisco Nueva Generación persiguiendo a los familiares de su líder.
¿Está funcionando la estrategia antinarcóticos de México enfocada en la familia? | Escrito por por Deborah Bonello y leído por Elisa Roldán.
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