Cuando leemos textos bíblicos sobre el consumo de carnes inmundas, como en Levítico 11 y Deuteronomio 14, puede surgir confusión sobre si estas restricciones siguen siendo válidas hoy en día. ¿estamos interpretando correctamente el mensaje bíblico sobre la alimentación o lo estamos adaptando a nuestras propias preferencias? ¿Hemos reflexionado sobre cómo nuestras decisiones alimenticias afectan nuestro cuerpo y nuestra relación con Dios?