El odio y el deseo de venganza arden en la mente de muchos alemanes. El choque de convicciones políticas de derecha e izquierda convirtió a la República de Weimar en un polvorín. Muchos alemanes creen que los judíos, que son solo el uno por ciento de la población, son la causa de todo tipo de problemas: decadencia moral, comunismo, dificultades económicas.
En 1922, cuando el movimiento fascista tomó el poder en Italia con brutalidad e intriga política, un agitador político poco conocido llamado Adolf Hitler, que en realidad era un hombre roto y fracasado, tomó como modelo al líder fascista Benito Mussolini. El objetivo de Hitler: hacerse con el poder en Alemania.