Todas las noches cientos de hombres de la etnia indígena Wayúu de La
Guajira salen a pescar en pequeños barcos artesanales, arriesgando sus
vidas: Sin GPS, botiquín o chalecos salvavidas. En tierra los esperan las
mujeres.
Aura Ester Epinayú es una de ellas. Vive en el barrio Villa Fátima de
Riohacha y depende de la venta de pescado para subsistir. Pero en los
últimos años ha tenido que hacer frente a la escasez y decir una y otra vez
“no hay pescado”.