Los momentos robados a la vida, no dependen de uno
lo regalan los otros sentados en la acera, hablándote al oído,
y me agrada saberme rodeado de espinas y en el centro se aísle
un lugar para ti que te libre de insectos que comen las entrañas.
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La infancia es la muerte disfrazada de tiempo,
se evapora al instante que te comes los tronos
y las gotas pequeñas de libertad y dudas, de la sal de los vientos,
de la miel, de la luna, se combate en el mar maquillando las dunas
que esconden calaveras y esos sables tapados
por los huevos que ponen los cangrejos y ponen las tortugas.
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No puedo caminar sobre el fondo del mar
las zonas abisales son esas claridades escondidas por miedo
a los seres de arriba, las tinieblas son ese fondo encubierto
y oscuros con que se frena al hombre, no quiero que se toquen
pirámides, ni el trigo, ni se abran las puertas de nuestras claridades,
la censura maquilla la verdad, el rostro de rasgos de los rostros
y a flote se mantienen los hollines del alma.
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No logro recordar las palabras durmientes que viven en mi lengua,
ni a ti, ni aquellas esperanzas, ni mi volar en sueños,
ya no hablamos de nada ni se cuentan los cuentos que contaban los viejos
a la luz de la hoguera en los fríos inviernos,
.
¿sabes? Los momentos robados a la vida, no dependen de uno
lo regalan los otros sentados en la acera, hablándote al oído,
contándonos mentiras por los siglos y siglos hasta romper en llanto.
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Tengo miles de piedras lastrándome los ojos
cerrando baluartes, conviviendo agonías en una sinfonía
cantada por aquellos que fueron en silencio a encontrar
esa luz que vieron allá en el cielo donde son y serán
por los siglos de los siglos ausentes de las llaves que tiene la memoria.
Chema Muñoz©