Aurora era madre de dos varones y una niña, a quienes todos los días les leía la Biblia. De su madre aprendieron que, en momentos críticos, al leer la Biblia se obtiene la paz y la ayuda de Dios. Por eso, de niños llamaban a la Biblia el libro mágico de mamá. Sin embargo, ella les recordaba que no era magia sino el amor de Dios, transmitiéndoles así las enseñanzas que luego serian el fundamento para sus vidas.