Dejamos atrás las cuestas de Almedina, nos quitamos el polvo de La Mancha de las solapas, y giramos el volante hacia el este. Vamos a hacer unos 90 kilómetros gloriosos, adentrándonos en una de las zonas más sorprendentes y desconocidas de la península: la Sierra del Segura. Cruzamos a la provincia de Albacete y, tras unas cuantas curvas en las que el Supermirafiori casi nos pide la jubilación anticipada, nos asomamos a un abismo espectacular. Bienvenidos a Ayna.
Ayna tiene 582 habitantes y sus vecinos responden al orgulloso gentilicio de ayniegos. A este municipio se le conoce con el rimbombante pero acertado apodo de "La Suiza Manchega". El pueblo está literalmente colgado de la pared de un cañón profundísimo excavado por el río Mundo. Las casas están construidas en terrazas, unas encima de otras, y si a un vecino se le cae una maceta del balcón, le aterriza directamente en la sopa al vecino de tres calles más abajo.
Pero si Ayna es un lugar de culto en la cultura pop española es por un motivo ineludible: aquí se rodó gran parte de la película "Amanece, que no es poco" del maestro José Luis Cuerda. Pasear por Ayna es pasear por un plató al aire libre del surrealismo rural. Tienen hasta un sidecar plantado en un mirador en homenaje a la película. Es un pueblo donde no te extrañaría que los vecinos brotaran de los bancales como calabazas.
Históricamente, los ayniegos llevan aquí desde que el mundo es mundo. Literalmente. A pocos kilómetros del pueblo se encuentra la Cueva del Niño, donde hay pinturas rupestres del Paleolítico. Vamos, que hace 20.000 años ya había gente por aquí pintando cabras y ciervos en la pared mientras se quejaban de la humedad del cañón.
Su patrimonio natural es apabullante, destacando el Balcón de los Mayas y el Mirador del Diablo, donde te asomas y sientes que te llama el vacío. Sus fiestas mayores se celebran a principios de septiembre en honor a la Virgen de lo Alto. Y lo más espectacular son sus encierros, porque las reses corren por unas calles tan empinadas y estrechas que el toro no sabe si embestir o pedir un piolet.
En la mesa, Ayna ofrece comida de la sierra, contundente y honesta. Su plato estrella es el atascaburras. No os asustéis por el nombre: es un puré rústico hecho con patata cocida, bacalao desalado, ajo, nueces y huevo duro. Un manjar que, como su nombre indica, si comes mucho, te atasca hasta el alma, pero te da una energía que subes el cañón del río Mundo haciendo el pino. También bordan el cordero segureño a la brasa.