La “senadora de la esperanza”, que acuñó ese verdadero hallazgo sociocultural de que la corrupción es distributiva, incursiona ahora en el mundo de la educación copatrocinando un farragoso proyecto de ley de “emergencia educativa” que ocupa 36 páginas, 30 de ellas dedicadas a relatar cómo piensan meterle la mano en el bolsillo a la gente para generar fondos. La introducción del mamotreto sobrevuela el estado de la educación en el país y luego se sumerge en detalles sobre cuánto, cómo, a quiénes, sobre qué base, qué montos y proporciones tendrá el impuesto a ser creado para que los millonarios dejen caer algunas monedas.