La historia oficial recuerda a Benjamin Franklin como un ícono de la Ilustración, un científico brillante, un político influyente y un Padre Fundador de los Estados Unidos. Sin embargo, bajo la superficie de su legado de razón y progreso, se esconde una verdad que pocos han osado explorar: Franklin no solo buscó desentrañar los misterios de la electricidad, sino que también coqueteó con los límites entre la vida y la muerte. Antes de convertirse en una de las figuras más veneradas de la historia, Franklin dejó atrás un oscuro misterio en su juventud. En Boston, su abrupta huida a Filadelfia fue rodeada de especulaciones sobre un crimen jamás resuelto, un hombre que desapareció sin dejar rastro y una última carta que indicaba que Franklin podría haber tenido sangre en sus manos.