En el siglo XVI, nació en Tenerife un niño que cambiaría la historia: Pedro González, el hombre bestia de la nobleza europea. Su cuerpo estaba cubierto de un vello espeso, dándole el aspecto de una criatura salida de las leyendas más oscuras. Para su época, no era un simple niño… era un monstruo. Capturado y llevado a la corte de Francia, Pedro no fue tratado como un noble, sino como un experimento vivo. El rey Enrique II ordenó su educación, pero no por bondad: quería probar hasta dónde podía llegar la inteligencia de una criatura que parecía mitad hombre, mitad animal. Su matrimonio fue un cruel experimento genético. Pedro fue obligado a casarse con una mujer de la nobleza y a tener hijos, solo para que la corte estudiara si su "maldición" se heredaba. El resultado fue escalofriante: varios de sus hijos nacieron con su misma condición… y fueron entregados como "obsequios" a otras cortes europeas, vendidos como fenómenos vivos. Pero la pesadilla no terminó ahí. Cuando Pedro dejó de ser útil, la nobleza lo olvidó. Su nombre desapareció de los registros, sus hijos fueron separados, y su linaje se perdió en el misterio. ¿Qué pasó realmente con ellos? ¿Fueron eliminados o sobrevivieron en las sombras? Su historia dio origen al mito de los hombres lobo. Siglos después, su caso se mezcló con el folclore y las supersticiones. Los rumores sobre una raza de hombres mitad bestia crecieron… y los juicios por licantropía se multiplicaron.