La historia del primer emperador del mundo… y el primero en ser maldito por su propia ambición. Antes de Alejandro Magno, antes de Julio César, antes de Gengis Kan, hubo un hombre que cambió la historia para siempre. Sargón de Acad, un plebeyo sin linaje real, un niño abandonado a la corriente del río Éufrates, se convirtió en el primer gran conquistador de la humanidad. No heredó un reino, lo forjó con fuego, acero y una crueldad que aún resuena en las ruinas de Mesopotamia. Desde las polvorientas calles de Kish hasta los muros sagrados de Uruk, su ascenso fue un camino cubierto de cadáveres. Primero, traicionó al rey que lo acogió, Ur-Zababa, y lo asesinó sin piedad. Luego, desafió al poderoso Lugalzagesi, rey de Uruk, aplastando su ejército, arrasando su ciudad y encadenándolo como un esclavo, exhibiéndolo ante su pueblo derrotado. Las ciudades caían una por una, los reyes morían, los templos ardían...