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Lo importante era la tormenta, no la carta olvidada en
Rayos y truenos, como en un espectáculo audio-visual,
Aquel verano, junto a las aguas llegó la familia Palermo, Enrique Palermo específicamente, con sus maneras de zorro que parecían comerse las avellanas en la mirada de su amiga cada vez que lo veía. Fue casi un mes después que llegarán los Palermos que bajo el paraguas de Enrique y tomada de ese brazo que no soltó más apareció Martha. La sonrisa de sus ojos brillaba como nunca. Julio entendió entonces que la había perdido, y comenzó a odiarlos y a odiar la lluvia y los truenos. Y por odiar, odió también a Bernal y las caricias de su abuelo.
Suena el estallido de un trueno que lo manda a otro recuerdo, al estallido del parabrisas del Ford de los Palermos, a su mano soltando la resortera con que acababa de lanzar la piedra, al estrépito del auto estrellándose contra el árbol y luego, al interminable alarido de Refugio Palermo abrazando el cuerpo inerte de Enrique.
Ahora cierra la ventana, pero el ruido de los recuerdos
Fueron 10 largos años de cartas olvidadas en un buzón.
Encendió la luz del baño y el espejo le devolvió el
También pensó en Martha, en Enrique Palermo. Pensó en
Miró por última vez el reflejo de su rostro, apagó la
Texto e imagen: Oscar González
Música: Gonz
2024
By El Halcón NocturnoLo importante era la tormenta, no la carta olvidada en
Rayos y truenos, como en un espectáculo audio-visual,
Aquel verano, junto a las aguas llegó la familia Palermo, Enrique Palermo específicamente, con sus maneras de zorro que parecían comerse las avellanas en la mirada de su amiga cada vez que lo veía. Fue casi un mes después que llegarán los Palermos que bajo el paraguas de Enrique y tomada de ese brazo que no soltó más apareció Martha. La sonrisa de sus ojos brillaba como nunca. Julio entendió entonces que la había perdido, y comenzó a odiarlos y a odiar la lluvia y los truenos. Y por odiar, odió también a Bernal y las caricias de su abuelo.
Suena el estallido de un trueno que lo manda a otro recuerdo, al estallido del parabrisas del Ford de los Palermos, a su mano soltando la resortera con que acababa de lanzar la piedra, al estrépito del auto estrellándose contra el árbol y luego, al interminable alarido de Refugio Palermo abrazando el cuerpo inerte de Enrique.
Ahora cierra la ventana, pero el ruido de los recuerdos
Fueron 10 largos años de cartas olvidadas en un buzón.
Encendió la luz del baño y el espejo le devolvió el
También pensó en Martha, en Enrique Palermo. Pensó en
Miró por última vez el reflejo de su rostro, apagó la
Texto e imagen: Oscar González
Música: Gonz
2024