La misericordia es una virtud que conduce al ser humano, literalmente, a ponerse en los zapatos del otro. El que practica la misericordia da para cubrir las miserias del otro y lo hace desde el corazón, sin razonamientos. No hay cuentas por cobrar, no hay merecimiento de parte del beneficiado, no hay exigencias de parte del dador. El primer misericordioso es Dios quien nos recibe a todos como en la parábola del Hijo pródigo.