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Hace una década atrás, Pablo Sanz afirmaba en “El Mundo” que Bill Evans era un hombre huidizo y esquivo, por eso se refugió en el único sitio donde podía estar solo con sus propias tormentas: en los huecos de una melodía imposible. En la segunda mitad del siglo pasado cambió el rumbo del jazz, entregado en ese momento al fuego abrasador del bebop. Asimismo, y casi sin quererlo, le descubrió al género una nueva alineación revolucionaria, la del trío de piano, contrabajo y batería, que hoy es padre nuestro de cada día. Sin embargo, Evans también exploró otras formaciones para ampliar su paleta musical, las que serán parte de este programa.
By Nicolas PeñaHace una década atrás, Pablo Sanz afirmaba en “El Mundo” que Bill Evans era un hombre huidizo y esquivo, por eso se refugió en el único sitio donde podía estar solo con sus propias tormentas: en los huecos de una melodía imposible. En la segunda mitad del siglo pasado cambió el rumbo del jazz, entregado en ese momento al fuego abrasador del bebop. Asimismo, y casi sin quererlo, le descubrió al género una nueva alineación revolucionaria, la del trío de piano, contrabajo y batería, que hoy es padre nuestro de cada día. Sin embargo, Evans también exploró otras formaciones para ampliar su paleta musical, las que serán parte de este programa.