Para sentarse a meditar hace falta una extraordinaria humildad, es decir, un estar dispuesto a dejar los ideales y las ideas y a tocar la realidad. Meditar ayuda a no tomarse tan en serio a sí mismo y exige mucha paciencia, constancia y determinación. Tanta más paciencia, constancia y determinación se adquirirán cuanto más nos sentemos a meditar.