No fue muy apremiado en su aspecto físico, intelectual y social que para muchos era atractivo. Sin embargo, la vida le compensó con una gran sensibilidad, limpieza de corazón, inocencia, humildad, sinceridad afecto sincero a Dios como el P. Mallet lo percibió desde la primera vez que lo vio al recibirlo en su orden y ofreciéndole su apoyo.