La mirada de Dios no es como la de nosotros que se guía por las apariencias, prejuicios e intereses. Esta mirada de Jesús contrasta con la de algunos grupos religiosos de su tiempo como los fariseos, acérrimos defensores de la ley. Es importante para nuestra vida respetar los tiempos, las cosas, pero sin ser esclavos de ellas o vivir una relación de dependencia que impida la realización de nuestra más alta vocación. [Reflexión al Evangelio del martes II ordinario, Mc 2,23-28. Voz: Ady Peña].