Escucha lo que le pasó al rey Akab y lo que el poder de la humildad logra ante Dios aún cuando todo estaba ya determinado de su parte. Aquí se cumple lo que el salmo: "un corazón contrito y humillado tú no lo desprecias, Señor" (Salmo 51,17). Te esperamos el próximo jueves en nuestra siguiente reflexión de esta barra especial de Espiritualidad. Ayúdanos a llegar a más personas, comparte, quizá a alguien le haga mucho bien está reflexión.