Tomás ayuda a “regresar a la herida”, desde el tacto, desde la experiencia concreta, sobre todo, ¡desde la relación! La fe no es una maraña de sentimientos o una combinación de conceptos. La fe es la relación que nace también de la debilidad, de la duda, del fracaso de todas las certezas. Reconocer la fragilidad es una epifanía que toca las heridas del mundo.