¡Jesús no rechazó a ninguno! El banquete, dentro de la casa, no es el lugar de unos pocos, de los elegidos, no es el espacio de quienes tienen unas mismas características, una supuesta pureza. El extraño, el diferente, el extranjero, el pecador, son parte de la comunión de Jesús. Nadie queda fuera de la mesa, aun con la reacción de los fariseos, que se creían en el poder de separar los buenos de los malos.