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Somos más de sesenta estudiantes en uno de los auditorios de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la Ciudad Universitaria de la UNAM. Llegué hace más de media hora para alcanzar lugar hasta adelante y tener un buen puesto en el combate. La campal es impresionante. Todos contra todos. Mochilazos y librazos, vuelan las bolas de papel. Unos se pertrechan, otros se mueven al ataque. El bullicio es total.
De pronto pasa una chava gritando: ¡Ahí viene el profe!
Silencio absoluto. Nadie se mueve. Nos quedamos congelados. De a poquito se va oyendo un taconeo, pasos que se van haciendo más intensos. Aparece su figura delgada. Se hacen a un lado. Recogen sus tiliches y sus piernas. Él los mira de frente, en silencio, camina muy pausado, como si fuera disfrutando del silencio. Liviano. Impecable. Traje. Corbata. Gazné y pañuelo junto a la solapa. Impecabilísimo. Impregna su paso con el olor de su loción. En la mano un bastón con el que solo va jugando. Zapatos bicolores, blanco y negro, con borlas que alegremente van brincando de un lado a otro. No conozco a nadie más elegante que él.
By Jerry JSomos más de sesenta estudiantes en uno de los auditorios de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la Ciudad Universitaria de la UNAM. Llegué hace más de media hora para alcanzar lugar hasta adelante y tener un buen puesto en el combate. La campal es impresionante. Todos contra todos. Mochilazos y librazos, vuelan las bolas de papel. Unos se pertrechan, otros se mueven al ataque. El bullicio es total.
De pronto pasa una chava gritando: ¡Ahí viene el profe!
Silencio absoluto. Nadie se mueve. Nos quedamos congelados. De a poquito se va oyendo un taconeo, pasos que se van haciendo más intensos. Aparece su figura delgada. Se hacen a un lado. Recogen sus tiliches y sus piernas. Él los mira de frente, en silencio, camina muy pausado, como si fuera disfrutando del silencio. Liviano. Impecable. Traje. Corbata. Gazné y pañuelo junto a la solapa. Impecabilísimo. Impregna su paso con el olor de su loción. En la mano un bastón con el que solo va jugando. Zapatos bicolores, blanco y negro, con borlas que alegremente van brincando de un lado a otro. No conozco a nadie más elegante que él.

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