Estaba a la vista de todos, pera para variar nadie lo veía ni decía nada, como tantas cosas que suceden en La Piedad. El motivo de esta columna de opinión no es juzgar a quien hizo el empeño, sino cuestionar la falta de visión y alcance de las autoridades con respecto a los apoyos que otorga con nuestros impuestos y la nula ética de las casas de empeño así como la falta de regulación existente en materia de pignoración.
En efecto, inició el año, el cual deseamos que sea saludable, próspero y abundante en bienes para todos. Pero también la famosa “cuesta de enero” esa que pega a la parte más sensible del ser humano. El bolsillo. Todos en algún momento hemos tenido que viajar “al monte”, al Monte de Piedad o casa de empeño, para con un bien, remediar un mal o una deuda.