Es irrefutable que un sistema financiero funciona en base a la confianza. Quienes operan con un banco o una financiera entregan a sus administradores una cantidad importante de información personal, empresaria y de vínculos de diverso tipo. Confían en que se hará buen uso de ese paquete de datos, muchos de los cuales se manejan dentro de lo que la ley establece como secreto bancario.