La fábrica de una juventud televisada que, por primera vez, habló el idioma de los jóvenes mexicanos y también cargó con las sombras de una maquinaria industrial que terminó por devorar la inocencia que fabricaba. El grito, que sobrepasó los límites de la serie para instalarse en la imaginación de todo un país y que lo une, incluso si no se hizo parte de ese origen.